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Domingo, 22 de Abril de 2018

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Arte y Cultura

Desde este fin de semana se presenta en el Trasnocho la obra más importante de Fausto Verdial

Un clásico imperdible: "Los Hombros de América" es una declaración de amor a Venezuela

Un clásico imperdible:
El éxodo de los venezolanos, el regreso de quienes ya no son ni italianos, ni españoles, el drama del ir y venir del inmigrante está presente en "Los Hombros de América" - Fotos: Jonathan Lanza - Contrapunto
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  • Andreína Gómez
  • Sábado, 14 de Abril de 2018 a las 12:14 a.m.

El doloroso tema de la migración, del éxodo de venezolanos, tuvo a un dramaturgo visionario: Fausto Verdial. Más vigente que cuando se estrenó, hace 27 años, y dirigida por Héctor Manrique, es un clásico que todas las generaciones deben ver

Hace 27 años Fausto Verdial hizo una declaración de amor a Venezuela, cuando protagonizó su obra autobiográfica Los Hombros de América. De una manera sencilla y en clave de humor, puso sobre las tablas el conflicto de los exiliados que soñaban con volver a su tierra, para recuperar la vida que habían dejado al partir. La obra, que transcurre en tres actos, cierra con la conclusión de que su identidad ha cambiado y que, al echar raíces, el viaje de retorno se vuelve inútil.

Esta pieza se escribió en el momento histórico en que muchos españoles regresaron a su lugar de origen, tras la muerte del dictador Francisco Franco. Para entonces, el autor logró poner en el discurso escénico el desasosiego que implica perder la nacionalidad.

Más de dos décadas después de haber mostrado la realidad desde la óptica de quienes concretaron su aventura en Venezuela, Los Hombros de América se presenta en el Teatro Trasnocho, bajo la dirección de Héctor Manrique, para retomar el tema del éxodo de venezolanos como telón de fondo.

El argumento de la obra no ha variado. Las acciones suceden dentro del apartamento de unos vecinos asentados en la avenida Urdaneta de Caracas, quienes desahogan sus frustraciones y exponen sus visiones sobre la vida del inmigrante.

En esta oportunidad, Héctor Manrique vuelve a encarnar el papel protagónico, como un homenaje a su entrañable amigo, Fausto Verdial. Comparte elenco con Martha Estrada, Juan Carlos Ogando, Marcela Girón, Pedro Borgo y Stefany Frade.

Manrique "pone el dedo en la llaga", a través del teatro protagonizando Los Hombros de América

La producción es de Carolina Rincón, la puesta en escena cuenta con el diseño de vestuario de Eva Ivanyi y la iluminación de José Jiménez, un equipo indisoluble y profesional que se ha encargado de mantener intacta la esencia de la obra.

El texto es el original, ese que en 1991 tocó la fibra de quienes agradecían a los inmigrantes su entrega y amor por esta tierra. Sin embargo, ofrece nuevos elementos dramáticos, que de igual forma logran conectar al espectador con la realidad de la Venezuela de hoy.

—¿Qué significa hacer esta obra en el contexto de una realidad inversa a la que plantea la pieza original de Fausto Verdial?, le preguntamos a Héctor Manrique.

—La obra de una manera muy poderosa nos habla sobre lo que nos está pasando. Cuando se estrenó en 1991, había una idea muy distinta de quien se iba de Venezuela porque el contexto era otro. En este momento la gente se conecta de forma inmediata con el argumento de que los problemas viajan en maleta.

Yo ya había tenido una experiencia muy parecida a esta, cuando la obra se estrenó en 2004 en el Festival de Teatro de Miami, en el que un buen número de público cubano se manifestó identificado porque representaba para ellos una realidad dolorosa. Lo mismo sucede en este momento tan traumático, de tan profundas heridas familiares que deja el vacío de quienes se han ido. Aquí puede aún plantearse el drama para el que se quiere ir, y del que se fue y no sabe si es mejor regresar.


—¿Cómo es encarnar ahora el personaje principal, que en su estreno contaba la historia personal de Fausto Verdial?

—Precisamente le dije a los actores durante un ensayo que esta obra significa mucho para mí, porque es una forma de tener cerca a personas muy queridas que ya no están con nosotros.

La década de los 90 me dejó varios duelos porque se fueron personas muy importantes en mi carrera como actor. Primero murió mi maestro Enrique Porte, y seguidamente José Ignacio Cabrujas, quien dirigió la obra en su estreno, y más adelante ocurrió la muerte del propio Fausto. También se fue de Venezuela mi maestro Juan Carlos Gené, circunstancia que me obligó a crecer de pronto.

Sin duda, este es un homenaje a todos ellos y también a todos aquellos con los que compartí escenario y que ya no están entre nosotros, como Alejo Felipe y Juan Manuel Montesinos. Es entonces, una forma de agradecer lo mucho que aprendí de ellos. También mantener vivo el pensamiento de cada uno de estos creadores, para que otros venezolanos y gente de todas partes del mundo los conozca y se conecte con el arte que nos legaron.


—¿Cómo ve la obra desde la óptica de un venezolano que tal vez enfrenta la misma disyuntiva del personaje central?

—Me toca profundamente. Yo nací en Madrid y con una calle de por medio con Fausto Verdial. Yo me crié en la calle El Pez y Fausto en la calle Pelayo, y ambos compartimos siempre anécdotas de la vida allá, pero nunca añoramos regresar. Aprendimos a amar este país. Cómo ves, la obra me toca desde muchos puntos de vista, porque cuando interpreté al hijo del matrimonio del español con la venezolana, había una parte de mi realidad plasmada allí.

Ahora me toca desde la óptica del hombre maduro que está plantado aquí con dos hijas que nacieron en este país. Yo tengo muchas razones para seguir luchando aquí, pero también vivo la angustia de todos los venezolanos que se debaten entre resistir o emigrar. Es una situación muy compleja la que estamos viviendo, como complejo es el argumento que inspiró la escritura de esta obra. La situación del personaje principal es muy aleccionadora, porque en el fondo es la expresión de un personaje que deja ver su gran sabiduría popular y es allí donde normalmente encontramos las más precisas reflexiones.


—¿Cuál es la gran lección que nos deja "Los hombros de América"?

—La obra se centra en dos españoles exiliados, quienes dejaron el país por razones políticas, en medio de la Guerra Civil. Los jóvenes, y todo el que estaba metido en la lucha por la libertad, fueron obligados a tomar partido, porque si llegaba el ejército de ocupación a tu casa tenías que decidir si estabas con ellos, y si no, tenías que correr. En el caso de los personajes que creó Fausto eran dos republicanos que vivían con la esperanza de volver cuando cayera Franco. Uno de ellos mantiene esa obsesión de vengar lo sufrido y busca la pelea, se expresa con ofuscación y rabia. Ese termina siendo víctima de una enfermedad que le impide adaptarse, pero ambos confrontan el drama de no hallarse ni acá ni allá. En esta condición están con la vida suspendida.

También hay un contraste interesante que Fausto logró dibujar con absoluta maestría en esas dos visiones, ya que el personaje que interpreto yo, es ese que echó raíces porque se casó con una venezolana y tiene un hijo de acá, lo cual hace que se sostenga de una manera distinta.

La obra comienza el día que muere Franco y que el matrimonio de españoles intenta convencer al otro para volver. El segundo acto es el reencuentro con España; y el tercero es la muestra del fracaso de no haber encontrado nada y el sufrimiento de la derrota que supone sentirse extranjero en la propia tierra. Creo que la gran lección que nos dejó Fausto es una invitación a no perder energía en aquello que no se pueda cambiar, y, por el contrario, dedicarse a lo que se pueda construir.

—¿Algún otro descubrimiento personal?

—Yo, Héctor Manrique, quiero expresar como lección que los venezolanos tenemos que reencontrarnos para frenar las fracturas que ha provocado en la sociedad la situación actual. Todos los países que han pasado por una división social, producto de la ambición política, han logrado resurgir a través del reconocimiento de uno y del otro. Nada que aniquile al contrario puede mantenerse incólume. Todas las divisiones producen atraso y dolor en las sociedades. Por eso, me siento tan identificado con las palabras finales de este personaje Enmanuel, quien no se siente un oportunista y declara que no tiene nada que hacer en el lugar donde no pudo luchar para construir lo que ahora hay. Creo que nos invita a continuar construyendo y luchar por el lugar que hemos escogido para estar.

—¿De la misma manera que lo expresa en la obra, Héctor Manrique sigue su lucha por mantener vivo el teatro venezolano, y por seguir adelante con el Grupo Actoral 80, a pesar del desalojo de la sede que tuvo en comodato en Parque Central?.

—Nuestras cosas están desperdigadas en casa de algunos amigos y familiares. Es una lucha titánica la que mantenemos a diario. Así nos enseñaron los que vinieron de lejos a buscar su vida en Venezuela y así nos mantenemos hasta que más podamos. Sólo espero no cansarme.

Para reencontrarse con este clásico del teatro venezolano, Los Hombros de América, los espectadores tienen la posibilidad de asistir al Trasnocho Cultural desde este 13 de abril, con funciones los viernes, a las 6:00 pm, y los sábados y domingos, a las 5:00 pm. Las entradas estarán a la venta en Ticketmundo y taquillas del Trasnocho, en el Centro Comercial Paseo Las Mercedes.

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