Un video recorre el mundo, a través de las redes sociales, con una velocidad  tal que compite con la vertiginosa propagación del nuevo coronavirus. Se trata de una cuadrilla de porteadores de ataúdes ghaneses que desarrollan un ritual festivo durante los actos fúnebres, en medio de una algarabía con música y danzas para acompañar al ser querido a su última morada. 

Ghana, es el país del oeste africano que registra más casos activos de la pandemia, aunque es uno de los que tiene, en ese continente, la tasa más baja de fallecimientos en proporción a su población.

La muerte y el respectivo duelo que ella supone tienen características más dramáticas en otras latitudes del mundo. En toda Europa hay conmovedoras despedidas y solitarios sepelios. La República de San Marino, enclavada en el norte de Italia, ha visto morir a cuarenta de sus ciudadanos pero esa cifra representa el índice más alto de fallecidos sobre la base poblacional en todo el mundo.

Bélgica también lidera las estadísticas de fallecidos per cápita y su Primera Ministra sostiene que la transparencia les obliga a incluir los casos registrados tanto en hospitales como geriátricos y domicilios particulares.

Un caso aparte resulta Chile, en Latinoamérica, que contabiliza la misma cantidad de casos activos, que de recuperados gracias a la incorporación de los fallecidos en la estadística debido a que “ya no son una fuente de contagio”, según sorpresivamente admitió su Ministro de Salud.

Son unas doscientas mil personas en todo el mundo las que han fallecido a consecuencia directa de la COVID-19. A las políticas públicas se les juzga por sus resultados. Muchas acciones y planes están siendo evaluadas en pleno desarrollo de la pandemia. Una cuarta parte de los decesos han ocurrido sólo en Estados Unidos, que es la nación con mayor número de muertos, y la inmensa metrópolis de Nueva York ha debido recurrir a fosas comunes para enterrar a las víctimas cuyos cadáveres no son reclamados.

En la amazonía brasileña ocurre otro tanto y el alcalde de Manaos describió la situación como de calamidad pública. La OMS no ha instruido la cremación como protocolo para la disposición de los cuerpos pero China y más recientemente en Perú la asumieron como práctica regular en los casos vinculados a la pandemia.

Muchas muertes habrían podido evitarse y el esfuerzo se centra ahora en aplanar la curva de contagios. Aunque en Venezuela el número de fallecidos ha alcanzado una decena de personas las funerarias han restringido el funcionamiento de las capillas.

Rezos y plegarias en soledad parecen ser el signo distintivo del luto y el duelo en estos tiempos de pandemia y la gente, en la más estricta intimidad, llora la pérdida de sus seres queridos.

Independientemente de la causas del fallecimientos la muerte ronda las calles. ¡Amanecerá y veremos!.

@digiampaolo