La guerra de precios del petróleo entre Arabia Saudita y Rusia explotó en medio de la pandemia y el valor del crudo en los mercados internacionales marcó mínimos históricos. El acuerdo alcanzado recientemente en la OPEP, para limitar las cuotas de extracción y recuperar los precios, todavía no surte el efecto esperado de alcanzar un punto de equilibrio que lo coloque por encima de los costos de producción.

Hay causas multifactoriales que la COVID-19 ha exacerbado, tales como, reducción sensible de la demanda, altos inventarios en almacenamiento y costos asociados a los procesos productivos que limitan una drástica contención de la oferta.

En casi todo el mundo, los consumidores de los productos derivados se han beneficiado gradualmente del efecto que la caída de los precios del petróleo ha tenido sobre la gasolina, el gasoil, kerosene  e incluso, aunque en menor proporción  del gas doméstico y vehicular.

En México la Organización Nacional de Expendedores de Petróleo ha solicitado la asistencia del gobierno para evitar el cierre de estaciones que ya no pueden seguir operando a pérdida por la caída de las ventas. En Panamá, una treintena de gasolineras se acogieron al cierre temporal por la reducción de la demanda motivado a la restricción de movilidad. En Costa Rica, fue autorizada la suspensión del turno nocturno de suministro  de gasolina, pero los expendedores aseguran que se trata de una medida coyuntural pues disponen de suficiente inventario.

La otrora portentosa industria petrolera venezolana está en estado de postración. Aunque PDVSA achaca los problemas a la aplicación de las “sanciones unilaterales”  la verdad es que el deterioro largo y progresivo se asocia con la corrupción y los déficit de caja para inversiones y mantenimiento que han minimizado la capacidad operativa de extracción de crudo y refinación de productos derivados. La gasolina es subsidiada y se comercializa a valor irrisorio por debajo de los costos de importación y distribución. 

Unas pocas estaciones de servicio funcionan de manera intermitente con custodia de efectivos militares y vigilancia de funcionarios policiales y son públicas las denuncias sobre venta de combustible de manera irregular, hasta por encima de un dólar el litro.

Por estas calles el racionamiento de gasolina parecía incidir en la efectividad de la cuarentena, lo que se intentó hacer ver inicialmente como un remedio ha resultado peor que la enfermedad.

Choferes, motorizados, transportistas de carga y pasajeros se agolpan en torno a las pocas estaciones de servicio habilitadas en un plan de distribución preferencial para determinadas actividades esenciales.

En algunas regiones están implementando un programa de suministro basado en el terminal de los números de placas de los vehículos. Hay conductores que pernoctan en torno a las gasolineras y describen que la contingencia es más dramática que la vivida en ocasión del llamado “paro petrolero” del año 2002. Unas pocas gasolineras operan, solo un  turno, y la discrecionalidad en el suministro se está convirtiendo en una explosiva situación.

¡Amanecerá y veremos!

@digiampaolo