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Miércoles, 12 de Diciembre de 2018

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Arte y Cultura

“No se puede fotografiar lo que uno no es”

¿Qué pide, qué promete y qué debe pagar Jorge Luis Santos a la fotografía?

¿Qué pide, qué promete y qué debe pagar Jorge Luis Santos a la fotografía?
El fotógrafo Jorge Luis Santos, en la galería Tresy3 - Foto: Nelson González Leal

Al decir “no se puede fotografiar lo que uno no es” estamos hablando de honestidad, que es una de las principales características que debe tener un fotógrafo autoral. Jorge Luis Santos.

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  • Nelson González Leal
  • Domingo, 22 de Mayo de 2016 a las 5:35 a.m.

Una muestra que resume el fervor penitente del venezolano, da pie para conversar sobre la pasión y la honestidad que exige el arte de escribir con la luz -¿o será con los píxeles?-

En la galería Tresy3 de Las Mercedes, sobre sus blancas paredes, de rodillas, con las manos atadas a la espalda, descalzos sobre el asfalto ardiente bajo el sol del mediodía, en risa o en llanto, pero siempre con rostros plenos de pasión, de esa misma pasión que sostuvo a Jesús de Nazareth en su suplicio, avanzan los penitentes de Jorge Luis Santos. Hombres y mujeres de Villa de Cura, Estado Aragua, de Tinaquillo, Estado Cojedes, de Chacao, Estado Miranda y del Distrito Capital de Caracas, retratados en pleno cumplimiento de las promesas realizadas a cambio de una cura, del logro de un proyecto que generalmente tiene que ver con la vida y la familia, o de la salvación del infierno. Caminos que parecen tortuosos, pero que con seguridad significan poco frente a la petición concedida por el santo (o la santa; da igual porque al final se trata de una divinidad religiosa que no exige retruque, pero a la que igual hay que cumplirle, no vaya a ser que se revierta el favor concedido o que mañana se necesite de otro). Caminos que se trazan sobre el papel fotográfico en una sobria escala de grises en clave media y alta. Rostros, pies y manos que relatan historias vastas, frente a las cuales el fotógrafo parece empequeñecerse, en la medida en que crece su respeto por aquella gente y por el fervor que manifiestan y que se cuela por el lente de la cámara fotográfica para generar imágenes vibrantes.

“Pido, prometo y pago” es una muestra fotográfica que enaltece la devoción, la fe, el misticismo. Ya habíamos visto esto en “Palmero es fe y cerro”, el trabajo más popular de Jorge Luis Santos, fotógrafo venezolano reconocido en Brasil, Cuba, Ecuador y Argentina por su trayectoria documentalista, enfocada en tres temas fundamentales: espiritualidad, naturaleza y sexualidad. Acá existe la reiteración del tema: lo espiritual convoca a la mirada reflexiva, aguda y cercana – so pena de ubicarse lejos, no en distancia sino en fortaleza emocional; ese efecto del que habló Robert Capa al advertir “si tu foto no es lo suficientemente buena, es porque no estabas lo suficientemente cerca” –. Lo espiritual aquí es materia visual de una primera realidad que se mantiene sobre la imagen fotográfica y que, además de revelar un claro contracampo: la propia fe del autor, invita a la reflexión sobre un pequeño fragmento de nuestra identidad nacional, para sabernos, para conocernos y comenzar a pagar con la vehemencia debida el don de ser venezolanos.

La muestra “Pido, prometo y pago” se mantendrá en la galería Tresy3 hasta finales de mayo. Y allí, en el jardín de aquel espacio expositivo, rodeado de fervorosos penitentes, me encontré con Jorge Luis Santos para conversar sobre fotografía, sobre devociones, sobre la vida, que al fin y al cabo son el mismo asunto. Allí descubrí la veta comunicativa del autor y quise aprovecharla para elaborar una entrevista que pudiera funcionar también como una especie de guía a los fotógrafos iniciantes y como un acto de ponderación del quehacer fotográfico en medio de nuestra realidad nacional. Leamos el resultado.

Hay algunos fotógrafos que consideran que lo digital le ha hecho daño a la fotografía por diversas razones: la cantidad de fotos que se capturan con cierto descuido, por ejemplo, dado que el trabajo con negativo te obliga a mirar mejor, a preconcebir la toma. ¿Qué opinas de esto? ¿Con cuál formato trabajas?

Actualmente estoy trabajando en los dos formatos. Por ejemplo ahorita trabajo con una Hasselblad y de hecho el rollo de treinta y seis me genera nada más veinte tomas, entonces imagínate lo estricto que hay que ser, por eso es que muchas veces apunto y no disparo. Pienso que está llegando un momento de reflexión donde ese tiro loco que es la ráfaga se hace cada vez más raro. Lo normal es que las escuelas (de fotografía) te digan “dispara en digital, pero con el concepto analógico”. Y en ese sentido pienso que fue negativo, porque se supone que tú tienes una tarjeta de 16 gigas en la que puedes disparar a lo mejor 900 o 1000 fotografías, porque estás convencido de que eso es gratis. De lo que no te enteras es de que la edición fotográfica no es gratis, porque antes agarrabas 4 rollos y hacías 144 fotografías y eso lo revelabas y editabas en un par de horas. Editar 1000 fotografías en digital te puede llevar tres o cuatro días. Después tienes que guardarlas en tu disco duro y si tienes una política de backup adecuada deberías grabarlo duplicado en el disco duro de la máquina, en un disco duro externo y además en un sistema de almacenamiento fuera de la casa. Entonces imagínate el tiempo que debes emplear cada vez que haces 1000 fotografías y tienes que editar y además resguardar en cuatro discos, y por otro lado imagina la cantidad de información que estás guardando, de la cual probablemente buena parte sea basura.

Me llama la atención el énfasis en el reguardo del trabajo fotográfico, expresado así en un país que no se caracteriza precisamente por tener una cultura afinada para el respaldo de la memoria. Creo que incluso son pocos los fotógrafos que se dedican a establecer un esquema completo para cuidar esto…

Mira, mientras trabajo disfruto cada momento, pero siempre lo hago con un criterio de trascendencia, que se trata básicamente de dejar memoria para cuando haya muerto. Por eso soy fiel creedor del concepto editorial en la fotografía, porque el libro es la mejor forma de conservar memoria para un fotógrafo y además tiene una movilidad impresionante. Tú puedes montar una exposición y te puede quedar bellísima, pero una vez que la desmontas, si no queda un catálogo, no quedó nada. Y si logras vender obras, pues la exposición queda desmembrada. La mejor forma y el mejor discurso tú lo das en un libro. Y es lo mismo, es la idea de dejar registro de tu paso como fotógrafo para el futuro. Pero igual tienes que tratar de dejar las directrices de cómo quieres que se presente tu obra. No se trata tampoco de dejar tus discos duros o tus negativos para que después otro revise la obra. No, tú debes sentar bases claras de cómo quieres que sea leída, porque sino siempre habrá una interpretación del otro y no la del propio autor.

Tienes una frase que funciona como especie de leitmotiv o quizás de alma de tu trabajo: “no se puede fotografiar lo que uno no es”. Sin embargo, hay muchos fotógrafos que trabajan en áreas o situaciones que no los reflejan como personas, como ellos son. Fotógrafos que registran la violencia, por ejemplo, para exponerla, denunciarla, son profesionales que no son violentos. ¿Cómo quedaría esa frase frente a estos casos?

Al decir “no se puede fotografiar lo que uno no es” estamos hablando de honestidad, que es una de las principales características que debe tener un fotógrafo autoral. Esto quiere decir que cuando hago mis trabajos, estoy adentro, que es algo que me interesa, que me importa. Pero también ese fotógrafo que hace calle y que cubre violencia, aunque no es violento, tiene un interés por denunciar, porque si no, no sería fotógrafo, sobre todo en las nuevas generaciones. Quizás los fotógrafos de la prensa antigua –y cuidado, estoy hablando de fotógrafos de prensa y yo desconozco mucho lo que es ese mundo, pero bueno, tengo muchos amigos allí-, quizás en el pasado al fotógrafo simplemente lo mandaban a la calle, le entregaban los rollos, él los devolvía y se desentendía de esas fotos. Pasó con muchos fotógrafos que no se preocuparon por resguardar esta obra, porque para ellos era sólo trabajo. Pero el fotógrafo actual, el joven actual, tiene otro concepto. Él sabe que es autor y tiene su impronta en esa fotografía. Entonces cuando lo envías a cubrir la calle verás que regresa con imágenes que reflejan su interés. Además en las escuelas y en las redacciones te lo dicen: tú eres autor, así que necesitamos fotos que sean tuyas, que estén también dentro de tu centro de interés, que estés tú como autor detrás de esa foto y en ese sentido es que “uno no puede fotografiar lo que uno no es”. Al final tú estás en tu fotografía.

Otra frase tuya que puede resultar polémica: "Ser apasionado en la fotografía vale más que el mismo talento…"

Hay mucha gente talentosa, hay gente con suficiente dinero para comprar una buena cámara, e incluso que tiene el tiempo, pero que no tiene la suficiente pasión por lo que está haciendo o no ha conseguido ese tema que le apasiona y eso se nota. Cuando tú eres apasionado, trabajas, trabajas, trabajas y no hace falta que tengas tanto talento, ni tanto ojo. Si lo tienes, pues maravilloso, pero definitivamente los trabajos salen más por constancia, por tener ganas, y eso se le dice a los chamos. No importa si las primeras fotos no te salen bien, si a ti te gusta va a llegar el momento en que te salgan bien, va a llegar un punto donde conseguirás lo que quieres. Eso sí, hay que ser honesto. Tú tienes que hacer los trabajos que realmente te interesan, no es un asunto de moda, no puedes estar haciendo fotografías porque al salón tal le gustan las fotografías así, o porque en ese salón está el jurado tal y cual. Cuando eres honesto la foto sale bien y tiene interés porque se nota al autor, tiene autoría. Y es que al final la fotografía es exposición de uno mismo, es una forma de desnudarse, entonces tienes que hacerlo con pasión para que salga bien.

Dostoievski escribió que la humanidad sabe mucho más sobre sí misma de lo que ha registrado en la literatura. ¿Esto puede aplicarse también a la fotografía, cuando ha pretendido resumir en una imagen el conflicto esencial de la humanidad o la esencia espiritual de la misma?

Supongo que en la fotografía pasa algo similar a lo que se establece en esa cita con la literatura. En todo caso tú lo que recoges es un pedacito de la supuesta realidad una vez que estás trabajando con una cámara y escoges si es blanco y negro o color, el tipo de lente, o si te acercas o no te acercas, el ángulo que eliges, qué excluyes o qué no excluyes. Al fin de cuentas la gran mentira que se derrumbó es que la fotografía era verdad. La fotografía no es verdad, no es ni siquiera tu verdad, es un recorte de la realidad de un momento muy específico. Por eso es imposible en fotografía abarcar el todo, eso es muy pretensioso y hasta estúpido. En esta muestra "Pido, prometo y pago", por ejemplo, yo no puedo decir que estoy representando las promesas en Venezuela. No, esto fue lo que se me presentó a mí, lo que logré conseguir, lo que logró darme la gente, es mi visión, que puede ser además una visión mentirosa. Yo no lo estoy diciendo como mentira, pero es mi lectura, que no tiene porqué ser real tampoco, porque tiene que ver con mi realidad, con mi cultura, con lo que he leído, con las películas que he visto. Entonces, finalmente, tú fotografías con tu cultura.

Los elementos o temas que parecen definir tu trabajo fotográfico son la naturaleza, la espiritualidad y la sexualidad. Todas manifestaciones esenciales de lo humano, pero en clave nacional. ¿Qué te motiva a realizar durante tanto tiempo un registro sostenido de estas manifestaciones espirituales venezolanas?

Es una pregunta difícil, pareciera que es fácil de responder después de tener tantos años trabajando, pero no. Yo sé que es una necesidad. Y sí, las tres patas fuertes de mi mesa son esas: naturaleza, espiritualidad y sexualidad, lo que no quiere decir que no me salga en ocasiones de eso. Yo supongo que son búsquedas, y aquí caemos en el tema de la honestidad y en el tema del espejo. Hay fotógrafos que dicen que hacen fotografía espejo y otros que dicen que hacen fotografía ventana. Yo hago fotografía espejo, es decir, yo estoy reflejado en las fotografías que hago, y sí, ese reflejo viene de una necesidad, de un respeto, de una búsqueda de reafirmación en lo que se cree.

Y eso que crees está circunscrito al ámbito venezolano. Insisto en esto porque en una época se estableció como una especie de moda el ir a buscar imágenes espirituales en lugares como la India, al punto que se estableció la idea de que fotógrafo que se preciaba, tenía que fotografiar en la India…

Sí, el famoso cuento de salir de Venezuela… Mira, eso se lo he dicho a mis amigos, yo no tengo necesidad de ir a China, ni a África o a la India a hacer fotografías por buscar una estética, sabiendo que aquí hay tanto por hacer. No sé, no tiene mayor sentido ir a buscar afuera lo que tenemos tan cerca. Aquí hay demasiado para fotografiar, lo que hay es que meterse, hay que investigar, tienes que coger tu carro y recorrer, hacerte de una base de amigos que puedan pasarte datos, recomendarte, recibirte. Una vez unos muchachos en un taller que di en Argentina me preguntaron ¿qué fotografiar? Les dije “ustedes tienen que buscar el barrio que está al lado de su casa y allí hay historias”. Debo decirte que no descarto ir alguna vez a la India, ya yo fui a fotografiar a Cuba, por ejemplo, pero lo importante es ir con un proyecto. En Cuba el proyecto no se dio. Yo traje algo, pero no el proyecto que fui a realizar, y por eso tengo que volver. Ahora, ir a Cuba sólo porque está de moda…

Has dicho que para fotografiar necesitas estar adentro, eso significa pasión, pero también tiempo. Definir también un trabajo autoral exige paciencia, inmersión y el logro de una marca personal. ¿Cómo lograr esto en una época que exige velocidad y prontitud, en especial para la fotografía?

Yo admiro muchísimo la forma como trabajan los fotógrafos de prensa. Ellos tienen que salir en la mañana a resolver y en la tarde tienen que regresar con 7 u 8 fotografías para que el editor del periódico escoja 3. Yo no puedo trabajar así, porque es verdad, necesito tiempo. Necesito una intimidad real. Llegar a la casa de la gente, tomarme un café con ellos, hablar, que me muestren el álbum de fotos familiares, para continuar al día siguiente y que estén más o menos acostumbrados y así poder sentirme en ambiente. Es decir, no puedo llegar como un mercenario, o no tengo la capacidad de llegarme de golpe. Entonces, yo necesito estar adentro y tiempo para reflexionar. Uno de mis trabajos más conocidos, el de los palmeros, por ejemplo, lo realicé del 2006 al 2014. El libro se imprimió en 2011, pero yo seguí trabajando con ellos algunos proyectos que no se han sacado por razones económicas. Hoy en día son grandes amigos. Yo llego a Pedregal y soy amigo de ellos, no es necesaria la cámara. Igual pasó con el trabajo de los abuelos, que también es en Pedregal, con el de los locos. Claro, a veces hay trabajos que por ser puntuales te dificultan intimar, pero igual haces contactos.

Eres un fotógrafo que trabaja en color y en blanco y negro. ¿Qué te lleva a uno y qué te lleva a otro?

Depende del proyecto. Lo decido casi al principio. Yo creo que tengo más facilidad de trabajar en blanco y negro, porque yo trabajo las formas más que el color. El color es un lenguaje distinto, puede ser la misma cámara, inclusive la misma forma de encuadrar, pero el color tiene que decir algo, debe estar ahí por algo. Por ejemplo uno de los casos donde me di cuenta fue en el trabajo con los palmeros. Allí comencé en blanco y negro, con película, y las fotos se realizaban en la montaña, pero percibí que lo que me interesaba eran las formas, porque aquella cantidad de verde no me daba mayor información. Después hubo un trabajo que se llama “Diabladas color caribe”, donde evidentemente el color es importantísimo, porque cada una de las diabladas de Corpus Christi trabajan con colores distintos y por lo general muy chillones, así que lo hice en color. Pero por ejemplo cuando hice “Santos casi locos”, que tiene las mismas características de “Diabladas color caribe”, con trajes muy coloridos, me di cuenta de que no me interesaba el concepto de que eso se viera como un carnaval, que me interesaban más las formas, las expresiones de los bailes, los brincos, y entonces eliminé el color. Además, hoy con la fotografía digital tienes la capacidad de hacerlo, capturas en raw y luego decides si pasas a blanco y negro o te quedas en color.

Pasar a blanco y negro desde la captura en raw, que es en color. Aquí hablamos de edición digital y hay fotógrafos que aprovechan las ventajas de esta plataforma para resolver la imagen en el software. Con esto pareciera que ya dejó de ser importante capturar correctamente, pues todo se resuelve en el Photoshop o el Ligthroom. ¿Cómo ves esto?

En principio la fotografía tiene que salir de la cámara, eso de que yo lo arreglo después significa mucho trabajo y para mí no tiene sentido, no tengo ganas de perder tiempo. La foto tienes que tenerla en la captura. Yo, por ejemplo, reencuadro poco, de 100 fotos 1 quizás. Los elementos que están en la foto son los que la componen y los que van. Yo trabajo con los conceptos de la fotografía documental clásica y me parece lo honesto, aunque no tengo ningún problema con quien no lo hace. El problema no es hacer edición fotográfica, mientras se haga con honestidad, sobre todo en trabajos documentales. Otra cosa es cuando haces fotografía de construcción. Allí tenemos el famoso caso de McCurry, ese señor nos vendió una mentira. Yo tengo trabajos donde la edición es clara. En “Las Diosas encarnadas”, por ejemplo, pero allí no hay engaño. Si tú intervienes una fotografía para quitar a un niño, sacar un brazo, dime entonces desde el principio que tú eres un fotógrafo de construcción y no un documentalista. Pienso que la foto tiene que salir de la cámara, no porque sea mejor ni peor, sino porque me estoy ahorrando trabajo. Considero que la construcción fotográfica es válida para esa línea de trabajo, pero si estoy haciendo fotografía documental para decirle a la gente que eso que muestro pasó así, no debo agregarle ni quitarle elementos a la imagen.

¿Dónde te ubicas como fotógrafo frente a la realidad política del país?

Yo separo mi interés fotográfico y mi interés como venezolano. Evidentemente estamos sufriendo esta realidad, carísima, y está demás decir que ni la entiendo ni la comparto. Pero no me veo haciendo fotografía de protesta. Admiro a los amigos que lo hacen, pero yo no lo hago porque hay un asunto de miedo, de no tener esa capacidad de ser arriesgado, ni la necesidad de sentir esa adrenalina. Vi muchas imágenes del tema de las marchas y de las guarimbas, las protestas, y llegó un punto donde ya no lograba ver más porque me afectaron mucho y aun cuando es mi realidad, no es un tema con el que me interesa conectarme fotográficamente. Lo hago desde otro ámbito. Me interesa como venezolano, pero no fotográficamente. Además, en estos 17 años han pasado cosas culturalmente que también son interesantes de documentar. Y no se trata sólo de decir que hay otra Venezuela, porque es evidente que hay muchas, y que lo que pasa no es únicamente el asunto de hacer las colas. Además, ya para eso hay bastantes fotógrafos.

En esa misma línea de curiosidad, te pregunto: ¿qué ve un fotógrafo que no ve un político?

Es posible que nosotros veamos más en corto, más directo. El político, en general, ve las cosas como muy macro, y ya no hablemos de los intereses que son casi siempre personales. Pienso que ellos ven la realidad en una capa que no viven, no se acercan. Ellos no hacen cola, ninguno. Les importa poco comprar bachaqueado porque tienen buenos ingresos, tienen sus dólares asegurados para viajar. Ellos no viven la verdadera realidad y mientras más arriba menos, porque además los engañan y se dejan engañar. El fotógrafo, y más el de prensa, vive el día a día y vive más de cerca el sufrimiento. Eso te permite ver mejor cómo se han degradado las cosas, como se ha politizado para mal incluso la cultura.

Por último y para estar a tono con la ambientación, te pregunto: ¿qué le pides, qué le prometes y qué debes pagarle a la fotografía?

¿Qué le pido? No, no le pido nada. Por norma de vida no pido nada. Yo creo en Dios, por eso nunca pido, sino que doy gracias, porque me ha demostrado que me da más de lo que necesito. Prometo honestidad. Y el pago, supongo que lo mismo. Pero pedir no. Más bien yo no pago, yo recibo mucho de la fotografía, porque finalmente termina siendo una excusa de vida, para meterte, para viajar, para conocer gente y hasta para cambiar tu forma de pensar.

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