Por estas mismas canchas pasaron figuras vinotinto como Miku Fedor y Wuilker Fariñez por lo que, sería natural, que entre tantos alumnos se encuentre el futuro de nuestro fútbol y de la selección nacional

El sofocante sol post-mediodía sirve de iluminación para los futuros talentos del fútbol nacional. Rostros enrojecidos por los rayos UV, afinan su mirada para reventarle el arco al compañero. Es fútbol menor, pero los chamos se la viven como si estuvieran en los mejores estadios de Europa.

Fotos: Jonathan Lanza – Contrapunto

En las canchas Las Guacamayas, en las Mercedes, en Caracas, hace vida una escuela de fútbol que ya tiene más de 50 años inculcando valores humanos escenciales, pero, sobre todo, tienen medio siglo enseñando buen fútbol: la Escuela Santo Tomás de Villanueva.

Ejercicios de coordinación, planes de juego, entrenamiento físico, técnicas y tácticas, complementan los entrenamientos de los futuros jugadores, a los que “les pican los pies” por estar tocando un balón (como a todo niño futbolero).

Por estas mismas canchas pasaron figuras vinotinto como Miku Fedor y Wuilker Fariñez por lo que, sería natural, que entre tantos alumnos se encuentre el futuro de nuestro fútbol y de la selección nacional.

A partir de las 2 de la tarde comienzan los entrenamientos con las categorías menores, por lo que el equipo de Contrapunto se trasladó a las Guacamayas para conocer un poco más sobre uno de los más tradicionales (y económicos) lugares de enseñanza de balompié en la capital.

Alexander Vernet, coordinador deportivo de la escuela, tiene 9 años laborando por el fútbol base. “Comencé como asistente y de ahí fui escalando. Fui entrenador y coordinador hasta obtener, hace 5 años, el puesto de coordinador deportivo”, comenta.

“El fútbol tiene dos maneras de verse: como club o como escuela. A la gente no le gusta, pero yo digo que los clubes agarran a los jugadores como fichas de un tablero y los sacan y ponen a conveniencia, porque buscan resultados primordialmente. Lo que nos diferencia a nosotros como escuela de fútbol, ya que nos debemos al colegio católico Santo Tomás de Villanueva, es que funcionamos netamente para formar jugadores” aclara Vernet.

“Para nosotros es muy importante que ellos, el día de mañana, sean unos individuos útiles y buenos para la sociedad y, luego, nos enfocamos en la técnica, táctica y toda la parte deportiva” dice Vernet.

El 27 de noviembre de este año, el Villanueva cumple 51 años enseñando fútbol, y a lo largo de esos años, han disputado muchos torneos y ligas, “siendo las más importantes (y que se juegan hasta la actualidad) la Liga César del Vecchio y la Liga Colegial de Caracas. Desde hace cuatro años aplicamos más énfasis en las ligas formativas, como la Hermanos Calvo y la Liga Intercolegial de Fútbol (LIF)”.

“Por aquí han pasado cualquier cantidad de jugadores que han brillado tanto nacional como internacionalmente, como Miku, Fariñez, Francisco Aristiguieta, Ricardo Andreuti, Iván Guerra, Juan Guerra, entre otros”, recuerda el coordinador.

“Mi mensaje no es para los chamos sino para los representantes: hay que entender que ellos están aquí primero para divertirse, que ellos son personas y que su formación tiene que ir por delante de un resultado de un partido o de lograr algo a corto plazo”.

“A los chamos los invito a que no luchen y trabajen por un trofeo o una copa, ya que eso es algo material que no vale nada al final, pero sí que trabajen y luchen constantemente por mejorar como personas, futbolistas y siempre pensando en el colectivo y en sus compañeros”, concluye Vernet.

El buen hijo siempre vuelve a casa

Eduardo López Hernández tiene un año en el Villanueva. “Llegué a finales de enero del año pasado y ejerzo como entrenador de las categorías sub-10 y sub-14, que juegan en la liga Hermanos Calvo”.

“Fui jugador hace unos años, y muchos de los que estamos aquí enseñando fuimos alumnos alguna vez, por lo que continuamos inculcando ese sentido de pertenencia que nos enseñaron a nosotros”, dice López.

“A los chamos les digo que persigan sus sueños porque es lo más bonito que uno tiene. Nunca se deben desprender de ellos, y que no tengan miedo, que los sueños están para vivirlos” asegura Eduardo.

Por otro lado, Miguelangel Yánez ya tiene 5 años como entrenador “y si lo combinamos con los años que tuve como como jugador, ya tengo 16 años en la institución”.

“Actualmente tengo la categoría sub-12, soy asistente de la categoría Infantil A y ejerzo como delegado de la Liga Hermano Calvo. Mis chamos juegan en la Liga Colegial de Caracas”, agregó.

“Nosotros como una escuela de fútbol nos enfocamos en mejorar la honestidad, el respeto, la humildad, los valores en general a los chamos, para que luego, con la parte futbolística, se complementen y sean grandes personas y mejores jugadores”.

“Aparte de que me gradué en el colegio, a este equipo uno lo lleva en el corazón. Uno recibió tanto amor y enseñanzas aquí, que tener la oportunidad de aportar mi granito de arena a las nuevas generaciones, para que aprendan como yo lo hice, me llena muchísimo”. afirma Yánez.

“Ningún sueño es lo suficientemente grande. Con esfuerzo, responsabilidad, trabajo y haciendo las cosas bien, pueden lograr cualquier cosa, sin importar lo que se ponga al frente”, concluye el entrenador.