“La corrupción es el gran elemento que permite ese divorcio entre la opinión pública, la sociedad, los ciudadanos y el poder”, señala el
especialista en comunicación política y profesor de la Universidad Panamericana de México

¿Ángeles o demonios? Tal vez un poco de ambas, tal vez un poco de cielo y de infierno. Las redes sociales tienen las dos caras. Alejandro Motta, especialista en comunicación política y profesor de la Universidad Panamericana de México, explica que las redes sociales dan la oportunidad, sobre todo a líderes “que pueden tener una tendencia a presentar rasgos populistas”.

En un artículo publicado en la revista Democratización del Institutos de Estudios Políticos Forma, Motta acota que los dirigentes extremistas y autoritarios se valen de las plataformas digitales para avanzar en su proyecto de hegemonía comunicacional.

Al ser la propuesta populista (de izquierda o de derecha) contra el sistema establecido, “los medios de comunicación tradicionales entran dentro de esos agentes” que atentan contra “el pueblo”. Por ende, “las redes sociales son la oportunidad para saltar esos filtros mediáticos” y también “socavar un poco las instituciones de la democracia representativa”. Se supone que el populista propone una democracia directa, con un líder más que con instituciones corrompidas. Las redes sociales facilitan mucho más la lógica populista.

En la mayoría de los países latinoamericanos la televisión es el medio de mayor incidencia para la comunicación política; los líderes populistas ven en las redes un mecanismo para simplificar su mensaje y para que los medios de comunicación lo multipliquen. Trump, por ejemplo, tuitea a las 3 de la mañana para que sus palabras abran los informativos a las 7 de la mañana, expone Motta.

Pero en las redes sociales hay espacios “para la crítica, para la respuesta antagónica, para diferentes opiniones”. Incluso, “tienen otro elemento que ayuda al debate público y a la lógica del populismo, que es la polarización y la hiperpolitización”. El anonimato detrás del teclado aumenta la tendencia a expresar cualquier cosa, ofender, insultar. “Eso ayuda, en teoría, a la democratización de la opinión pública. Pero también la democracia exige responsabilidad y ciertas reglas mínimas de consenso”.

A Motta le inquieta lo que sucede con los líderes populistas y las redes sociales, y atribuye su auge “al desgaste de la democracia representativa”. Eso preocupa porque la conciencia de la importancia de las instituciones “ya venía un poco a menos” entre los ciudadanos. “La corrupción es el gran elemento que permite ese divorcio y esa ilegitimidad entre la opinión pública, la sociedad, los ciudadanos y el poder”, y las redes se convierten en terreno fértil para decirlo. “Sí hay una razón”.

EE.UU es, en teoría, “la democracia más sólida, y miren dónde estamos metidos”, comenta. “Trump gana en 2016. No creo que Trump sea un dictador” pero “presenta rasgos que cumplen con el decálogo del manual del populista: Totalmente antiestablishment, fomenta la polarización, apela al antagonismo y se aprovecha de las redes sociales para consolidar una especie de mundo dicotómico, de blancos y negros, en el cual hay unas instituciones que son enemigas del verdadero pueblo americano”.

-Twitter lo confronta.

-Hay un gran debate. Nuevamente tenemos el debate de la libertad de expresión. Ver a Twitter enfrentado al presidente Trump genera un nuevo debate. Quizá habría que dejar que corra un poco el agua del río para poder analizar en frío si la actitud de Twitter es justificable con respecto al mensaje que está emitiendo el presidente Trump.

No son realidades uniformes. En América Latina “todavía las zonas rurales” no tienen internet, hay sitios donde no llega a 15% o 20% y la gente se informa por radio y televisión. “En América Latina no veo grandes despuntes de las redes sociales” para este fin.

¿Ni siquiera en Venezuela? “Creo que la lógica en Venezuela sigue siendo la televisión”, señala. A Hugo Chávez le tocó replicar “su batalla política dentro de las redes sociales, pero todavía la televisión, en los 20 años del chavismo en Venezuela, sigue siendo el medio por excelencia”.

Hay un principio populista, afirma, y es “la vocación hegemónica del espacio mediático”. Según “la solidez de las instituciones de los países” se puede “avanzar o no avanzar para cumplir esa vocación hegemónica”. El populismo necesita “la homogeneidad de los contenidos de los medios para poder lograr esa utopía del pueblo unido, del pueblo homogéneo”. Si la idea es hacia la totalidad “los medios de comunicación, incluso las redes sociales” son la plataforma para lograrlo.

-¿La sociedad sin redes está ajena a ese debate, a esa política?

-Creo que hay segmentos de la sociedad que efectivamente están ajenos a esa realidad. No quiere decir que no usen internet. El tema está en para qué utilizan internet. Quizá tienen internet, se conectan a redes sociales, se conectan a Facebook para entablar relaciones sociales, no para consumir información política. Esa es la gran distinción. Creo que la participación política o la politización de la sociedad se da a través de los medios de comunicación tradicionales.

Sin hablar sobre leyes que coarten las redes, Motta recuerda que en los medios tradicionales hay regulaciones porque “hay que tener responsabilidad con lo que se dice”. Hace falta “una mayor noción del impacto de las redes sociales en la construcción de la opinión pública, de la esfera pública, y de qué manera eso puede incidir, inclusive, en asuntos de violencia”.

El profesor insiste en que sectores diversos de la sociedad deben llegar “a un consenso sobre las redes sociales”, y no dejarlo en manos de los políticos. “Tiene que haber un mayor consenso, participación de los diversos actores sociales; que de alguna manera todos nos pongamos de acuerdo en la responsabilidad que hay que tener en el uso de las redes sociales”.

Motta reitera que “la libertad implica responsabilidad”, y eso “es fundamental en comunicación. Para ser responsables debemos conocer los límites”.

A su juicio “no podemos permitir que una persona que sea influyente en redes sociales pueda estar llamando a la violencia en las calles, pero es que eso no se permite en los medios de comunicación tradicionales. ¿Por qué lo vamos a permitir en redes sociales?”.

“No me gusta usar la palabra regulación”, subraya. “Pero sí creo que, desde el punto de vista legal, se pueden plantear cosas” inspiradas en lo que se usa en medios tradicionales “para que haya una convivencia normal, lógica, y evitar cualquier tipo de locura desde el poder, desde cualquier iniciativa individual o de un grupo”.

-¿Qué reencanta?

-Lamentablemente una de las últimas cosas que reencanta es la molestia. Aquí vemos el ejemplo. Chávez ganó en 1998 en gran parte por la molestia con un sistema político tradicional. Podemos, en 2014, sacó un resultado electoral respetable gracias a la molestia de la que ellos se aprovecharon. Trump gana en 2016 por la molestia hacia el sistema tradicional. Ha reencantado lamentablemente en algunos países la molestia hacia las instituciones, y por eso han ganado varios de estos líderes políticos, y por eso han gobernado estos líderes políticos. Obviamente reencanta la honestidad.

-Parece que lo que reencanta es lo otro.

-Efectivamente, pero es lo que debería ser. En 2019 hice un estudio de campo en Venezuela y el nivel de hiperpolitización de la sociedad venezolana ha sido del cielo a la tierra. En Estados Unidos ha sido la mayor participación que ha habido en 120 años. Lo mismo ha pasado en otros países donde ha habido niveles de hiperpolitización. Esos niveles de hiperpolitización se deben, en parte, por la molestia. Eso se ha visto en redes sociales. Las redes sociales permiten la participación de la gente, pero muchas veces alimentan la polarización, el enfrentamiento, la confrontación.

-Se habla de transición en Venezuela. ¿Cómo se comunica la transición? ¿En que un país se encamine hacia una situación diferente?

-En cuanto a los medios tradicionales me parece que no hay un espejo entre opinión pública y opinión pública publicada. Una cosa es lo que se vive en la calle, lo que la gente conversa, lo que la gente aspira, a lo que la gente le teme o tiene esperanza; y otra cosa es la opinión pública publicada, que es lo que los medios de comunicación reflejan. Hay una distancia importante. En cuanto a las redes sociales, creo que es un espacio en el que la gente tiene la oportunidad de mostrar su molestia, su desencanto, sus aspiraciones, sus quejas totalmente válidas, sus demandas hacia la clase política. Eso no ocurre en los medios de comunicación tradicionales, u ocurriría de una manera totalmente distinta. Hablando del sector que se opone al chavismo, y reconocido por un grupo de países, liderado por Juan Guaidó, las redes sociales son quizá la única ventana, el único espacio de comunicación que hay con la gente: Para convocarlos, para llamarlos a la participación, para que la gente pueda expresar lo que siente a favor y en contra. Y del lado de Maduro, dada la situación de los medios de comunicación tradicionales, puede haber una sintonía casi perfecta.

-¿Qué rol cumplirían las redes en una transición?

-Seguir siendo un espacio. Hay tuiteros amenazados por un tuit. Pero va a haber una normalización de la agenda de los medios de comunicación tradicional con las redes sociales. Van a ser dos vías que van a bailar al mismo son, al mismo compás, cosa que no ocurre en estos momentos. Hay dos mundos completamente distintos entre lo tradicional y las redes sociales. De haber una transición uno supone que los medios tradicionales van a recuperar espacios y cierta libertad para ejercer su trabajo en la libertad de expresión.