Horas dedicadas a hacer largas colas para surtirse de agua y de hipoclorito de sodio y poder consumir el vital líquido sin peligros de contaminación; igual batallan con la oscuridad y hacen peripecias para conservar los alimentos a falta del servicio eléctrico. Así es la cotidianidad de los habitantes de Piedra Azul, Terrazas del Club Hípico, la Ciudadela, La Trinidad, Las Mesetas y Santa Cruz del Este, en el Municipio Baruta de la capital venezolana

“Nos dijeron que la luz vuelve en seis días. Pero el agua sigue sin llegar y por eso ni siquiera me estoy quedando en mi casa. Ahora estoy viviendo con un familiar en El Junquito”, contó Alvaro Gonzáles, vecino de Terrazas del Club Hípico, quien además para este viernes llevaba ocho días sin el servicio eléctrico. 

¿La razón de esta falla, más allá del apagón? Gonzáles aclaró que cuando ocurrió la explosión de la Sub Estación de La Ciudadela él seguía sin electricidad. “No me dan razones, sigo esperando. Vine a ver cómo estaba mi casa y buscar agua que tampoco tengo”, dijo parado sobre el asfalto mientras observaba los trabajos de que la empresa estatal Corpoelec realiza en la zona. 

Luego del mega apagón registrado el pasado 7 de marzo, muchos vecinos de la localidad de Baruta están a la espera de que los servicios de agua potable y luz regresen.

“Los empleados me dicen que no trate de desesperarme, que mantenga la calma. ¿Pero cómo? Tengo días sin nada en mi casa”, refutaba bajo el sol una vecina de Las Mesetas, que va todos los días para saber cuando le restablecerán la luz. 

Todavía huele a plástico quemado. El portón de la estación eléctrica de la Ciudadela está oscuro a causa del fuego de la explosión. Un pequeño chorro de agua goteaba de las celdas. Un empleado lleno de cenizas de pies a cabeza, gritaba que mantuvieran la puerta de la planta energética cerrada. “La orden es esa”, dijo. 

Ahora otra de las problemáticas que los habitantes de esa zona de Caracas están sufriendo es la falta del agua. Cerca de los alrededores, muchos buscan el vital líquido, incluso unos pocos utilizan el agua de las piscinas de sus hogares.

“La tenemos para lavar platos y bajar pocetas. Un día me desesperé. Usé esa agua de la piscina para bañarme y el cloro me puso la piel seca”, contó Carmen, una empleada doméstica de Terrazas del Club Hípico. 

Desde el pasado jueves 7 de marzo, Carmen no sabe nada de sus hijos. Uno de ellos vive en el país y otro está fuera de Venezuela. “A veces me llega señal y trato de llamar, pero no he podido hablar con ellos”, sentenció. 

Santa Cruz del Este es otro sector en el que todavía persiste la falta de luz; cerca de las 5:00 am de este viernes llegó la electricidad en la parte baja, pero subiendo por la popular barriada siguen a oscuras. Tampoco tienen agua potable.

“Muchos buscamos agua en el vivero que está subiendo por El Peñón”, aseguró un joven que estaba parado con botellones en sus manos. 

Las mismas escenas y quejas se repiten en La Trinidad, donde los vecinos de los bloques construidos por el Banco Obrero en los años de 1940 y 1950, esperaban poder surtirse de agua. La escenografía es siempre la misma: potes, botellones, bidones, baldes y hasta cuñetes de todos los tamaños acompañan a los citadinos, quienes han tenido que llenarse de calma y suspender su cotidianidad ante la contingencia que este jueves 14 de marzo cumplió una semana. 

“Llegó un camión, no sabemos quien lo mandó, pero nos trajo agua sin pagar nada por ella”, afirmó un vecino de los edificios, que no quizo revelar su nombre. 

En la comunidad viven 1.550 personas en 317 apartamentos, en su mayoría pertenecen a la tercera edad. En cada torre hay un tanque de 25 mil litros, pero se les acabó “en un soplido”, narraban algunos habitantes. 

Ante toda esta contingencia por la falta de agua, los estudiantes de la Universidad Simón Bolívar (USB), desde este jueves 14-M, prestan su apoyo a la comunidad entregando hipoclorito de sodio para purificar el agua. 

“La idea es dar este químico para que la gente pueda ingerir agua sin peligro de contaminación”, explicó Gustavo Rodríguez, profesor de la casa de estudios superiores. 

Rebeca Silva, una vecina de Piedra Azul contó, mientras hacia la cola para tener el recurso y poder purificar el agua, que a pesar de tenerla potable en su casa, prefería purificarla debido a que hace unos meses ella se enfermó de Hepatitis A.

“Yo no quiero que mis hijos se enfermen o que yo tenga una recaída por no cuidarnos del agua que consumimos ”, afirmó.