Este maracucho, quien dirigió durante 28 años el Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermudez y fuera destituido por el gobernador Omar Prieto, es actualmente asesor en gestión cultural pública y cooperación artística internacional de uno de los teatros más importantes del mundo. Desde Buenos Aires cuenta su experiencia en esa importante plaza artística

Así como es maracucho por los cuatro costados, asimismo Regulo Pachano es un apasionado del arte y de todo lo que ponga a prueba la creatividad y la estética. Solamente por esas dos características y una personalidad abierta y generosa, pudo edificar una carrera como gestor cultural que es reconocida en su lar nativo e internacionalmente. Fue, junto a la destacada escultora zuliana Lía Bermudez, el hacedor del prestigio y posicionamiento que el Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermudez (CAMLB) alcanzó.

Desde hace un año exactamente, Regulo Pachano (también abogado y profesor de la Universidad del Zulia) hizo maletas y fue al encuentro de un ofrecimiento muy tentador y halagador. Sin buscarlo, muy sorpresivamente, fue llamado por la directora general del Teatro Colón de Buenos Aires, María Victoria Alcaraz, para el cargo de Asesor de Gestión y Cooperación del Teatro Colón de Buenos Aires, uno de los diez teatros más espectaculares y prestigiosos del mundo, al nivel de la Scala de Milán (Italia) o de la Opera de Sidney (Australia).

Desde los hermosos pasillos de alfombras impecablemente rojas y entre los exhuberantes decorados del Colón, Pachano reflexionó en esta entrevista para Contrapunto, acerca del rol que están desempeñando los artistas venezolanos en el exterior, en esa llamada “diáspora cultural” y cuenta un poco de su experiencia en Buenos Aires. Por supuesto, también recordamos cómo fue su despido del Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermudez.

Casualmente, el 18 de mayo del año pasado, Día Internacional de los Museos, Régulo Pachano cerró por última vez la puerta de su oficina como presidente del CAMLB. Había recibido una solicitud: por órdenes del gobernador del estado Zulia, Omar Prieto, debía abandonar su cargo de presidente de esa institución cultural. En tres palabras: fue destituido, despedido, botado luego de haber laborado allí durante 28 años, primero como abogado, luego en el cargo de director y finalmente varios años como presidente.

El Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermudez es un modelo de gestión cultural venezolano / Foto: Cortesía Versión Final

—Recuérdanos cómo fue esa salida tuya del CAMLB ¿Tuviste alguna diferencia con el gobernador Prieto, porque todos los demás del régimen chavista y madurista habían respetado tu cargo por lo menos durante 18 años? 

Mi salida se debió a una decisión política del gobernador Prieto. Así se me informó, que necesitaban al frente de la institución a una persona que fuera afecta al gobierno regional, y que ellos consideraban que yo no reunía esas condiciones. Se me dijo, además, que se me iban a garantizar mis derechos en relación a mis derechos laborales, como la jubilación y el pago de mis prestaciones, pero a estás alturas ninguna de esas dos acciones se me han cumplido, incluso, extraoficialmente me enteré que no me darán la jubilación… dicen que no me corresponde.

En cuanto a que si tuve o no alguna diferencia con Omar Prieto, debo decirte que no; siempre se le han asignado espacios que solicita la gobernación para una que otra programación cultural, o evento, incluso Prieto presentó su programa de gobierno allí en el CAMLB; lo que sí puedo decirte es que en ningún momento conversé con él… fue con el único gobernador del estado que no tuve interacción.

Así fue el día en el que Regulo Pachano se despidió de la presidencia del CAMLB / Foto: Cortesía Panorama

Al país de Carlos Giménez

Regulo Pachano tuvo sus acercamientos con el arte, la cultura y el movimiento creativo zuliano desde muy temprana edad. Todavía recuerda la misión que le encomendó el director del Centro de Bellas Artes por esos años, Óscar D´Empaire: asiste y atiende al director de teatro Carlos Giménez en el estreno de la obra Bolívar en Maracaibo.

“Por esos años ya yo estaba estudiando derecho pero el gusanito de la cultural y de la producción y todo lo que tuviera que ver con arte en mi región, ya lo tenía adentro. Desde ese entonces nació una hermosa amistad con Carlos Giménez, con Williams López y con todo el equipo y elenco de Rajatabla y siempre nos dimos la mano en todo. Yo considero que esa fue mi entrada por la puerta grande al mundo de la gestión cultural”, rememora Regulo mientras ambos comentamos acerca de las vueltas que da la vida, porque así como Carlos Giménez se marchó de su Argentina para encontrar el éxito en Venezuela, ahora es Pachano quien es valorado en el país sureño.

—¿Cómo llegas a Buenos Aires y al Teatro Colón?

Tengo necesariamente que echar unos años atrás para decir contar que a los pocos días de graduarme de abogado Lía Bermudez me propone que me vaya a trabajar con ella en el proyecto de la apertura del Centro de Arte de Maracaibo, y lo primero que hago es crear la Sociedad de Amigos del Centro.

Como buena maestra que siempre fue, la señora Lía me insistía: “hay que formarse y a la vez quiero que te vayas relacionando con todo el mundo cultural de aquí y de allá”. Así hice y comienzo a participar en eventos internacionales, entre ellos en las reuniones de la Red de Centros Culturales de América y Europa, conozco a mucha gente y entre esas personalidades a María Victoria Alcaraz, hoy día la directora general del Teatro Colón de Buenos Aires. El año pasado ella se entera que me destituyeron del CAMLB e inmediatamente me llamó y me ofreció formar parte de su equipo de asesores principales quienes trabajamos con ella directamente.

Pachano con su “maestra”, la artista Lía Bermudez, creadora y fundadora del Centro de Arte de Maracaibo / Foto: Cortesía Regulo Pachano

Después de 28 años en un solo cargo, casi la mitad de tus 42 de tu recorrido profesional dedicado a la cultura, ¿cómo ha cambiado tu vida al venirte a Buenos Aires? ¿Cuál es tu primera idea de lo que es el trabajo que desempeñas aquí?.

—Entiéndase esto de la mejor manera que lo puedo decir: nunca había valorado tanto la capacidad, la respuesta, la formación en gestión cultural que teníamos nosotros en Venezuela como lo he hecho ahora. Cuando llego aquí y se me empieza a reconocer por mi trayectoria, por mis conocimientos, pienso que eso se lo debo todo a Venezuela, y por supuesto a mi familia y a Lía: logré hacer una maestría en Gestión Pública, un master y tengo un doctorado en Investigación y Ciencias Gerenciales, pero todo eso yo lo aprendí en el oficio, dando a mi país y en el hacer del día a día.

Yo creo que tengo una cualidad y es que soy un comunicador por naturaleza, en el sentido de que soy fácil para hacer relaciones, me adapto a todos los gusto y eso ha sido uno de mis elementos positivos a mi favor a mi llegada acá y yo no he sentido un cambio drástico. Hay muchos códigos compartidos en esta ciudad porteña conmigo como maracucho, desde el humor negro, el training de trabajo , desde muy temprano hasta altas horas de la noche, de lunes a lunes, aquí nada se detiene y están abiertos a las nuevas ideas.

—A propósito de esa apertura de la que hablas en encuentras aquí, al menos en el contexto profesional y laboral en el que te mueves, ¿cómo observas y calibras el desempeño y el aporte que pueden estar dando los artistas y creadores venezolanos en Argentina?

No podemos negar que uno de los grandes aportes aquí en Argentina es el ejemplo que ha dado el Sistema de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles, creado por el maestro Abreu; lo digo muy emocionado porque yo considero que es la mejor siembra que hizo Venezuela en todos esos años de bonanza petrolera, y lo digo por la visión social y de futuro que tuvo Abreu, porque resulta que en este inédito fenómeno de migración venezolana los primeros que están dando la cara, a todos los niveles, son los jóvenes músicos que formó El Sistema, son los más visibles en sus altos niveles de rendimiento y formación.

En Argentina reconocen y recuerdan que Venezuela tuvo, durante esas décadas de los años 80 y 90 del siglo pasado, el liderazgo y el papel preponderante en la cultura y el arte de Latinoamérica, y aquí, en gran parte se nos han abierto las puertas a los venezolanos por ese reconocimiento. Pocos países de América lograron materializar un teatro como el Teresa Carreño, o un Museo de Arte Contemporáneo como el de Caracas, y un programa educativo, social y musical, que ya se ha exportado e instalado en más de 60 países, como lo es El Sistema. No existe otro país de América Latina con una infraestructura cultural tan desarrollada como la de Venezuela, no solo en Caracas sino también en ciudades como Valencia, Maracay, Maracaibo, Barquisimeto.

—¿Crees que el arte venezolano pueda llegar a impactar y a hacer aportes concretos a la cultura de este país con tanta y prolífica tradición artística? ¿Cómo es tu visión de lo que puede ser dentro de unos años?

Creo que vamos hacia un proceso mucho más importante que sería el de integración. En esta etapa, por estos años, ahora, nos están incluyendo, pero visualizo que ese proceso de integración va a darse con resultados ampliamente positivos. Lo más importante para dejar una impronta, como la que dejaron los argentinos que tuvieron que migrar a Venezuela durante las décadas de los años de 1970 y 1980 (y esto lo converso con muchos venezolanos que están aquí y otros que recién están llegando) es que nuestros artistas tengan los criterios claros de lo que van a hacer, que los niveles de calidad y de entrega de sus creaciones sean de excelencia, porque esta es una gran oportunidad y no nos podemos defraudar a nosotros mismos como venezolanos.

Para Regulo Pachano ha sido lamentable que el Estado venezolano no reconozca la inversión que hizo en la formación de talentos y profesionales en el sector cultural / Foto: Panorama

—¿Cómo observas la diáspora artística y creativa venezolana en otros países como Colombia, Estados Unidos, Chile o México por ejemplo?

Lo primero que debo señalar respecto a tu pregunta es que hay que tomar en cuenta cómo esos procesos creativos, en su mayoría individuales, se insertan en las políticas, las identidades y sectores culturales de esos otros países, es decir, que en esto no se puede generalizar porque cada país tiene sus propias políticas y movimientos culturales. Pero hay países que se han abierto más a esta diáspora creadora venezolana, por ejemplo, la reapertura del Teatro Nacional de Panamá la están asesorando un grupo de venezolanos, y ellos lo primero que indicaron es que tienen que abrir un concurso (replicando al Malva aquí cuyo concurso para la dirección lo ganó la venezolana Gabriela Rangel) para elegir al gerente y sé que allí hay venezolanos que están aspirando.

Por otra parte, la dinámica de los Estados Unidos es distinta, es una sociedad más atomizada, más compleja y mucho más global, pero sé que allá los artistas plásticos y los músicos de nuestro país están teniendo mucho reconocimiento. En lo que respecta a los países andinos, Colombia, Perú, Ecuador, Chile se están dando procesos de inserción de los artistas  venezolanos más lentamente. Sin embargo, hay acciones importantes ya identificadas como es el caso de Chile donde la gente del teatro venezolano  está destacando, además nuestros compatriotas descubrieron que ese país tiene programas prioritarios en el orden de lo social y comunitario, con atención en centros penitenciarios y a niños de la calle y han puesto en marcha emprendimientos de esa área y están siendo muy solicitados.

—¿Podrías hacer una selección de cinco proyectos, programas o acciones del arte venezolano que consideres que han despuntado en Buenos Aires?

Por supuesto. Sin duda la orquesta Latin Vox Machine, y más recientemente la Sinfónica Internacional de Buenos Aires, la cual debutó hace un mes con el joven director Jesús Parra al frente; luego está el tema de los emprendimientos gastronómicos, que son varios, con establecimientos y negocios donde venden desde mandocas, pastelitos, tequeños, empanadas deliciosas y eso me parece una contribución muy importante para dar a conocer nuestras tradiciones culinarias; hay un emprendimiento sobre el café muy bueno aquí, que va acompañado de charlas sobre el producto venezolano; luego está el tema audiovisual, área en la que destacan venezolanos sumado además al esfuerzo anual del Festival de Cine Venezolano, y en teatro han destacado las propuestas de Marisa Román y Jennifer Gasperi. Pero en general hay una grupo de artistas de todas las disciplinas que están buscando su nicho dentro del competitivo mundo artístico argentino.

Integrada por músicos venezolanos, en su enorme mayoría de El Sistema, la Sinfónica Internacional de Buenos Aires (SIBA), debutó el mes pasado bajo la dirección del maestro Jesús Parra / Foto: Regulo Pachano

—¿Para ti cuáles deberían ser las características del trabajo que los creadores y artistas venezolanos que migran deben desarrollar, en el caso de Argentina que es donde te mueves ahora?

Primero, a pesar de que Argentina está abierta y poco a poco los argentinos comienzan a acercarse a las propuestas de los venezolanos, siempre el producto del trabajo de los venezolanos tiene que tener el norte de la excelencia, deben ofertar con niveles de calidad, manejar el concepto de lo artístico y lo estético. Aquí en la Avenida Corrientes, por nombrar la zona más emblemática, tienen un show en cada esquina y el artista venezolano que venga a trabajar en el mundo de las artes tiene que definir muy bien sus criterios, eso le mantendría en el tiempo ante una sociedad y un público muy exigente, que tiene años y años formándose y viendo y asistiendo a lo mejor del arte.

Aquí hay que apuntar al profesionalismo, porque sino llegas, presentas tu espectáculo y a los seis meses ya no existes, en Buenos Aires hay mucha competencia y más allá de las aperturas que el país tenga siempre somos extranjeros, por mucho apoyo, por mucho reconocimiento que nos den.

Regulo Pachano en Buenos Aires y al fondo el icónico Teatro Colón, considerado entre los 10 teatros más espectaculares y prestigiosos del mundo / Foto: Cortesía Gustavo Bahuer

—¿Como visualizas tu el movimiento cultural que debe engendrarse en Venezuela en los próximos años y cuál sería la contribución que los creadores que han tenido que migrar pueden hacer?

Pienso que la participación y la contribución de quienes estamos fuera debe centrarse en un proceso de concertación, de invitación, de reconocimiento a la historia cultural venezolana desde lo institucional, lo público y lo privado, porque todo lo que se gestó en Venezuela durante los últimos 40 o 50 años convirtió a Venezuela en un referente en materia de gerencia cultural; lo primero es hacer un reconocimiento a toda esa gente, a esos protagonistas que ahora más bien se ha nutrido afuera y se ha fortalecido.

Pero también creo que va a haber una reacción natural de nosotros los y hacedores gestores, y si las condiciones se llegan a dar dentro de una pluralidad, dentro de una verdadera concertación y participación, la gente del sector cultural es la que voluntariamente va a llegar porque es reencontrarnos con nuestra identidad, con nuestros valores, con nuestra sensibilidad, con lo que nos ha permitido pararnos en el mundo articulando y siendo grandes promotores y difusores de nuestros talentos y conocimientos en el exterior…, que es lo que están haciendo los músicos, modestamente lo que estoy haciendo yo y muchos otros gestores culturales, lo que están haciendo los hombres y mujeres del teatro y de las artes plásticas… creo que eso va por allí.

—¿En tu opinión, qué es lo más doloroso y / o lamentable que ha ocurrido con el sector cultural venezolano durante estás últimas dos décadas?

Lo más lamentable e imperdonable es el tema de lo que invirtió el Estado venezolano en la formación de artistas y de gestores y gerentes culturales. Muchos crecimos y nos formamos en Venezuela y nuestro país nos becó. Entonces, ese no reconocimiento, esa desinversión, ese provocar la fuga de talentos para mi es muy triste y, repito, imperdonable. Es muy doloroso el maltrato que han recibido muchos artistas y creadores, los que han hecho la historia cultural del país por más de medio siglo.

—A un año de vivir en Argentina y más allá de tu labor en el Teatro Colón, ¿qué quisieras emprender aquí, qué quisieras hacer en esta etapa de tu vida?

Esta pregunta es extraordinaria y me la planteé a los 15 días de haber llegado aquí, porque aunque me contrataron por dos años aquí también hay cambios por los vaivenes políticos. Y me puse a pensar que me encantaría revelar otras cualidades, otras identidades de mi país aquí. Pensé y soñé con un proyecto gastronómico que revele los sabores, olores, sonidos de la venezolanidad, con un nivel extraordinario. Tener una semana de comida mantuana, con música y lecturas dramatizadas de la época. Por mi experiencia del CAMLB se puede conseguir un espacio que adecuemos para mostrar más de los que somos los venezolanos. Y a mis 57 años de edad no me da miedo a estar sentado en la caja de un restaurante o en la taquilla de un teatro si sigo mi pasión de toda la vida: la cultura y el arte.