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Lunes, 10 de Diciembre de 2018

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Yo Sí he visto a Linda

Yo Sí he visto a Linda
- Foto: Tomada de http://elmanana.com.mx/

Linda es un ejemplo emblemático de resiliencia.

Linda ha llevado su denuncia al mundo. Esta vez ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos y el sentado en el banquillo de los acusados no es su agresor, sino el Estado

Mucho antes de que las actrices de Hollywood dijeran “de mí también” usted abusó, que centenares de atletas en Estados Unidos denunciaran al entrenador que las forzaba sexualmente y que miles de feligreses confesaran violaciones sexuales por parte de sus santos párrocos, en Venezuela, ya habíamos visto a Linda Loaiza gritando que un hijo de papá la había secuestrado, torturado y violado durante meses.

Como a Linda, decenas de miles de mujeres, niñas y adolescentes son violadas sexualmente en otros países. Un hombre (algunas veces, varios) valiéndose de su fuerza bruta y poder social, las atropella, las humilla, les roba el goce y las deja encerradas en su dolor, rabia e impotencia. Pocas denuncian la violencia machista. Tratándose de sexo, la vergüenza es mucha.

Linda Loaiza, así con nombre y apellido, fue de las primeras mujeres en Venezuela y, posiblemente en el mundo, que se atrevió a hacer pública su tragedia y con el tiempo la convirtió en una causa política a favor de quienes, como ella, han sido violadas sexualmente.

Linda hizo de su tragedia una gesta por orgullo personal y por trazar jurisprudencia para que otras mujeres no pasen por lo que ella ha pasado al denunciar la violencia machista ante la policía y los tribunales, que no es lo mismo que ante la justicia. Linda es un ejemplo emblemático de resiliencia.

Hemos visto el rostro de Linda deformado para siempre, como su cuerpo y parte de su vida, por el poderoso agresor. Nos ha conmovido su caso, hemos sido testigos de su lucha por años para que se haga justicia en el lugar que se cometieron los delitos. La impunidad ha vencido si del agresor hablamos legalmente, pero Linda ha ganado la batalla. Ella tiene la admiración, el apoyo y solidaridad de mucha gente mientras el agresor es repudiado.

Linda ha llevado su denuncia al mundo. Esta vez ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos y el sentado en el banquillo de los acusados no es su agresor –quien desde hace años, amparado por el poder político de su familia y un sistema judicial corrupto, pasea por cualquier calle– sino el Estado venezolano.

Y el Estado venezolano, representado por un gobierno que se dice defensor de los derechos de las mujeres, insólitamente, se limita a pedir disculpas. Es como decir: disculpe usted que la violaron y fuimos incapaces de hacer justicia, la próxima vez seremos más cuidadosos. ¡Qué bolas! Machismo en la cuarta y en la quinta República.

Pero Linda no está sola, ni se callará y cuando no tenga oportunidad de hablar, lo haremos nosotros, lo harán otros, en Venezuela y en el mundo. Las mujeres defendiendo sus cuerpos y derechos y los hombres protestando porque otros se comportan como bestias cuando de mujeres se trata. Denunciaremos siempre la violencia machista y las injusticias del sistema.

El clima mental mundial es que sigue predominando la impunidad para los agresores de mujeres pero igual que no pasarán: hombre que ofenda, se burle, abuse, insulte, hiera o mate a una mujer tiene que ser condenado aunque sea social, moralmente, como Hollywood y Linda Loaiza están logrando hacerlo.

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