“Nosotros estimamos que necesitaríamos alrededor de unos 300 millones de dólares anuales, durante cuatro o cinco años, para poder rehabilitar lo que teníamos”, explica el director de Monitor Ciudad. El agua de Caracas “es la más cara del planeta”, afirma

Todas las estrategias para conseguir agua las reporta Monitor Ciudad. La organización dirigida por el activista social y exconcejal Jesús Armas ha documentado las dificultades y los apremios de la población caraqueña para tener acceso a un servicio que, en otros países, es fundamental.

“Nosotros hemos visto durante años cómo Hidrocapital ha intentado mentirle a la gente y decirle que la falta de agua tiene que ver con un problema de la naturaleza”, como la sequía, explica Armas. “La verdad es que no es así”, expone en entrevista con el programa Con tres puntos transmitido por la cuenta en Instagram de contrapunto.com.

Esgrime tres razones que, a su juicio, han afectado el desempeño de las hidrológicas. “La primera, que se han desprofesionalizado las hidrológicas de todo el país, porque han puesto en los cargos de dirección a personas que vienen del mundo militar o del mundo político, y no a ingenieros o personas formadas en el área de la gerencia pública”.

La segunda es “la galopante corrupción. Aquí se ha invertido dos meses el monto estimado para construir el Tuy IV y no existe un metro del Tuy IV al día de hoy”, agrega.

-¿Cuánto se ha ido en corrupción?

-Lo suficiente como para reconstruir todos los acueductos y todas las hidrológicas del país completas.

La tercera es “la falta de mantenimiento”, señala. “Aquí tenemos una infraestructura muy robusta, de muchísima calidad, que se construyó durante 40 años en Venezuela, y lo cierto es que, al no hacerle mantenimiento, ha perdido su posibilidad de traer agua al área metropolitana de Caracas, que es algo muy complejo” porque implica “muchísima energía; nada más el Acueducto Metropolitano consume el equivalente de energía a lo que consume toda la ciudad de Barquisimeto”.

-¿También están incidiendo las fallas en el servicio eléctrico?

-Totalmente. Y ahí vamos con lo que me preguntabas. Nosotros estimamos que necesitaríamos alrededor de unos 300 millones de dólares anuales, durante cuatro o cinco años, para poder rehabilitar lo que teníamos, sin meterle un litro más de agua a los acueductos. Es volver a que el Acueducto Metropolitano llegue nuevamente a los 20 mil litros por segundo que tenía en 1999.

-Son 1.200 millones de dólares.

-Por supuesto que tiene que ver con el tema eléctrico. Nosotros vemos que cada vez que hay una falla de energía en el área metropolitana de Caracas, sobre todo en Valles del Tuy -donde están los grandes sistemas de bombeo- se deben parar las bombas, y al parar las bombas interrumpes el ciclo. Ya la poca agua que va quedando la tienes que redistribuir cuando puedas poner de nuevo operativo el sistema. Además, en mayo del año pasado vimos una falla muy grave que sucedió en uno de los sistemas de control que mantuvo inoperativo durante días al sistema Tuy II, y esto generó uno de los mayores momentos de escasez en la ciudad en su historia. Ni hablar de lo que pasó en 2019, que hizo que el sistema eléctrico fuese mucho más inestable sino que se perdiese mucha de la capacidad del Acueducto Metropolitano para llevar agua a nuestros hogares.

-¿De dónde sacan el agua los caraqueños?

-Es algo muy duro. Hemos visto dos metodologías. La primera tiene que ver con la compra del agua de manera privada: en La Vega comprando botellones de agua en un dólar cuando ese es el sueldo mínimo mensual. En las cisternas hemos visto dos tipos: compran la cisterna completa las personas que más tienen, sobre todo en municipios como El Hatillo y sectores como La Lagunita que han llegado a pagar hasta 200 dólares por una cisterna de 10 mil litros. El agua de Caracas es la más cara del planeta; mucho más cara que en Odessa, que tiene ese récord. También hemos visto que ciudadanos de sectores populares se organizan en cinco, seis o siete familias y compran 2 mil litros de una cisterna de 10 mil. Esto no alcanza para nada; lo compran en 20 dólares y ponen los 20 dólares entre todas las familias. Esto es muy costoso y no rinde; son uno o dos días de agua. Lo otro que hemos visto son las personas más pudientes del área metropolitana, que han podido crear pozos de agua profunda pero esto es una gota de agua en el mar.

-Esto profundiza la desigualdad.

-Totalmente. Y luego hemos visto cómo la gente acarrea agua, y acarrea de dos tipos de fuentes. Las personas que viven en la parte más arriba de los sectores populares y tienen que bajar y caminar 30 o 40 minutos hasta donde están los vecinos, llenar algunos tobos y volver a subir, y tienen que repetir eso a lo largo del día porque el agua no llega con suficiente presión. O tienen que ir a fuentes alternativas, que su calidad no es verificada. Hemos visto en lugares como Antímano, en el sector al que le dicen La Bomba, o en Los Mangos de La Vega, donde la gente tiene que ir a unas quebradas, sacar un agua que claramente viene con desechos y en la que la gente se baña, y esa agua la utilizan para cocinar, para tomar y para lavar la ropa. Esto es algo dramático.

La gente, en su desesperación, “busca agua donde sea: en el Ávila, en los túneles de La Planicie, en todos estos lugares; y hay muchísimas fuentes alternativas de dudosa calidad, o sin poder garantizar su calidad, que hoy pueden ser la fuente de muchísimas enfermedades”, detalla.

Jesús Armas asegura que “el servicio peor valorado del país es el servicio de agua; solamente en el occidente del país le compite la electricidad”. En Falcón, uno de los estados más secos del país, el servicio está peor que en Caracas. En Bolívar “la gente no confía en la calidad del agua”.

-¿Cuánto gasta una familia en Caracas para tener agua?

-En promedio están gastando alrededor de cinco dólares a la semana. Serían 20 dólares al mes, y esto pudiese ser mucho más que una tarifa para poder tener agua de manera continua y con calidad a través de los acueductos.

-Si se retoma una gestión profesional, ¿habría alguna mejoría?

-Claro que sí. Si nosotros colocásemos a la cabeza de las hidrológicas a profesionales formados, gente como José María De Viana y Norberto Bausson, que tienen la experiencia y saben cómo rehabilitar estos acueductos, pudiese cambiar en poco tiempo. Pero la verdad es que no hay voluntad política. Ahí colocaron a Yolanda Pérez, que en teoría es una ingeniera competente, pero la verdad es que no ha podido realizar un cambio porque no hay la voluntad. El año pasado el ministro de Relaciones Interiores dijo que iba a resolver el problema del agua invirtiendo 300 millones de dólares en la compra de unas cisternas.

-¿Qué pasó con las súper cisternas?

-Supuestamente iban a llegar mil, pero llegaron entre 200 y 300; no sabemos dónde están las demás. Eso no es una solución. Con ese dinero hubiésemos rehabilitado los acueductos; al menos tendríamos 50 litros por persona al día. Y luego nadie las ha visto más. Estamos viendo las de 10 mil litros, pero esas de 20 mil litros que trajeron no existen; al menos, no en Caracas.

-Pero 300 millones de dólares al año es una cifra pequeña. Es posible conseguir el financiamiento para hacer esas inversiones. ¿Qué lo detiene?

-La voluntad política. Hay varias cosas. Lo lógico, lo que pasa en un país serio, es que vayas a la CAF, al BID y puedas pedir un préstamo para rehabilitar los acueductos o hacer nuevas obras. Lo cierto es: ¿Quién le presta a un deudor como Nicolás Maduro? No hay confianza en el Estado, no hay confianza en Venezuela, y hasta que no haya un cambio político no vamos a poder acceder a ese financiamiento. Me dirás: “Pudimos haber agarrado el dinero de las cisternas”. Es que no lo hay; les conviene más meterse en estos pasadizos de corrupción, como comprar cisternas que no llegan, en lugar de meter el dinero y buscar las personas capacitadas para arreglar lo sistemas de bombeo, hacer mantenimiento a las grandes aducciones o generar sistemas de cobro y facturación que puedan garantizar la sostenibilidad de las empresas del país.

-¿Un ajuste tarifario en este momento resolvería algo?

-Sí. Hemos venido midiendo la opinión de la gente en cuanto al ajuste de tarifas, y la gente está muy de acuerdo con que los servicios públicos se cobren, porque se han dado cuenta de que si no cobras no puedes garantizar el servicio. La gente está dispuesta a pagar por un servicio que le llegue, nadie va a pagar por un servicio que no le llega. Por eso necesitamos conseguir algún tipo de financiamiento inicial para darles una señal a los caraqueños, y a todos los venezolanos, de que el agua les puede llegar y así empezar el ajuste.

El pago por el servicio varía de la zona, aclara Armas. “Es distinto traer el agua a Caracas que llevarla a otros lugares del país, donde puede llegar por gravedad y no necesitan estos monstruos de sistemas de bombeo que necesitamos en Caracas”. Hay que incluir, de cualquier manera, la mejora salarial de los trabajadores, porque “ningún empleado va a trabajar por un sueldo de un dólar de manera eficiente; eso es algo que tenemos que contemplar” en un ajuste de tarifas.

Al ser consultado sobre un acuerdo político entre Maduro y Guaidó parra resolver la escasez de agua, responde: “Por supuesto. El agua es un derecho humano. No es algo con lo que nosotros podamos estar jugando y pensando que porque alguien tenga el poder no le vamos a dar agua; eso no tiene ningún sentido. Sería la mayor de las miserias humanas. Sin embargo, yo no veo ningún tipo de voluntad por parte de Nicolás Maduro porque, para empezar, necesita colocar allí a gente que tenga conocimiento, porque ningún multilateral va a poner dinero si no confía en que eso se va a administrar bien, y además, que las personas tengan el talento”.

Hay “una voluntad de nuestra parte”, insiste, pero “quien tiene el control de las hidrológicas es quien tiene la mayor responsabilidad,aseveró finalmente.