El dirigente y analista político señala que a “Maduro le conviene, por supuesto, obtener un triunfo con una mayor participación, pero tampoco eso que le quita el sueño. Su objetivo principal es desaparecer la actual AN y su liderazgo”

José Luis Farías viene del mundo de la izquierda y conoce los vericuetos del chavismo. Hoy está parado en otra latitud, desde donde llama la atención de las acciones del “régimen” y de los errores que comete la oposición.

En la última parte del camino que nos llevará a los comicios del 6 de diciembre, consultamos su lectura del escenario político.

Sobre la afirmación de Maduro en la que señala que, si pierde se va, dijo Farías: “Si por cosas del azar Maduro perdiera, esa afirmación sería más peligrosa para él en el mundo del chavismo que en el de la oposición”.

-¿Cuál es la relación entre participación, percepción de la gente y legitimidad política?

-Un sistema envuelto en el fracaso difícilmente podrá alcanzar la legitimidad de los ciudadanos. En los tiempos modernos, una nación que vivió cuarenta años de democracia, pese a sus imperfecciones, la insatisfacción general lo impide, cuando además, el deseo de cambio es mayoritario en la población. No obstante, la compleja situación del próximo proceso electoral parlamentario con una parte de la oposición participando y otra en franca abstención le da un rasgo contradictorio al mismo, que debilita el repudio al régimen. En otras palabras, si el producto que surja de la elección del 6 de diciembre no refleja el anhelo de las mayorías no debería tener el afecto suficiente de los venezolanos. Pero la fractura existente en el país opositor al régimen sobre participar o no en esas elecciones le otorga a las mismas un rasgo muy particular en el cual, más allá del repudio general al régimen, quienes participen en su mayoría admitirán lo que surja de ese proceso electoral. Dado que no existe un mínimo legal de participación el problema de la legitimidad política, sin duda, se trasladará con más fuerza a la esfera de la percepción de la gente. Desde el mismo día de las elecciones habrá percepciones distintas de lo que ocurra. Y sobre ellas entrarán a actuar los diversos factores presentes en la vida política nacional e internacional para incidir en la conformación de una visión mayoritaria que valide o invalide el proceso según los intereses en pugna. Porque, como sabemos, existen siempre muchas verdades surgidas de la impresión que se tenga de lo sucedido, pero estas impresiones están sujetas a manipulaciones. El reconocimiento de los resultados oficiales que se anuncien estará sujeto al juego político que se desarrolle en torno al mismo, por lo que difícilmente se producirá una impresión compartida por los factores en disputa. De hecho, ya buena parte del liderazgo opositor, con el apoyo internacional de sesenta países, ha anunciado que no reconoce el proceso electoral del 6 de diciembre. La aceptación de los mismos vendrá por la por la vía de la imposición. A menos que nos sorprenda una avalancha de participación electoral que nadie espera.

-Menos participantes más posibilidad de triunfo oficialista, pero menos peso político de las elecciones ¿Cuál es la lectura de ese escenario?

-Estamos en un abismo. No hay un destino claro hacia el cual dirigirnos. Ni quienes controlan el poder efectivo, ni quienes nos oponemos. Es un país a la deriva en claro peligro de disolución con una quinta parte de su población fuera del territorio, una buena parte sufriendo los horrores de la xenofobia. En una terrible diáspora que va a aumentar cuando se relajen los efectos de la pandemia sobre la economía mundial. La merma de los referentes de la nacionalidad la ponen en peligro. En ese cuadro un régimen criminal cuyo respaldo, según sea la encuesta, oscila entre el 12% y el 15% necesita, además de la trampa y el abuso, de una abstención abrumadora para ganar. Eso le podrá servir para estirar en algo su permanencia en el poder pero no para construir estabilidad. La normalidad con la que sueñan no se avizora en el horizonte. Maduro como, paradójica y lamentablemente, la propia oposición han hecho todo lo posible para favorecer la abstención. El primero arremetiendo represivamente y la segunda fracturándose hasta más no poder sin rumbo estratégico y con el liderazgo político en caída libre. Por supuesto, un proceso con estas características tendrá como resultado una profundización de la crisis.

-¿La gente le da relevancia a la participación electoral en medio de la pandemia y la crisis económica?

-Vivimos en un país entristecido, desesperanzado. Cubierto por una extensa mancha de hambre que lo abate. Humillado por la opulencia de quienes lo han destruido. La gente está preocupada por subsistir, su principal y casi única angustia es llevar algo a la mesa. El interés por la participación electoral no parece haber despertado todo lo necesario. Hay algunos opositores que han realizado un esfuerzo encomiable, aunque no sé si suficiente por atraer el voto, ojalá y la suerte los acompañe. Pero hay otros que dan pena ajena.

-¿Realmente le preocupa al oficialismo la participación?

-Asegurada la abstención y la división de la oposición, la preocupación del régimen es alcanzar un nivel de participación electoral aceptable que le permita crear una sensación de legitimidad de su posible triunfo. Porque necesita acentuar un ambiente general de desmoralización que le permita acabar con la actual Asamblea Nacional y su liderazgo. Si en términos reales la participación electoral logra superar el 40% estamos hablando de una proporción nada despreciable que no podrán ignorar quienes promueven la abstención.

-¿Le causaría mayores problemas al Gobierno una participación de alrededor de 30% como la proyecta las cifras de las encuestadoras?

-Como hemos dicho, el problema es la percepción de la gente. Una participación de 30 % le daría al régimen una mayoría aplastante, pero seguiría teniendo los mismos problemas. Ahora una participación que supere el 40 % o más le pondrá difícil el triunfo, aunque le daría mayor legitimidad al proceso electoral. Pero todo eso está por verse, las encuestadoras hace rato que no aciertan una. Es difícil predecir los resultados. La impresión que tengo es que hay mayor disposición al voto en los sectores populares que en la clase media que sigue perpleja y abatida. La gente de los barrios manifiesta un gigantesco rechazo al régimen, si eso expresa en votos puede haber sorpresas. Pero amanecerá y veremos.

Farías se detiene en su análisis y llama de atención al señalar que “la lectura del impacto de las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre hay que hacerla en un marco más amplio que solo el de sus resultados. Debemos estar atentos a otros eventos políticos de importancia. Hablo de los resultados de la llamada Consulta Popular convocada por una frágil Asamblea Nacional entre el 7 y el 12 de diciembre, de la instalación de la nueva AN el 5 de enero de 2021, de la instalación de Joe Biden en la presidencia de los EEUU el 20 de enero de 2021 para acabar con los delirios del radicalismo venezolano de una invasión militar que nos libere del comunismo. A Maduro y su régimen le conviene, por supuesto, obtener un triunfo con una mayor participación, pero tampoco eso que le quite el sueño. Su objetivo principal es desaparecer la actual AN y su liderazgo, una mayor participación electoral es un plus que le agradaría. Y lamentablemente, ellos mismos, la oposición que dirige la AN se la ha puesto fácil al régimen llamando a la abstención”.

-Maduro dijo que se iba si perdía.

Esa afirmación es un cóctel cinismo, falsedad y nerviosismo. Maduro sabe que aún ganando sus días están contados. Si por cosas del azar Maduro perdiera, esa afirmación sería más peligrosa para él en el mundo del chavismo que en el de la oposición.