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martes, 06 diciembre, 2022

Héctor Briceño: Las elecciones primarias no resuelven ni liman las asperezas que hay en la oposición

Texto: Vanessa Davies

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La profundidad de la crisis no solo ha deteriorado la calidad de vida de todos los venezolanos, sino también la capacidad operativa del gobierno y del PSUV, afirma el sociólogo e investigador del Cendes. A su juicio la confianza entre la oposición se construye paso a paso y haciendo pequeñas concesiones

La política venezolana se sufre, a lo mejor se goza y seguro se analiza. Héctor Briceño puede hacer las tres cosas. El sociólogo e investigador del Centro de Estudios del Desarrollo de la UCV piensa que las elecciones del 21 de noviembre, y su continuación el 9 de enero en Barinas «sin duda mandan señales importantes a los partidos políticos venezolanos, de oposición y del gobierno». Parecen «una primera señal de que cosas nuevas están sucediendo», como lo explicó a contrapunto.com en entrevista publicada a propósito de la publicación de un artículo en la revista Democratización, editada por el Instituto de Estudios Políticos y Sociales FORMA.

-¿Cuáles son las cosas nuevas?

-Lo más importante es que no hay en este momento un partido hegemónico, que centralice la voluntad de los electores de manera hegemónica. El PSUV sigue siendo un partido muy importante, que tiene un apoyo muy importante, pero dejó de ser la maquinaria que fue hace unos años. En la oposición quedó claro, de manera muy evidente e irrefutable, que es una oposición fragmentada, que los partidos del G4 ya no ejercen la fuerza hegemónica que ejercían hasta hace unos años. Es muy importante ver cómo se distribuyó la votación, cómo se distribuyeron los apoyos a lo largo del mapa territorial municipal y regional. Por primera vez en los últimos 20 años es muy claro que la oposición, que solía tener un apoyo mayoritario en las grandes ciudades del país, no lo tuvo en esta oportunidad. Incluso, fue muy reñido con el gobierno. Pero el gobierno, que solía tener un apoyo muy abrumador en las regiones, en los municipios más pequeños poblacionalmente hablando, perdió ese apoyo mayoritario que tenía, y la oposición logró hacerse con una cantidad muy importante de alcaldías. Eso reconfigura los apoyos políticos dentro del país, y son indicadores de que algo muy importante está sucediendo.

-¿Qué pasa en las capitales? ¿Hay molestia con el oficialismo y con la oposición?

-Creo que hay dos elementos, dos explicaciones. En las capitales el discurso de la desesperanza en el voto como elemento de cambio ha calado más en esos sectores clase media que desconfían del CNE, que desconfían de las elecciones como mecanismo de cambio. Hay otro elemento: tradicionalmente los municipios más pequeños y más rurales dependen más de los poderes públicos regionales y municipales. En la mayoría de los municipios pequeños del país las alcaldías y las gobernaciones son los principales empleadores. Un buen alcalde o un mal alcalde puede significar cambios importantes en la calidad de vida de la población. Mientras en las grandes ciudades eso no sucede; en las grandes ciudades un buen alcalde puede tener un impacto, pero no es el único, porque hay muchos poderes de distinto tipo que inciden en la calidad de vida. Por esta razón para los sectores más rurales, para los municipios más pequeños estas elecciones son mucho más decisivas y salen a votar. El elemento es ese: la participación electoral en las regionales del 21 de noviembre fue muchísimo menor en las grandes capitales que en las zonas rurales, y eso incidió en la votación opositora.

-Usted dice que el gobierno perdió peso en las zonas rurales, a pesar del peso del Estado como patrono. ¿Qué ocurrió?

-No solo como patrono y empleador, sino el peso que ejercía allí toda la maquinaria del partido-gobierno, que ejerce todas las amenazas que se hacen desde los distintos poderes. Amenazas como la pérdida de beneficios o de acceso a políticas públicas y programas sociales de alimentación y de distinto tipo. Creo que esto nos manda una señal muy clara: la profundidad de la crisis no solo ha deteriorado la calidad de vida de todos los venezolanos, sino también la capacidad operativa del gobierno y del partido de gobierno. Eso permite un rango de libertades, a los electores de esas zonas, que pueden votar a conciencia, más libremente y rebelarse contra el gobierno para mandarle una crítica y decirle «no nos gusta cómo se está manejando la forma en que se gobierna».

-¿El PSUV está sintiendo el peso de la crisis?

-No es creíble su capacidad coercitiva. Ha perdido la credibilidad de su capacidad coercitiva, pero también, la capacidad de generar bienestar. Eso lo vemos desde hace mucho tiempo en las encuestas. La amplitud entre la distribución de bolsas CLAP, el acceso a los beneficios en general se ha ido dilatando de una manera tal, que ya no son soluciones. El gobierno no tiene cómo darles respuesta a muchas demandas de la población, porque el gobierno también ha perdido capacidades en el marco del deterioro del país.

-Dice que no hay partido hegemónico en la oposición. ¿Eso nos coloca en cuál escenario para 2022, 2023, 2024?

-Poniendo como escenario 2024, porque constitucionalmente es la elección que existe, hay buenas y malas noticias. Pocas veces tenemos este espacio de dos años sin elecciones, y eso da una oportunidad básicamente para construir y reconstruir las alianzas opositoras. Eso es lo primero. Lo segundo es que, frente a eventos electorales, la capacidad opositora sin unidad no tiene probabilidades; sobre todo, frente a eventos electorales nacionales. Sin unidad no tiene capacidad de convertirse en una alianza ganadora o competitiva. Creo que eso es clave. Pero lo segundo, y lo vemos en las regionales, es que hay circuitos donde ya se construyeron esas alianzas entre bloques opositores que hoy día no hablan, no se relacionan. En muchos municipios hubo alianzas entre candidatos del G4, de la MUD, de la Alianza Democrática, de Fuerza Vecinal y otras fuerzas. Personalmente no creo que eso haya sucedido sin el permiso de las cúpulas partidistas en Caracas; tiendo a pensar que eso fue deliberado. Cosa muy buena, porque nos dice «hay una receta a escala local de cómo construir una alianza más grande, de cómo reconstruir la alianza opositora». Creo que hay que utilizar esa receta, que se vio muy claramente en Barinas: más allá de las cúpulas, más allá del liderazgo más visible hay otros liderazgos más naturales, que conocen qué cosas suceden y que están cerca de la gente, que nos pueden dar pistas de cómo reconstruir la alianza opositora. Creo que eso, de cara a 2024, es la primera señal: Hay cómo reconstruir la alianza opositora, y sin alianza opositora es muy poco probable que la oposición sea una oposición competitiva.

-¿Lo que se hizo en Barinas se puede conseguir a escala nacional?

-Hay mucha desconfianza entre los distintos sectores opositores. Además, debemos reconocer que hay razones como para que esa desconfianza exista. Ha habido partidos secuestrados, se impusieron nuevas directivas porque se intervinieron desde afuera. Hay buenas razones para decir que líderes dentro de la MUD decidieron romper y hacer su estrategia independiente. Hay razones para la desconfianza, pero también hay buenas razones para confiar. A la oposición le queda buscar las razones buenas para reconstruir la confianza, y las regionales dejaron buenas prácticas que pueden ilustrar cuál es el camino. El gobierno va a tratar de estimular las divisiones internas, y para eso hay que prepararse, hay que construir espacios de generación de confianza y de acuerdos, cumplir pequeños acuerdos que permitan, poco a poco, reconstruir la confianza para lograr una unidad competitiva. La confianza se construye paso a paso, dando pequeños pasitos, haciendo pequeñas concesiones a aquellos que creemos que no pueden ser nuestros aliados en este momento o a aquellos que creemos que pueden haber jugado contra nuestros intereses o contra la democracia. Hay que dar pequeños pasos para reconstruir la confianza. La confianza no se reconstruye de un día para otro, sino poco a poco.

-¿Usted descarta cualquier otro evento en 2022 o 2023? ¿Ni siquiera producto de una negociación? ¿No lo ve en el escenario?

-¿Por qué habría una concesión de ese tipo? No veo cuál es la fuerza que pueden tener los sectores opositores fragmentados para imponer un evento electoral en estos dos años. No veo cómo pueda imponer una voluntad para hacer un evento electoral. No lo quiero descartar, pero fijarnos un plazo hasta 2024 es una gran oportunidad para reconstruir las relaciones internas. Por eso digo no, de momento no lo veo.

-¿Sería 2022, 2023 y 2024 para que los partidos se reorganicen? ¿Para que se reconfiguren las alianzas?

-Así es. Y para que se trabaje por condiciones electorales más justas y más competitivas. Es otra oportunidad bien importante: hacer propuestas que fortalezcan la institucionalidad electoral para que, llegado ese momento, podamos estar frente a una elección más competitiva. En estas elecciones regionales hubo avances importantes, como la reconstrucción del CNE que cuenta ahora con dos rectores independientes que están trabajando por los derechos políticos de los electores y de los partidos; el retorno de la observación electoral internacional, un elemento que generó confianza en algunos sectores. Pero aún así hay que hacer otros avances importantes: el Registro Electoral, pensar cómo incorporar a los venezolanos que están en el exterior y migraron huyendo de una crisis interna. Hay muchos temas por discutir, y estos dos años nos dan un lapso para discutirlos y hacer propuestas.

-¿Quién convoca a esos factores? ¿Deben empezar las bases en las regiones?

-Creo que el liderazgo responsable se trata de eso. Ser líder implica necesariamente asumir responsabilidades. A veces, responsabilidades que nadie quiere asumir, como la reconstrucción de la confianza. Que las relaciones se reconstruyan desde las bases no quiere decir que quien convoque a reconstruirlas sean las cúpulas. Creo que los principales responsables de esto son los líderes que tienen control sobre sus partidos, o que por lo menos los conocen lo suficiente y que tienen que ser conscientes del escenario político en el que estamos. Responsables son ellos, principalmente, aunque no exclusivamente. Desde la sociedad civil se está pidiendo, hay llamados desde la sociedad civil a la renovación del liderazgo político a través de elecciones primarias. Creo que eso es importante; es una presión que se está haciendo desde fuera a los partidos, que también es importante. Creo que hay cierta conciencia, dentro del liderazgo político, y en las bases quedó demostrado que están dispuestos a hacerlo. Insisto: la cúpula es muy responsable, pero creo que es también responsabilidad de la sociedad.

-Se están iniciando procesos de renovación dentro de los partidos. ¿Es necesario?

-Responde a una demanda social. Las organizaciones sociales lo están pidiendo. Este proceso electoral, de alguna manera, lo ha puesto sobre el tapete. Creo que ha habido una renovación impuesta. Hoy día todos los partidos políticos tienen buena parte de sus principales líderes exiliados, y eso de facto ha impuesto que hayan tenido que abandonar ciertos roles. Por otro lado es difícil pedir una renovación del liderazgo político total en un contexto de tanta desconfianza, y además, de amenaza de control o de la intervención del gobierno.

-¿Cómo conciliar la demanda de los militantes o la sociedad y el temor real a la intervención?

-Hay varios elementos. El primero: las bases de los partidos conocen a su liderazgo. Hay un elemento central: una renovación de líderes, mucho más si es a través de elecciones internas. Debe tener un arco normativo muy claro que impida el ventajismo por el cual se pueden colar actores que vienen con otras intenciones. Ese marco normativo implica el uso de medios de comunicación, el uso de recursos económicos en campañas internas. Un elemento que contribuiría muchísimo a hacer esa renovación del liderazgo es establecer normas muy claras de cómo sucedería ese evento.

-Se especula sobre las primarias de la oposición. ¿Qué piensa de primarias este año? ¿Qué piensa de una segunda vuelta?

-Lo primero que diría es que unas elecciones primarias no resuelven ni liman las asperezas; incluso, pueden generar mayor roce. No hay nada más peligroso, en un contexto como el que vivimos, que aquellos que pierden una elección interna por algo que consideren ventajismo, manipulación, uso de recursos externos. Lo primero es limar las asperezas internas, poner normas claras, esperar que un proceso electoral esté más cercano. No tres meses ni un mes antes de las elecciones, pero sí cuando esté más claro que hay un proceso electoral y cuál proceso electoral para ir a primarias y seleccionar candidatos a los distintos cargos de elección popular.

-¿Primarias este año no, entonces?

-No antes de limar asperezas, construir una normativa clara. Unas elecciones primarias tienen que enmarcarse en un plan estratégico. Las primarias no son la estrategia. Las primarias forman parte de un plan estratégico en el cual una fase central es la selección de los candidatos.

-Se ha planteado la segunda vuelta. ¿Tendría sentido?

-La segunda vuelta da unas oportunidades interesantes, tiene unas virtudes importantes. Permiten participar a una gran cantidad de actores: a todos aquellos que tengan una voluntad de poder, de competir. Y pone a los electores la oportunidad de decidir quiénes deben ser la cúspide, la punta de lanza de ese proceso. Ahora, unas elecciones demasiado fragmentadas, en las que participan 20 líderes para un mismo cargo, son también peligrosas. No es un secreto que en distintas partes del mundo los líderes más polémicos logran colarse gracias al sistema de dos vueltas. A veces el lenguaje populista, el lenguaje extremista sirve para movilizar a unos sectores muy extremistas, que se movilizan y que les quitan oportunidades a otros que tendrían mayor receptividad en el amplio espectro electoral.

-¿Es un arma de doble filo?

-Nuevamente nos regresa al tema: Hasta que no estén unas normas claras, hasta que se limen asperezas, hasta que el fraccionamiento opositor no se reduzca un poco o se llegue a algunos acuerdos.

-¿Quién fija las normas para esas primarias y para ese reencuentro?

-Tiene que haber una comisión de distintos representantes de los partidos y en calidad de iguales. Si algo nos dejó claro este momento es que no tenemos más remedio que tratarnos como iguales, y construir unas normas que nos sean funcionales para todos, para resolver las disputas internas. Una comisión en la que participen los líderes de la gran diversidad de partidos políticos opositores.

Por lo pronto y es lo que se avizora en el camino, ya anunciado por varias organizaciones, lo que va a ver son inscripciones, elecciones internas, actualización de estatutos, entre mecanismos partidistas. Ya Copei y Avanzada Progresista lo anunciaron, mientras que en Ad se armó una de dimes y diretes porque una comisión de reencuentro o reconciliación liderada por el dirigente Joel Román anunció que se estaban haciendo preparativos para que diera tal situación entre las dos facciones del partido, la de Bernabé Gutiérrez y la de Henry Ramos Allup, lo que ha sido desmentido desde ambos lados.

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