Las señales de los tiempos dicen que esta situación “no debe durar mucho”, afirma el experto en negociación. No cree que Barbados haya sido un fracaso: “Podemos rescatar que se vieron las caras, que entendieron que hay que buscar una salida a la situación. Además la oposición planteó una solución que no fue aceptada, pero que tampoco ha sido rechazada”

Gustavo Velásquez, maneja al derecho y al revés la estrategia de negociación para conflictos políticos de peso, como el venezolano. Ha sido, incluso, un discreto protagonista de los intentos de diálogo entre el gobierno del mandatario Nicolás Maduro y la oposición (como ocurrió en República Dominicana en 2017). Pero mientras dictaba una conferencia en Venamcham, el pasado jueves 24 de octubre, se permitió una broma:” Esto no funciona para las parejas”.

Muy cuidadoso con los términos que emplea, Velásquez no duda en afirmar que la crisis venezolana es insostenible. “De esta situación circunstancial en la que estamos ahorita las mismas señales de los tiempos nos dicen que no debe durar mucho”, subraya. “En general la gente no está satisfecha, hay un gran rechazo internacional, no funciona la educación, no funciona la economía. Uno no puede decir que eso sea sostenible durante mucho tiempo”.

Considera que Maduro y los líderes que lo acompañan, desde su posición “tal vez no tengan muchos incentivos” para la entrega del poder si esa es la voluntad mayoritaria, pero “ese es el trabajo constante que hay que hacer en un proceso de negociación: Cómo vas minando ese entendimiento de que aquí me quedo y de aquí no me voy. Va a llegar un momento en que ellos van a pensar y a dudar: ¿Me quedo o me voy?”.

-¿No se ha llegado todavía a ese momento?

-Creo que lo están pensando. Naturalmente en esta situación tan conflictiva qué incentivo puede haber: garantías de justicia imparcial, tal vez un reconocimiento a un sector político y no ser arrollados y exterminados.

-También pueden decir “me quedo”.

-Es lo que han dicho. Esa es la situación actual. Es la decisión que tomaron.

Gustavo Velásquez, no cree que la negociación en Barbados haya fracasado, a pesar de que parece estar metida en un congelador.

-¿Por qué fracasa Barbados?

-En los procesos de negociación no podemos decir tan temprano que fracasaron, porque es un proceso. Esa parte tal vez es un paso necesario para un futuro acuerdo que se pueda conseguir. Podemos rescatar que se vieron las caras, que entendieron que hay que buscar una salida a la situación. Además la oposición planteó una solución que no fue aceptada, pero que tampoco ha sido rechazada.

-¿Está en stand by?

-Pudiéramos decir que todo esto forma parte de un gran proceso de reconstrucción de la convivencia venezolana, de los mecanismos democráticos que son hacia los que está inclinada la gente y la mayoría de los sectores en Venezuela. Barbados va a tener sus consecuencias en el mediano plazo o en el cercano plazo. Si nosotros lo vemos como número de reuniones tal vez pudiéramos simplificar y decir que fracasó, pero esto es parte de un gran proceso sociopolítico que estamos viviendo los venezolanos.

-¿Usted no hablaría del fracaso de Barbados?

-No. Lo que diría es que Barbados es un paso más hacia buscar una salida democrática a esta crisis social y política que tenemos en Venezuela.

-¿Qué valoración hace de la mesa de Casa Amarilla?

-Ellos están haciendo unos planteamientos. Tal vez no consiguieron audiencia en otros sectores y se reunieron para llevar un planteamiento al gobierno. Que no tengan el peso político, la influencia política que tienen otras fuerzas de oposición, es verdad. Pero veamos qué bueno se puede rescatar de eso…

-¿Más que satanizar?

-Más que satanizar. Entiendo que de alguna manera todos quieren salir de la actual situación.

Velásquez, señala que, con el método de negociación de Noruega, se busca movilizar “todas las fuerzas necesarias” para lograr “un mecanismo de convivencia”, porque “vamos a seguir viviendo juntos toda la vida en este mismo país y lo que tenemos es que conseguir un mecanismo para manejar nuestras diferencias de manera civilizada”.

Ese mecanismo de convivencia, insiste, “implica democracia, y la democracia implica libre elección, por lo que han luchado los pueblos”. Es responsabilidad de los líderes “tratar de definir ese modelo que permita que todos participen y se sientan escuchados”.

-¿A qué podemos aspirar?

-En este momento es necesario un cambio. Ahora, ¿cómo se implementa ese cambio? Hay la metodología de la negociación, hay la negociación, hay la irrupción social, hay la irrupción violenta, militar; hay las intervenciones de otros países, ojalá no sea nuestro caso. Pero todas esas cosas en combinación lo que van a generar es un cambio. Lo que si es verdad es que nada es para siempre, todo cambia y las sociedades tienen que adaptarse a los cambios. Y cambian para bien. Es posible que haya retrocesos. Hoy consideramos que hay un retroceso: hemos cambiado para mal. Pero lo que en general queremos es parar este deterioro y cambiar para bien. Eso implica el cambio de los gobernantes. Es lo más natural del mundo.

¿Cómo conciliar intereses contrapuestos? Las mayorías quieren trabajar en paz, aprender, progresar, “participar sin temor a ser perseguidos, opinar sin temor a ser censurados… Ese es el mundo. El mundo no va en retroceso, el mundo no va hacia la represión o la censura”. Por eso “toca luchar, insistir y perseverar en busca de un propósito común que integre a la sociedad venezolana”.

-¿Existe ese propósito?

-Creo que se está construyendo. Hay un proyecto común, un proyecto de avance con un origen muy complicado, muy militarista, muy autocrático, pero si uno ve las señales de los cambios que se han dado en Venezuela son cambios en procura de reivindicación social en medio de la libertad y en medio de lo que llaman los mecanismos de la democracia liberal.