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Domingo, 23 de Septiembre de 2018

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Del secuestro político al secuestro común: avanzamos hacia una cultura del secuestro

En Venezuela hay comunidades que celebran el secuestro porque el hampa es su "Robin Hood"

En Venezuela hay comunidades que celebran el secuestro porque el hampa es su
Para el abogado criminalista y especialista en negociación de secuestro, Mario Mármol García, la pena por el delito de secuestro debe aumentarse de 40 a 50 años - Fotos: Contrapunto | Jonathan Lanza

¿Cómo es posible que la banda esta que estuvo secuestrando en diciembre, hace año y medio fueron detenidos en la división nacional de secuestro y se puso a la orden del Ministerio Público y de los tribunales, y en un año salieron en libertad? Hay una falla, que no es tanto de las policías como del sistema de administración y aplicación de justicia.

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  • Nelson González Leal
  • Domingo, 11 de Febrero de 2018 a las 9:35 a.m.

El secuestro no es solo un problema delictivo, hoy parece ser un fenómeno de orden social, en el que tanto el Estado como la ciudadanía tienen acciones que ejecutar. Hablamos sobre esto con el criminalista Mario Mármol García, experto en la materia

El delito que más ha crecido en Venezuela en la última década, con un incremento de 300% desde 2009, es el secuestro. Su carácter pluriofensivo lo convierte en una acción delictiva compleja de abordar y por ello las acciones para contrarrestarlo trascienden las medidas policiales directas y demandan la organización de un sistema de seguridad ciudadana, además de una clara política criminal por parte del Estado, que considere la integración de instituciones sociales primarias como la escuela y la iglesia.

En el ámbito cotidiano, el secuestro obliga a cambios de hábitos por parte de los ciudadanos, un reajuste de orden cultural producido por la presión de la "cultura del secuestro", fenómeno del que tratamos en esta entrevista con Mario Mármol García, abogado criminalista y experto en negociación de secuestro.

Desde 2001 el secuestro se dispara como fenómeno social de constante presencia debido al cambio de formato: de una acción delictiva con fuerte carga política, que se ejecutaba básicamente en la frontera por grupos irregulares, pasa a ser un delito practicado por bandas urbanas, integradas por delincuentes comunes y, en algunos casos, por funcionarios policiales corruptos. Lo preocupante es que, como en los casos de secuestros fronterizos, en el área urbana también sucede que algunos sectores poblacionales, generalmente ubicados al margen productivo y socioeconómico, llegan a tener conocimiento y a beneficiarse del crecimiento de la "cultura del secuestro".

El secuestro es "un buen negocio" en la actualidad y un fenómeno delictivo con fuerte presencia en la dinámica urbana, que ha sido asumido por bandas organizadas con influencia en sectores importantes. ¿Cómo contrarrestarlo dada estas características? Intentamos obtener esta respuesta, mientras realizamos en esta entrevista una revisión de las responsabilidades del Estado, de los organismos policiales y de la propia sociedad.

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"El Estado venezolano tiene que enviar un mensaje al delincuente de que este delito no es rentable"

—El secuestro en Venezuela ha tenido un crecimiento significativo, y de ser una acción delictiva de tinte político, pasó a formar parte del menú delincuencial del hampa común, para convertirse en uno de los mayores generadores de miedo entre la población venezolana, y en uno de los negocios más rentables para la delincuencia. Si esto no se para viviremos en un país secuestrado, ¿cómo puede detenerse esto?

—El delito del secuestro es la tercera modalidad delictiva violenta, porque el delito de mayor estadística es el hurto, solo que este no es un delito violento porque se ejecuta en ausencia de la víctima. Eso hace que el secuestro ocupe el tercer lugar entre los delitos más violentos, luego del robo y del homicidio, donde lamentablemente hay pérdida de vida.

¿Cómo podemos contrarrestar la cultura del secuestro en Venezuela? Pues el Estado venezolano tiene que enviar un mensaje al delincuente de que este delito no es rentable para las personas que se van a aventurar a cometerlo. ¿Y por qué digo rentable? Porque quien incurre en el tipo delictual del secuestro hace poca inversión, es fácil de cometer porque el factor sorpresa está a favor del victimario, juega con varios elementos como la libertad y la vida, por eso es pluriofensivo, y esos son los elementos donde vas a presionar para cobrar la recompensa, y cobras una suma altísima en moneda extranjera en un plazo máximo de cinco horas. Entonces el Estado tiene que romper ese esquema.

—¿Y que pasó con la ley antiextorsión y secuestro de 2009?

—Hay que decir que esta surge a partir de que en 2001 se empieza a ver con fuerza el fenómeno del secuestro exprés y del secuestro prolongado. Entonces en 2009 el legislador venezolano hace el proyecto de ley antiextorsión y secuestro, que se materializa en una ley especial –no es orgánica –, que se pensaba suficiente para bajar los índices delictivos en esta materia, pero no fue así, por el contrario, luego de 2009 vemos un aumento significativo del secuestro en sus dos modalidades.

—¿El exprés y el prolongado? Que establecen, además, diferenciaciones en las penas.

—Sí, y esto fue un error del legislador, porque tú no puedes decirles a las personas que hay secuestradores de primera y secuestradores de segunda.

—¿Cómo así de primera y de segunda?

—Claro, por la diferenciación de la pena. Cuando cometes un secuestro exprés tienes una pena de 12 a 20 años, si no recuerdo mal. Y el prolongado, que es el que pasa de 24 horas, va de 20 a 30 años. Con esto, si el secuestrador es muy pila, dice: “Bueno, nos llevamos a la persona a las seis de la tarde y la soltamos a las cinco del día siguiente, para que no se cumplan las 24 horas". Por eso, en mi criterio, desde que haya un traslado, un ocultamiento o el cobro de un beneficio económico o patrimonial por la retención de una persona, hay un secuestro y debe tener la misma pena.

—Esto puede revelar un desentendimiento de la gravedad jurídica del delito.

—Claro, pero fíjate que incluso la ley dice que no tienen beneficios, pero eso es letra muerta. Hemos visto cómo luego de que los organismos de investigación penal hacen su trabajo y de que estos secuestradores son puestos a la orden del Ministerio Público y de los tribunales, vuelven a quedar en libertad al año y medio, o a los dos años. ¡Y la ley te dice que no tienen beneficios! Entonces, en esta materia de secuestro, el Estado debe hacerle entender a las personas que se aventuran en este delito, que en cualquiera de sus dos modalidades van a enfrentar una pena de 40 a 50 años.

Incluso basémonos en el ordenamiento jurídico vigente e impongamos la pena de 30 años completos, pero sin beneficios procesales, ni beneficios en el cumplimiento de la pena. Pero eso no ocurre en la realidad, ¿y cuál es la consecuencia? Que se genera una emigración delictiva.

Te explico: si tenemos un delincuente que atraca quintas o roba vehículos, este puede ver a la ventana del secuestro como más rentable y más fácil de cometer, y además cuando analiza el círculo criminal del secuestro ve que es fácil cometerlo, es fácil mantener retenida a las personas, es rápido el cobro, y si, como dicen en el lenguaje delictivo, 'caen', seguramente que van a estar nada más un año o año y medio presos, lo que aumenta de manera importante la rentabilidad del delito.

"Impongamos la pena de 30 años completos, pero sin beneficios procesales, ni beneficios en el cumplimiento de la pena"

—Hablas de acciones represivas, pero ¿qué hay con las campañas que promueven la denuncia del secuestro?

—Cuando hablo de mecanismos represivos me refiero a las acciones que las policías de investigación, el Cicpc, el Conas, o la Fiscalía del Ministerio Público, ejecutan después de que el delito se comete, y por eso son represivas, eso no quiere decir que van a matar a alguien, sino que sobre sus hombros pesa la parte investigativa de este delito.

Y sobre estas campañas, pues me parecen muy positivas, aunque no son suficientes porque con una campaña vas a extender una mano amiga a un número determinado de la población, pero tienes que ir más allá. Por ejemplo, ¿qué observa la gente cuando va para la división nacional de secuestro? ¿O cuando van para el Conas?

Hay que preguntarle a las víctimas si son bien atendidos, si hay seguimiento en su caso. Hay que preguntarse si hay el personal idóneo allí, si el lugar es idóneo para la atención integral a la víctima, incluso para que pongan una denuncia.

Recuerdo que hace tres años la división nacional de secuestro y el Conas atendían en casas que la ONA decomisó, y allí no habían calabozos, a los presos los esposaban en las escaleras. Entonces, cuando alguna víctima llegaba a denunciar veía a los presos esposados allí y salía huyendo con temor y desconfianza. La pregunta en ese caso es: ¿le estás creando seguridad a la víctima que viene golpeada y chocada psicológica y emocionalmente para que denuncie? Eso te dice que no se trata nada más de implementar una campaña.

—¿Y la desconfianza que ha generado la participación de funcionarios policiales en secuestros?

—Para allá voy. Fíjate, hablamos del seguimiento, hablamos del trato a la víctima, pero hay que preguntarse también si el venezolano de a pie realmente confía en la policía o en la autoridad que va a encargarse del caso.

A mí cuando me piden asesoría generalmente aconsejo que vayan a denunciar, les digo que vayan al Cicpc y al Conas. Pero te cuento que hace poco una señora me dijo: "Cómo voy a ir para el Conas si esos son los que salían a reprimir a los muchachos". Fíjate el problema que se causó con esto. ¿Cómo le creas confianza a la colectividad si las tanquetas, los agentes, los motorizados del Conas, los usaste para un evento político, de control de seguridad del Estado?

Tienes que crear las condiciones para que las personas, amén de la campaña, se sientan cómodas al denunciar, y esto quiere decir que cuando vayan para allá se encuentren con funcionarios debidamente presentados, con una buena oratoria, con un buen nivel de protocolo, pero también con buena capacidad tecnológica. ¿Cómo es posible que los funcionarios a veces ni siquiera tengan material para imprimir, ni cuenten con buena conexión a internet?

Esas deficiencias también las ve la víctima del secuestro, aquella que tiene a su hijo secuestrado. Esa gente me ha dicho a mí: "Doctor, ¿y esta es la gente que me va a rescatar a mi muchacho? Si ni siquiera tienen la capacidad tecnológica, pueden tener mucho amor, mucho recurso humano, pero si hasta las patrullas están cayéndose".

Todo esto se traduce en seguridad y confianza a la ciudadanía.

"Históricamente en Venezuela la institución que tiene más experiencia en la formación del combate a este delito es el Cicpc"

—Siendo el secuestro un delito violento y pluriofensivo, es decir que ataca a la vez a más de un bien jurídico protegible, ¿contamos en los organismos del Estado responsables de combatirlo con un personal debidamente formado, que consiga abarcar de forma integral estas características?

—Espero no herir susceptibilidades con esto que voy a decir, sobre todo a la gente del Conas, pero la verdad es que históricamente en Venezuela la institución que tiene más experiencia en la formación del combate a este delito es el Cicpc, antiguo Cuerpo Técnico de Policía Judicial, antigua petejota. Ellos son especialistas en esta materia, son investigadores, y dentro de su pénsum ven investigación criminal, manejo y negociación de rehenes, manejo de crisis y manejo de secuestro. De verdad que están muy bien formados, incluso en la división nacional contra el secuestro hay funcionarios que pueden tener ya entre 10 y 15 años de experiencia, y ellos a su vez han ido formando a los nuevos ingresos. En el Conas, que viene de ser el GAES, el grupo de antiextorsión y secuestro de la Guardia Nacional, hay muchos funcionarios que vienen de hacer cursos con los especialistas del Cicpc.

—Muy bien, pero me refiero a funcionarios con la capacidad para abordar la pesquisa de perfiles psicológicos y para atender los casos desde esta perspectiva, incluso la asesoría a las víctimas.

—Sí, yo diría que faltarían expertos psicólogos y sociólogos para complementar el trabajo en estas materias, porque ciertamente las personas que pasan por la experiencia de un secuestro, donde hay mucha violencia, sobre todo psicológica, tienen que ser tratadas y asesoradas por especialistas de estas áreas, y eso no lo hay en el Cicpc, y en el Conas creo que tampoco. Sería interesante analizar la posibilidad de que cuando una comisión del Cicpc llegue a casa de una familia víctima de un secuestro, vaya acompañada de un profesional psicólogo.

"Yo quisiera excepcionar a las policías de la carga única sobre esta responsabilidad"

—¿Es el secuestro en Venezuela un delito cartelizado?

—Yo diría que es jerarquizado, o mejor, compartimentado. No me gusta usar la palabra “cartel”, porque está asociada a otro tipo de delito. Es decir, se sabe que hay bandas delictivas que tienen protagonismo en este tipo de delito y que funcionan bajo un esquema donde hay quien manda en determinada zona y desde allí ordena a ciertos grupos en qué áreas de Caracas se debía secuestrar. Por ejemplo, el "Cara Cortada" se iba por los lados de Valle Arriba, el "Flaco" se iba por los lados de Chacao, todos tenían unos puntos, pero el que cobraba era el jefe de la zona. Allí hay una jerarquización y una compartimentación que califica al secuestro dentro de la categoría de delincuencia organizada.

—Creo que la naturaleza y estructura compleja del secuestro demanda que exista coordinación entre las autoridades competentes en la materia y el sistema de justicia penal.

—Claro, este es un delito que debe ser fuertemente combatido no solo por las policías, yo quisiera también excepcionar a las policías de la carga única sobre esta responsabilidad. El aparato de administración de la justicia y el penitenciario tienen gran responsabilidad en esto.

—Pero, ¿siguen las cárceles venezolanas siendo centros de organización y comando de secuestros?

—De secuestro y de extorsión, en una proporción de 70 a 30 a favor de la extorsión, que es un delito primo hermano del secuestro. Y alrededor de un 30% o 35% de los secuestros son planificados y dirigidos desde las cárceles.

"No puede ser que cada cárcel sea un microestado; es decir, aquí cada cárcel tiene un pran y cada pran impone su ley"

—¿Cómo se explica que teniendo a un individuo recluido y focalizado dentro de un recinto penitenciario, pueda este dirigir un secuestro, que requiere de una comunicación contante con el exterior?

—Evidentemente por malas políticas públicas en materia carcelaria. En esto el Estado venezolano está perdido. No puede ser que cada cárcel sea un microestado; es decir, aquí cada cárcel tiene un pran y cada pran impone su ley. Por ejemplo, hemos tenido casos de personas presas por secuestro que se han negado a ir cuando les llega el traslado al tribunal, para que vayan a comparecer a su audiencia preliminar porque el fiscal lo va a acusar, y no ha habido nadie del sistema penitenciario, del sistema de custodia o de la Guardia Nacional que haya tenido la capacidad de apresarlo y hacer el traslado.

Entonces, en este caso pasan dos años para que este delincuente se haga presente en el tribunal, y esto puede ser una estrategia de defensa para exigir que el Tribunal Supremo de Justicia impute por retardo procesal al Estado para lograr una medida sustitutiva de la privación de libertad. Todo esto revela que el Estado ha perdido fuerza en el sistema penitenciario.

—Claro, pero es que hay algo muy simple acá, y que tiene que ver también con tecnología y obvio que con legislación: ¿Cómo pueden tener celulares y hacer llamadas libremente estos pranes? ¿No hubo aquí un proyecto de ley que establecía el control y bloqueo de llamadas desde las cárceles, por ejemplo?

—El problema es que cuando el germen o la bacteria de la política se mete en estos ámbitos, estamos mal. Sí, aquí hubo un proyecto de ley en materia penitenciaria en donde se hablaba de la reclasificación del delincuente, de la aplicación de tecnología para el bloqueo y grabación de llamadas, la implementación del sistema de llamadas por cobrar, donde el delincuente tenía derecho a una llamada semanal que se hacía informando que se trataba de una llamada hecha desde la cárcel tal y se preguntaba si la persona o el número al que se llamaba quería aceptar la llamada, esto para evitar las extorsiones. Ese proyecto fue aprobado unilateralmente por las dos cámaras, la del chavismo y la de la oposición, y hasta ahí llegó. Y ese es un proyecto que beneficia al colectivo, no a uno o al otro bando político.

"Es que la cultura del secuestro ya está, lamentablemente"

—¿Todo esto nos está llevando a que se establezca en Venezuela una cultura del secuestro?

—Es que la cultura del secuestro ya está, lamentablemente. Te pongo por caso una experiencia que tuve en el estado Sucre, donde un señor, en todo su derecho y luego de que la presión policial no funcionó, decidió pagar el rescate, y al momento de ir a entregar el dinero aparecieron no menos de 25 niños para cobrar el botín. ¿De qué te habla eso? Pues de una cultura del secuestro.

O cuando ves otro caso ocurrido en Barlovento, donde secuestraron a tres mujeres que fueron llevadas a un barrio popular y, según su propio testimonio, lograron ver y escuchar, cuando las bajaron del carro donde iban secuestradas, que las personas del barrio aplaudieron porque estaban llegando unas secuestradas, pues estamos hablando de la entronización de una cultura del secuestro.

Y esto sucede porque muchos secuestradores se convierten en una especie de Robin Hood.

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—¿Está funcionando de esa manera? ¿Los secuestradores son unos Robin Hood?

—Conozco casos así, por ejemplo en El Clavo, en El Mango, en San Vicente del Mamporal, donde tuvieron secuestrado por 30 días a un ciudadano español, todo el mundo lo sabía y nadie fue capaz de llamar al 0-800, bien por miedo, bien porque los secuestradores les dieron plata, porque la gente se benefició de este secuestro. Esto señala además una profunda crisis moral, que hace 20 años no existía. Yo tengo 43 años y crecí y me formé en este país, y puedo dar fe de que eso no se veía.

Si en esta situación económica donde no se consigue nada y el dinero no alcanza para nada, llega una persona, planifica un secuestro y le ofrece a la gente dinero por su colaboración, por el uso de casas para retención, dinero resultante del cobro del secuestro, pues sí, podemos estar hablando nuevamente del establecimiento de una cultura del secuestro.

"Las soluciones contra el crimen y la violencia no son policiales, sino sociales"

—Eso nos presenta una perspectiva difícil para la solución del problema, porque si hay una cultura del secuestro establecida, las acciones represivas no tendrían mucho sentido.

—Claro, es que tenemos que hablar de un sistema de seguridad ciudadana, porque, como decía mi padre, las soluciones contra el crimen y la violencia no son policiales, sino sociales. Se puede aumentar el número de policías, el de cárceles, el de cementerios, y no se solucionará el problema, porque en el fondo todo esto se trata de una crisis moral y de grandes fallas en nuestro sistema educativo.

Hay que empezar por crear las condiciones idóneas para una buena educación, para un idóneo sistema de salud, y algo también muy importante, otorgar las condiciones idóneas para la práctica de los cultos religiosos. Fíjate, esto es importantísimo, y sin embargo tú ves que aquí hay un ataque sistemático contra la Iglesia católica. No se han fijado cómo funcionó el plan de pacificación que llevó adelante Lula en Brasil, que acompañó la presencia policial y represiva con la acción de las instituciones sociales primarias: las escuelas, los centros de cultura y las iglesias.

—¿Y la política? Hablo del impulso de la buena práctica política, desde la base social.

—Aquí te repito que en materia de secuestro el Estado ya, a corto plazo, tiene que trasmitirle a los secuestradores que su negocio no es rentable, porque si cae preso cumplirá 30 años de pena y no lo sacará ni el presidente de la República. ¿Por qué? Porque el secuestrador es un deudor social que, como dijimos, ha cometido un delito violento y pluriofensivo. Y los beneficios de reinserción a la sociedad se evaluarán y aplicarán después del cumplimiento de la pena.

¿Cómo es posible que los de la banda esta, que estuvo secuestrando en diciembre hace año y medio, fueron detenidos en la división nacional de secuestro y se pusieron a la orden del Ministerio Público y de los tribunales, y en un año salieron en libertad? Hay una falla, que no es tanto de las policías como del sistema de administración y aplicación de justicia. Y fíjate que hay otros casos destacables, como los de "Vampi" y "Miguelito", que a efectos legales están presos, pero salen cada vez que quieren de la penitenciaría y hablan y se reúnen con políticos. Entonces, ¿qué está pasando allí?

"Hay una falla, que no es tanto de las policías como del sistema de administración y aplicación de justicia"

—Es la pregunta esencial: ¿qué está pasando allí? Y no hay en el estamento político nacional quien la responda con claridad.

—Ni eso, ni se ha mandado un mensaje claro a los delincuentes. ¿Cuándo se ha visto aquí el discurso de un Ministro que sea el que dirige la cartera de seguridad, o del vicepresidente o el presidente de la República donde se diga: “El próximo que secuestre va 30 años preso por orden mía”?, ya que estamos en un país presidencialista y que la política está en todo. Así como el presidente en otras ocasiones se ha tomado el caso para él, ¿por qué no ha dicho: “el próximo que me secuestre aunque sea una persona por una hora, le voy a meter 30 años de prisión”. ¿Por qué no lo ha dicho?

—Esa es otra buena pregunta, ¿por qué no lo ha dicho?

—Pues solo él la puede contestar.

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