La cantante, quien anunció que abrirá su nueva gira europea en Lisboa en enero de 2020, unió en el escenario de la final de Eurovisión a dos bailarines que portaban una bandera israelí y otra palestina, lo que ha causado miles de comentarios en las redes sociales y dejó sorprendido al público

“El poder de la música es unir a la gente”, reivindicó Madonna este sábado en su histórica primera actuación en la gran final del Festival de Eurovisión, palabras que algunos han leído en clave de defensa frente a las críticas que le han hecho por realizarse en Israel.

Minutos antes de una actuación en la que revivió “Like a prayer”, el sencillo que revolucionó el mundo hace 30 años gracias a un incendiario videoclip en el que besaba a un santo negro, momento que sin embargo no ha fue retomado durante esta presentación.

Seguidora de la Cábala (en la tradición judía, sistema de interpretación místico y alegórica del Antiguo Testamento), quizás la diva ha preferido recatarse en su “show” en Expo Tel Aviv, a escasos 70 kilómetros de Jerusalén, de Belén y en general de todos los rincones que comprenden la vida y muerte del mesías católico.

Concluido el turno de actuaciones a concurso, la diva se ha subido al escenario para dar inicio a un “show” de 9 minutos de duración que ha arrancado con la reinterpretación de su citado clásico, en clave de coral eclesiástica y junto a 30 acólitos de su propio culto que, vestidos con túnicas, la arropaban en una gran escalinata.

Después ha llegado el estreno en vivo de su más reciente tema, el “dancehall” jamaicano “Future”, en el que reflexiona sobre el mundo en el que vivimos, esta vez con su cuerpo de baile ataviado con máscaras de gas.

Se trata del cuarto tema que lanza del que será su próximo lanzamiento discográfico, “Madame X”, el cual verá la luz el 14 de junio y la embarcará en una gira mundial de presentación que, de momento, solo la ha llevado a ofrecer dos actuaciones estelares, una hace dos semanas en los Billboard Awards junto a Maluma, y esta de Eurovisión.

Aún así, el pasado martes la estrella llegó a Tel Aviv tras volar junto a un séquito de cerca de cien personas. Algunas informaciones apuntaron entonces a que cuando el jueves acudió al ensayo de su actuación, se encontró la puerta cerrada del recinto por orden del supervisor ejecutivo del evento, Jon Ola Sand.

Finalmente este dio el visto bueno para que Madonna pudiera acceder al recinto, después de que su equipo amenazara con cancelar la actuación, que no se confirmó oficialmente hasta la noche de ese día y que se ha convertido en uno de los momentos más esperados de esta edición.

“Sois todos campeones, llegar aquí no es fácil, primero porque tenéis un sueño por el que luchar. En mi opinión, eso os hace vencedores, independientemente de lo que pase”, ha dicho la cantante en unas palabras expresamente dirigidas a los 26 participantes de la final.

Y para no irse sin polémicas, la cantante unió en el escenario a bailarines que portaban una bandera israelí y otra palestina.

Giras en puertas

Madonna abrirá la gira europea de su nuevo disco, “Madame X”, los días 16, 18 y 19 de enero de 2020 en el Coliseo de Lisboa, ciudad que ha inspirado algunos de los ritmos de su último trabajo.

Las entradas, con precios que oscilan entre los 75 y los 400 euros, se pondrán a la venta este sábado 25 de mayo, informó este lunes la promotora lusa “Everything is New”.

Después de Portugal, la reina del pop, de 60 años, actuará hasta febrero de 2020 en Londres y París, las dos únicas ciudades europeas que visitará además de la capital lusa, por lo que los conciertos en Lisboa serán los más cercanos para los seguidores españoles de la artista.

“Madame X Tour”, que se celebrará en salas de poca dimensión, arrancará el 12 de septiembre en Nueva York, donde Madonna tiene doce conciertos previstos, a los que seguirán otros en las también ciudades estadounidenses de Chicago, Los Ángeles, Boston, Filadelfia y Miami.

El disco ha sido grabado durante los últimos dieciocho meses en Portugal, Londres, Nueva York y Los Ángeles, y está influenciado por la ciudad de Lisboa, el lugar donde ha residido en los últimos años.