El crítico de cine y periodista venezolano Juan Antonio González, entrega a los lectores de Contrapunto un breve análisis acerca de las cualidades de los actores nominados en la categoría de Mejor Actor Principal, en la que a su juicio la que más descolla es la interpretación de Willem Dafoe en su papel de Van Gogh

El oficio de ser otros muy de vez en cuando nos pone frente a artistas que son capaces de anularse en la pantalla para que los espectadores no los vean a ellos sino a los personajes que les han sido confiados.

Sin embargo, cada vez es más común que se le exija a un actor –aunque con mucha menos frecuencia a una actriz– que adapte su físico al de esa criatura a la que tiene que revivir en una ficción cinematográfica. El caso es que en la mayoría de los biopics o películas biográficas, el “parecerse” a ese Otro que en realidad existió pasa por el uso, profuso o no, del maquillaje y las prótesis que si bien acercan al público a la imagen del personaje biografiado, también enmarañan o entorpecen el trabajo interpretativo de los actores.

Juan Antonio González evalúa el rol protagónico de los 5 actores nominados al Óscar 2019


En los Óscar de este año abundan en el apartado de Mejor Actor las representaciones de hombres de la vida real que, de alguna manera, marcaron su época en la política, la música y el arte. Veamos…

Christian Bale

Encarna en el filme Vice al exvicepresidente estadounidense Dick Cheney, figura clave de la desastrosa administración de George W. Bush al frente de la Presidencia de Estados Unidos. Para lograr el objetivo de ser lo más real posible en una obra que destila mucha crítica sarcástica (no es para menos), más que ajustarse a la personalidad del político escrutado, tanto Bale como el director Adam McKay optaron por clonar al personaje sin llegar al tuétano de sus ideales y su conducta como hombre público. Recurrieron entonces a una práctica que Bale conoce muy bien, la de ganar 20 kilos, raparse el cabello y teñir de blanco el que le quedó en la parte baja de la cabeza. Es decir, el aporte era ser idéntico a Cheney, y claro que lo lograron, pero en detrimento del desarrollo de un perfil psicológico que desmontará al hombre de ambiciones que fue el vicepresidente de Bush hijo: el que se involucró en la guerra de Irak con el “rabo de paja” de sus negocios con la industria petrolera de su país, el que manejó desde las sombras el gobierno estadounidense entre los años 2001 y 2009. En fin, mucho sacrificio físico y poca entrega emocional.

Rami Malek

El caso del protagonista de Rapsodia Bohemia es muy parecido al de Christian Bale, pues los responsables de este ligero repaso histórico del vocalista de la banda de rock británica Queen se enfrentaron a demasiados pudores al contar la historia de Freddie Mercury en la piel del extraterrestre actor Rami Malek, quien ha sabido sacarle provecho a sus orígenes egipcios. Pero no bastó con el que intérprete se adelgazara un poco y su “encasquetara” una dentadura postiza para ser el vocalista de todos los éxitos de Queen. Repito, el mayor hándicap de esta obra dirigida por Brian Singer, ahora en desgracia por sus supuestas apetencias homosexuales, es que se cuidó demasiado al personaje que motivó el biopic. Hasta da la impresión que los responsables de la película no se sintieron capaces de tratar con naturalidad y honestidad la vida frenética, promiscua, de su protagonista, con lo cual la actuación de su protagonista se quedó a medias.

Viggo Mortensen

Sin hacer mucho aspaviento, el artista neoyorquino ofrece en Green Book una de las actuaciones más sinceras y comprometidas de las consideradas para los Óscar. Con su técnica más cerebral que emocional, Mortensen logra ejemplificar de manera diáfana el viaje interior de su personaje: un ítaloamericano machista, violento, maleducado y racista que accede a servirle de chofer y guardaespaldas a un connotado pianista negro y homosexual que lo contrata para que lo acompañe en una gira por el sur de Estados Unidos en los años de mayor crispación racial, los sesenta, y que termina siendo su mejor amigo. A su Tony “Lip” Vallelonga se le detesta y se le ama; se le repudia y se le comprende; se le rechaza y se le admira… Siempre se le acompaña en su periplo interior: de hombre básico a ser humano

Bradley Cooper

Aunque esta cuarta versión de Nace una estrella no es del todo desdeñable, la historia de amor entre un experimentado músico atrapado de una espiral de autodestrucción y una aspirante a cantante que lo llena de esperanzas, suena harto conocida. Cooper, quien también dirige, está correcto en su interpretación de un cantante de rock/country sumido en la adicción a las drogas, pero no aporta nada nuevo a lo que ya han hecho otros actores que han encarnado a personajes alcohólicos y drogadictos.

Willem Dafoe

Dada su estatura artística, a Willem Dafoe no debe desvelarlo el hecho de estar nominado al Óscar como Mejor Actor por Van Gogh, a las puertas de la eternidad. No lo necesita por ser protagonista de una carrera tan diversa como brillante. En este filme, dirigido por el pintor Julian Schnabel, se recrean los años en que Van Gogh vivió en Arles y Auvers-sur-Oise, Francia; es decir, que a Dafoe le tocó el reto de encarnar al artista en los momentos en que su “locura” alcanzó la más dolorosa cúspide. Y lo logra con creces y más allá del vestuario y el maquillaje que luce en pantalla. Eso sí, no ganará el Óscar, sencillamente, por una cuestión de marketing. Así es la Meca del Cine.