Mal Incendio, cocuy de agave silvestre producido por el joven larense Miguel Dudamel, tiene tres versiones: Casimira, de 36 grados; Hachero, de 43 grados y Cascabel, de 53 grados. Su “presentación en sociedad” se efectuará este sábado 6 de marzo, a partir de las 11:30 a.m. en el Café Tecc del Museo de Arte Contemporáneo

Nació con la poesía en el nombre, aunque con la geografía distante de las tierras áridas de Lara. “En este país donde siempre fui un arbolario/ un mal incendio un inesperado voladizo”, escribió el poeta trujillano Víctor Valera Mora. Ese mal incendio de Valera Mora le puso nombre a uno de los sueños del joven larense Miguel Dudamel. Y Mal Incendio se llama la marca de cocuy que Dudamel está produciendo y que presentará en Caracas este sábado 6 de marzo en una fiesta gratuita para la que no se necesita invitación.

Mal Incendio no solo es por Valera Mora, explica Dudamel. Es, también, por la terquedad de seguir en Venezuela. Por razones familiares -que él decidirá si cuenta o no públicamente- el muchacho de Barquisimeto, el “sujeto urbano” (como se define a sí mismo) se interesó desde siempre en el semiárido de Lara y se acercó a los productores enraizados en la magia y la lucha política. El cocuy siempre ha sido una bebida de gente misteriosa, profunda, afirma, y confiesa que su abuelo era bebedor de este licor.

El año pasado un amigo le pidió conseguir garrafas de buen cocuy, y acometió la tarea de buscarlo. Terminó conectado con afectos, con la idea de montar un alambique y animado a mostrar que lo que se vende en Caracas “no es cocuy sino aguardiente de azúcar y melaza”.

Dudamel se entusiasma al hablar sobre el cocuy, sobre la tradición que lo acompaña, sobre las dificultades para llegar a las plantas grandes, sobre la poesía del nombre. “El mal incendio es un incendio que te aviva”, subraya.

Su Mal Incendio, cocuy de agave silvestre, tiene tres versiones: Casimira, de 36 grados; Hachero, de 43 grados y Cascabel, de 53 grados. Cada nombre tiene su por qué. Cascabel, por su experiencia personal con la serpiente cascabel y los campesinos. Hachero, por un muchacho de 26 años que corta las plantas, y Casimira, por su burrita.

Las etiquetas son otro regalo; esta vez, para la vista, porque tienen un cachicamo como figura destacada. El mamífero es un homenaje a su abuela María, de 93 años, que cuando el Miguel adolescente se encerraba en su mundo le decía que estaba en una cueva como un cachicamo.

Al ardor de la bebida y de pasapalos de Lara (incluido el agave salteado con ají, una exquisitez), Dudamel comparte los detalles de la preparación de su cocuy: el primer paso es llegar a las plantas; se corta con hacha, se le quitan las hojas. Quedan piñas que son sacadas en burro y que son colocadas en huecos forrados con piedras. Siete días de cocción, otro viaje en burro, el paso por el alambique y la prensa dan continuidad a un proceso que termina con la fermentación y el destilado en calderas de hierro. Cada mes se producen unos 32 litros de Cascabel y unos 80 litros de las otros dos preparaciones.

Mal Incendio se presentará este sábado 6 de marzo en el Café Tecc del Museo de Arte Contemporáneo, en una fiesta que comenzará a las 11:30 am abierta a todo el que quiera acercarse. La pachanga incluye un festival de discos de vinil y la participación de siete DJ. Este cocuy especial -que no por serlo cuesta más que otros- se puede comprar en Trópico 70, la tienda-bar del investigador musical Marcel Márquez ubicada en Altamira.

El próximo paso de Mal Incendio será su versión caraqueña, con sabores de la capital y en alianza con Trópico 70. Para que el fuego no muera.

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