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Jueves, 14 de Diciembre de 2017

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Resurrección, insurrección y masturbacción (O ¿qué pasó ayer?)

Resurrección, insurrección y masturbacción (O ¿qué pasó ayer?)
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Una mirada crítica sobre las "invocaciones" recientes a la fuerza militar: "Tenemos héroes con un solo adjetivo, no nos hace falta el guioncito, ni el verde oliva que le sigue"

Esto lo estoy escribiendo el lunes, aunque la desinformación y el caos temporal y mental han alcanzado tales dimensiones desde ayer que igual podría decirles que estoy haciéndolo el jueves al mediodía, hora de Naguanagua, a medida que usted va leyéndolo.

Tuvimos un domingo de resurrección e insurrección en Venezuela, no sólo por la reaparición del capitán Guanaguanare, que ya se había manifestado en rebelión en 2014, o de un poco de generales y otros componentes militares pasados al olvido, como Carratú, Peñaloza, Salazar o González González (parecía un capítulo de FAN the Walking Dead), sino por el resurgimiento del peor espíritu militarista de un sector de la oposición, de ése que se mueve por las redes con la francamente ridícula máscara de “Anonimous”, insultando a la MUD cada vez que puede, sin cesar de exigir, desde algún lugar seguro del mundo (que incluso podría estar en el país), que los venezolanos salgan a la calle a enfrentar a los colectivos y sus socios en la masacre (la GN, la PN y el SEBIN).

Un domingo de desfile militar, con Tanaguarena apareciendo con uniforme del ejército y con el de la Guardia Nacional; con Suárez Chourio y su tropa en la coreografía “todo es silencio y calma”, y Padrino López rapeando varias horas después del anuncio de Cabello que la sublevación estaba controlada.

Aquí empiezan las preguntas: ¿por qué Cabello declarando primero y no el ministro de la defensa?, ¿cómo hace un guardia nacional dado de baja para tomar una instalación del ejército?, y ¿qué tiene que ver la proclama –con todo y el ataque gratuito a la MUD– con el robo de un centenar de fusiles y algunos lanzagranadas?

Mientras observábamos el linchamiento virtual de Rocío San Miguel, por haberse apresurado a afirmar lo que muchos sospechábamos, me acordé de una crónica de Bruce Chatwin, que por suerte se encuentra en uno de los veinticinco libros que el azar permitió que nos trajesemos, y cuyo título coincide con el de una novela de Irma Acosta –nuestra olvidada Franςoise Sagan–, pero sin el “carajo”: ¿Qué hago yo aquí?

Chatwin se encontraba en Benín en la década de los setenta, recogiendo información para un libro sobre la trata de esclavos (El virrey de Ouidah), cuando lo sorprendió un golpe de estado contra un gobierno sospechosamente parecido al nuestro, autoproclamado socialista, con carteles y pendones con imágenes del presidente comandante flanqueado por los rostros de Lenin y Kim Il Sung. Todos los blancos eran sospechosos de ser soldados de fortuna, por lo que Chatwin terminó detenido junto a un ingeniero francés y tres ornitólogos belgas, en un cuartel lleno de soldados nerviosos y al borde de una ejecución rápida. Aunque fue golpeado y amenazado, terminó bajo la protección del comandante del puesto, un coronel que lo llevó a su despacho y lo puso al tanto de la situación.

El oficial apoyaba el golpe y estaba harto del tratamiento de “camarada”, entre otras cosas. Le contó que un avión lleno de mercenarios había aterrizado en el aeropuerto de la capital, y que varios sectores del ejército apoyaban el levantamiento. Al rato presenciaron en televisión una proclama del presidente pidiendo a la población asesinar a los mercenarios y a los traidores que los apoyaron. Horas más tarde el coronel estaba muerto en el patio y Chatwin de vuelta en un calabozo.

Eventualmente fue liberado y se enteró de que todo fue una trampa: los mercenarios habían sido contratados por el gobierno y las escaramuzas fueron una puesta en escena para hacer que los militares descontentos salieran a la luz.

No es la primera vez que asocio este relato con la situación venezolana, también pensé en él después del golpe de 2002, no porque hubiera sido teatro gubernamental, sino por la impresión de que el gobierno sabía que se iba a dar y lo dejó correr, para que los conspiradores dentro de las fuerzas armadas se hicieran visibles. Lo que la vilipendiada Rocío San Miguel denomina un falso positivo. Aunque aquel se le fue de las manos.

Pienso lo mismo en este caso: es una concha de mango (el Chigüire bipolar se apropió de las otras metáforas ad hoc para esta situación); y si no lo fuera, si el capitán Manicuare realmente realizó esta operación militar, igual me parece una acción que tiende a favorecer más al régimen y su constituyente totalitaria, y a dar cierta base en el exterior a la opinión de que existe una oposición golpista, que a apuntalar a la oposición democrática tan agredida y denostada ayer durante la orgía ciberespacial cívico-militar.

De allí la referencia a la masturbación, a ese pajazo que tienen rato alimentando a cuenta de adolescentes muertos (haz el test de Milagros Socorro, trata de recordar los nombres de tres de los muchachos muertos en los últimos cuatro meses, sin recurrir a tu teléfono inteligente), voces anónimas especulando o descalificando con convicción castrense, e imágenes de policías y militares disfrazados como héroes de videojuego. Onanismo virtual que sería inofensivo si no buscara eyacular en el rostro de los que siguen buscando una salida democrática.

Tenemos héroes civiles, alcaldes y dirigentes vecinales presos, diputados que han expuesto sus vidas y la seguridad de sus familias, socorristas, estudiantes y ciudadanos que han enfrentado como republicanos y demócratas a una represión feroz. Tenemos siete millones seiscientas mil personas que fueron a votar el 16 de julio, y una mujer humilde asesinada por atreverse a hacerlo. Y empleados que han sido despedidos por no haber asistido al fraude constituyente, y a centenares de personas que no recibirán más bolsas CLAP porque se hartaron de la extorsión, de esa ruindad en que se ha convertido el chavismo. Tenemos héroes con un solo adjetivo, no nos hace falta el guioncito, ni el verde oliva que le sigue.

¿Se acuerdan de aquella mañana de febrero del noventa y dos? ¿Recuerdan lo que sintieron? ¿Qué recovecos de nuestro espíritu iluminó y qué espacios de la razón eclipsó? Sólo espero que estén consciente de adónde nos llevó. Dejen de invocar las cachuchas y las armas, nunca han sido una solución. Son parte del problema.

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