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Martes, 26 de Septiembre de 2017

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Por un puñado de rupias (100)

Por un puñado de rupias (100)
Rupias del Soberano Reino de Hyrule. Imagen tomada de http://nerdgasmo.com -

¿Cómo hacemos ahora para calcular cuánto ganaríamos si viviéramos en Venezuela, y los que vivimos en Venezuela, si ya no nos regimos por el patrón dólar y hemos pasado a servir a tres patrones cuyos nombres hacen pensar más en reyes magos malvados

La noche tres mil de la dictadura, el Maharajá Maduro se inclinó entre los cojines para escuchar al holograma de Cilia narrar nuevamente la historia de cómo había llegado a esta posición (acostado entre cojines y almohadas forrados de satén con ilustraciones sacadas de un librito hare krisna), vestido con una piyama blanca y su rostro maquillado al estilo Tarek William, atento a la voz que rememoraba esa semana en que dio un viraje a la historia del reino al cambiar de patrón, es decir, al pasar del patrón dólar al de la canasta mágica integrada por la rupia, el rublo y el yuan. Y en esta parte siempre se preguntaba por qué en dicha cesta no se incluyó también la moneda coreana, el won, tan afín a la idiosincrasia venezolana, y aquí la voz volvía a recordarle aquello de no poner todos los huevos en una misma cesta, won, y que el nuevo aliado de Venezuela, el loco de la otra Corea, no lo hubiera visto con buenos ojos.

Un inesperado giro en la geopolítica hizo que pocos días después, un jueves catorce de septiembre, Putin y los ejecutivos octogenarios del partido comunista chino sacaran sus huevos de la canasta chavista, quedándole una sola opción, invocando los poderes espurios de la asamblea nacional constituyente…

Y hasta allí llegué hace un par de días cuando comencé a escribir este artículo, que iba a titularse “Un cuento de las mil y una clap (atrapadas en un aeropuerto)”, y que debería estar enviando mañana miércoles, antes de irme a trabajar. Seguía con que la ANC anulaba lo de “república bolivariana” y declaraba al país “principado islámico” o, como diría Nicolás, un insultanato. Y pensaba incluir también algunas anécdotas para dar un toque “oriental” a la crónica: la de unos milicianos muertos al tratar de encantar mapanares guardadas en cestas de moriche con flautas plásticas donadas por el sistema de orquestas juveniles del jeque Abreu; y una lámpara mágica con la que distintos dirigentes del PSUV –y sus cuarentas ladrones–revivirían y matarían la momia de Chávez, una y otra vez.

Pero se me acabó el carburo, el relato perdió interés para mí mientras leía sobre las primarias de la MUD, el terremoto en México, el huracán Irma y el buenismo en las redes (y el pensamiento mágico que cree que los ciclones tropicales andan por ahí haciendo mandados políticos), y las noticias y desmentidos en torno a Santiago Maldonado mientras varios sectores de Buenos Aires amanecieron inundados sin que hubiera ningún huracán, al menos ninguno oficial, o con los papeles en regla.

Se trata de mi artículo número cien, escritos a lo largo de un centenar de semanas sin haberme saltado ni una, por lo que quería hacer algo especial, porque de verdad nunca creí que fuera a durar tanto. Pero quizás por eso mismo me ha costado burda y he postergado la redacción a través de las lecturas de una novela extensa y absorbente de Philip Roth, una breve e interesante, aunque irregular, de un escritor argentino que no conocía, José Sbarra, y una inacabable historia de Europa bajo el nazismo coordinada por Arnold Toynbee; más cualquier artículo sobre literatura o política que aparezca en las redes, así no me interese o incumba (sobre quién o qué es Jorge Lanata y si tiene o no talento literario, por ejemplo, o sobre el separatismo catalán y su posible influencia en la provincia del Chubut, lo que naturalmente es o podría ser un artículo de Jorge Lanata).

Esta tarde, en un nuevo intento por sacar adelante la crónica, aprovechando los tiempos muertos en el trabajo, cambié el título por el que lleva ahora (que espero sea el definitivo y por eso no voy a mencionarlo aquí) y traté de iniciarlo con algunas preguntas.

¿Bombay Today? ¿Cómo hacemos ahora para calcular cuánto ganaríamos si viviéramos en Venezuela, y los que vivimos en Venezuela, si ya no nos regimos por el patrón dólar y hemos pasado a servir a tres patrones cuyos nombres hacen pensar más en unos reyes magos malvados que en casas de cambio o canastas monetarias? Rupia, Rublo y Yuan vienen por lo que queda por raspar, extraer o succionar de nuestro subsuelo. También puedes pensarlo en versión de Serenata Guayanesa: “la rupia y el rublo nos quieren saquear, / pero vino el yuan, que nos va a endeudar”.

O a modo de problema de matemáticas: si un dólar –algo así como veinticinco mil bolívares–son sesenta rupias, cincuenta y siete rublos y seis yuanes, ¿cuántos kópec necesitarás para comprar un cartón de huevos, o para hacerte con una bolsa CLAP, o para sobornar a un funcionario cualquiera? ¿Por cuántas rupias se vende Carreño?

¿Y cuánto tiempo pasará antes de que Maduro –el pachá del insultanato– anuncie como nueva religión oficial el culto a Sai Baba? Y considerando que ese doble de Pablo Milanés con bata anaranjada, ese pedófilo místico, murió en 2011, ¿habrá ahora un Baba Francisco?

Y tampoco llegué demasiado lejos. Creía que después de cien semanas sería más fácil escribir un artículo breve, pero no ha sido así; al contrario, cada vez es más difícil escribir sobre el país y sobre lo que nos ha tocado vivir. A veces no parecen alcanzar ni el humor, ni las palabras, ni la esperanza.

Pero vamos a seguir intentándolo mientras nos dejen, y haya alguien del otro lado de la pantalla. ¡Son cien artículos, chamo! Y no has aprendido nada.

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