La experta en materia electoral señala que la llave que abrió la puerta a la negociación en México fue la designación de un nuevo CNE.  Analiza el escenario político con la experiencia de conocer al ente electoral por dentro porque fue su Consultora Jurídica. Es una estudiosa de cómo se mueven los procesos electorales y de las respuestas de la población ante las diferentes coyunturas que se han presentado

Eglée Gónzalez Lobato es una mujer que se le nota lo apasionada en su forma de hablar y cuando conversa del tema electoral cautiva a quien tiene el placer de presenciar su exposición.

Sostiene que el proceso electoral que está en marcha puede ser un riesgo para las negociaciones en México y por ello se debe velar porque los actores políticos cumplan con el acuerdo de prudencia firmado en los primeros encuentros en suelo azteca.

Le reclama a la oposición la mala señal que envía al tener tantos candidatos inscritos, porque no es un buen mensaje para estimular el voto de una población que sabe “por lecciones aprendidas de sus elecciones, que si no hay un candidato único, una estrategia unitaria entre los sectores de oposición, pierdes”.

Sin embargo, no pierde la fe y señala que este proceso “puede llevarnos por la ruta de la convivencia política”.

Respecto al peso que tendrán las elecciones del 21N en la organización de la oposición, la experta electoral percibe que son una “preparatoria para un proceso de presidenciales, es una batalla para ganar la guerra”

“Después del 22 de septiembre cuando terminen lapso de postulaciones para el proceso electoral vamos a tener dos puntos que revisar: Los candidatos que se hacen presidenciables del chavismo y de la oposición y el otro es la potencialidad de cada estado en lo económico, seguridad y desarrollo nacional. Porque si se piensa y se a va a una convivencia política estos dos factores van a tener incidencia”, sostiene.

Llega puntual a la redacción y comenzamos la conversación.

-Escenario electoral y negociaciones en México… ¿Cómo se cruzan estos dos eventos que están marcando la realidad política venezolana?

-El proceso de negociación en México y el proceso de las regionales y locales son procesos complementarios, paralelos en el tiempo, que no quiere decir que no se crucen nunca. Podría decirse que la negociación de México, se inicia con el nombramiento del Consejo Nacional Electoral. Ese es el acto en mi opinión, uno de los eventos más importantes que decide este nuevo capítulo de la historia reciente que estamos escribiendo.

-¿Por qué el Consejo Nacional Electoral marca que podamos tener el escenario de México?

-Porque es muy trascendente el que Nicolás Maduro haya cedido en el control absoluto de la administración electoral. Incluso pudiéramos decir que este es el primer CNE de Maduro porque todos los anteriores los había heredado de la era del chavismo y entonces en este CNE Maduro permite que se incorporen dos representantes considerados o calificados por las propias fuerzas opositoras. Indistintamente estuvieron de acuerdo en considerar que eran personas creíbles y confiables. No solamente en el directorio, sino en la estructura del Consejo Nacional Electoral. Eso tiene un impacto extraordinario, sin embargo no era suficiente, no bastaba la designación del CNE, y como vimos en otras oportunidades se dieron otros acontecimientos en favor de esa línea de empezar a apuntar hacia una negociación, con una agenda integral, de objetivos mucho más amplios que el meramente electoral.

-¿Cuál es peso que puede tener el desarrollo de la campaña electoral de las propias elecciones en el proceso de negociación de México?

-El proceso regional tiene importancia en la negociación de México si se entiende que es parte integral de un proceso complejo, es decir, de actos sucesivos que se complementan. Me explico: los objetivos siempre han sido muy claros y pudieran concretarse. La oposición un cronograma electoral con miras al 2024 con elecciones presidenciales.

-Pero hay quienes piden que se hagan ya.

-Pero hablando de la realidad. Poniéndonos en los zapatos de ellos sino en los de nosotros. Desde el análisis político-electoral que uno hace. Eso podría el gobierno de Nicolás Maduro interesarle porque la situación económica es sumamente difícil, sumamente compleja y el levantamiento de las sanciones es un objetivo prioritario para Maduro, pero también mirando hacia el 2024. Ambos tienen el 2024 como una fecha. Ese año pudiera ser la fecha donde el capítulo de Maduro pudiera tener o llegar a un fin. No sabemos si definitivo o que marcar un hito y continúa, pero por lo menos tiene un finito.

-No sabemos si es una meta volante como en el ciclismo o definitiva.

-Eso permite luego del desplazamiento de esa estrategia que fracasó: La de tierra arrasada, la máxima presión, de decisiones unilaterales de países, sino más bien una visión multilateral, eso centra la discusión del país y de lo que representa Venezuela en la región en una negociación. Es decir que la negociación es la mejor opción. Pareciera que las partes en conflicto así lo han entendido. Ahora tu pregunta apunta algo que ya entra en la parte más escabrosa de esto, de esta relación entre el proceso electoral y negociación. El proceso de negociación tiene una piel muy, muy fina y el proceso electoral es una amenaza en sí mismo a la negociación.

La experta y estudiosa del tema electoral se detiene a explicar su advertencia y señala que lo virulenta que podría ser una campaña electoral en esta coyuntura.

Asimismo destaca el memorándum de entendimiento “pieza de lo más interesante que se han dado” y llama la atención sobre otro documento firmado “en el cual se comprometen a la prudencia, porque se que efectivamente la negociación no es a la venezolana, es entre venezolanos, pero con una modalidad que permita llegar a un buen puerto las negociaciones”.

Eglée González Lobato abre sus expresivos ojos y advierte que “no hay nada más contrario a la moderación que una campaña electoral, entonces la campaña en sí mismo representa un peligro, un desafío al propio proceso de negociación. Yo no estoy diciendo que lo va ser, estoy haciendo que se visualice, que no nos sorprenda lo mismo así que no te sorprenda. Lo que tenemos que hacer es un intento de una sala virtual del país donde cada uno alerte sobre lo que puede ser un desafío, una amenaza, un riesgo, ver el impacto que eso pueda tener en México para tomar decisiones o acciones previsibles frente a eso que pueda ocurrir.

-Vayamos entonces al plano electoral. Usted siempre ha estado preocupada por este tema y hasta ha acudido al TSJ, junto a Andrés Caleca y otro juristas solicitando mejores condiciones. Dice que la negociación es lo más prudente… ¿por qué hoy una elección en estas condiciones es lo más prudente?

-Está esta elección es un anticipoo, una preparatoria para procesos mucho más complejos, que es donde deberíamos estarnos preparándonos.

-Se está haciendo músculo.

-Estamos levantando fuerza, porque las fuerzas electorales están  atrofiadas, pero hay que hacerlo con cuidado en el sentido  de que el proceso electoral regional es la posibilidad de iniciar, de caminar juntos, de trabajar en conjunto por una hoja de ruta hacia la convivencia política. Creo que una de los aspectos más importantes, más trascendentales, que va en todos los puntos, es la convivencia política. Esto lo comparte tanto el gobierno de la República Bolivariana de Venezuela como la Plataforma Unitaria, tal como queda en el memorando se comprometieron frente a Noruega como facilitador.

-Las elecciones regionales tradicionalmente no son tan atractivas como las presidenciales. ¿Por qué hoy terminan siendo tan importantes y tan determinantes en la coyuntura política?

-La naturaleza local, regional no es sexy. Entre otras razones porque una presidencial tiene una incidencia del cambio político. La gente incluso va a votar en una presidencial por el solo hecho de cumplir con un acto cívico, en cambio en las regionales no. A los partidos les debe preocupar más el cómo motivar, cómo acercar al elector al voto y ese es un gran desafío y no lo tienen fácil las fuerzas opositoras.

-Pero frente a un pueblo tan desmotivado por el tema electoral, concentrado en esos cuatro metros de necesidades… ¿Las regionales podrían ser un motor que ayudaría a reencaminar ese interés por el voto, por el cambio?

-Hay una desafectación de los ciudadanos por los partidos políticos.  Los políticos parecieran depender de ese liderazgo regional que incluso les ha impuesto la hoja de ruta hacia un proceso electoral. Ahora, es mucho más difícil para el elector, que no entiende, que tiene apatía no sólo por un proceso electoral regional, sino que también tiene apatía por un proceso de negociación, en la medida en que no cambia su día a día y no resulta una mejora en su calidad de vida. Es decir que el proceso regional que se escogió, repito puede ser inicio de un transitar hacia un ejercicio sea la convivencia política a través de gobernaciones y alcaldías que puedan obtener las fuerzas opositoras.

-Hablando de la fuerza opositora… ¿No hay muchos candidatos en la oposición? ¿Eso no desestimula la participación de la gente?

-No es nada alentador para el ciudadano. El boicot electoral no lo inventó el ciudadano. El boicot electoral fue una estrategia política de los factores opositores a partir justamente de una elección regional del 2017. Los ciudadanos entendieron que ir a votar no tenía un valor de decisión en la política nacional. Entonces cuando tú cambias y se dice que va a participar, el elector no entiende muy bien qué fue lo que pasó allí. Pero en todo caso lo que queda después del 6 de diciembre del 2020 que los electores votan por su candidato, por su partido. Ellos votan por quien les gusta. Cuando nos enteramos que hay 70 mil postulaciones en donde 23 son gobernaciones, 335 alcaldes y 2.700 más o menos de entre concejales y diputados legislativos, tú dices… “¿pero que fue lo que pasó acá?”. Además si tú miras la hoja donde lo único que se ve son los partidos que postulan, te das cuenta que el bloque del oficialismo postuló un candidato por cargo, lo que quiere decir que desde una operación aritmética mínima ves que son 13 o 14 postulados por cargo en promedio.

La experta indica que este fenómeno tiene una explicación técnica y señala que es muy probable que en esas postulaciones existan nombre repetidos, es decir, que al hacer la depuración podrían quedar ocho candidatos en promedio.

“Pero esa explicación técnica a la gente ni les llega, ni lo entienden. No quieren escuchar mi explicación. Su interrogante es: ¿Por qué no preguntaron a mí? ¿Por qué no formó parte de la decisión del candidato que se va a enfrentar al oficialismo?” sentencia González Lobato.

En este momento mira hacia la estrategia del oficialismo y advierte que “hace sus primarias y le dice a la gente que en algunos casos ‘ustedes no deciden, decide el partido’. Les dice que el partido debe decidir conjuntamente con sus aliados, que es una decisión política, es un problema de vialidad. Hubo gente que terminó expresándose y el partido las discusiones y las diferencias antes de la elección”.

“Allí produce una cosa y impresionantemente positiva: generó el interés de la gente en localidades y municipios que querían ser concejales. Eso activo a su militancia. Por otra parte tiene una oposición que no es transparente, que no comunica, que no informa… ¿A quién le va a informar si no es a los electores? Te están diciendo las encuestas que llegaste aquí desconectado. Te están diciendo que tuviste que ir a elecciones porque tu militancia en las regiones te lo estaban exigiendo. El boicot electoral no puede ser una respuesta política”, señala con vehemencia la profesora universitaria quien además fue directora de la escuela de derecho de la UCV.

Finalmente, señala que en este contexto “puede operar lo que los procesos electorales se llama la economía del voto, que consiste en que si el elector siente que no tiene la posibilidad de ganar, no vota. El gran desafío que hay es cómo logras que una elección regional que históricamente son de baja participación, como tú logras llamar a votar, y si vas desunido el mensaje es terrible para los electores que han entendido, por lecciones aprendidas de sus elecciones, que si no hay un candidato único, una estrategia unitaria entre los sectores de oposición, pierdes”.