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Viernes, 22 de Septiembre de 2017

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Población Lgbti: entre el estigma y la sanción social

Población Lgbti: entre el estigma y la sanción social
Imagen de Daniel Arzole para la televisora Logo, con la cual ilustra el Mes del Orgullo LGBTI. - Imagen tomada de http://hayunalesbianaenmisopa.com

La población Lgbti continua siendo estigmatizada y estereotipada, constantemente expuesta al cuestionamiento, el rechazo y la criminalización de sus identidad y sus preferencias

La represión de las identidades de género y el ejercicio de la sexualidad ha sido construida, naturalizada, propagada y fortalecida por las instituciones sociales, de este modo se prescribió y definió una sexualidad “buena”, “normal” y “natural”; heterosexual, monogámica, genitalizada, coital, reproductiva y en pareja; conducta que según la antropóloga Gayle Rubin se ve recompensada con el reconocimiento de salud mental, respetabilidad, legalidad, movilidad física y social, apoyo institucional y beneficios materiales. Cualquier expresión de la sexualidad ajena a esta previamente definida, es decir: homosexual, sin matrimonio, no procreadora, esporádica, entre otras, es considerada “mala, “anormal” o “antinatural”, y será rechazada, excluida, silenciada, invisibilizada y rigurosamente sancionada.

Los ejecutores y practicantes de preferencias sexo-afectivas no heterosexuales, el libre ejercicio de la sexualidad y las identidades de género que transgreden el binarismo hombre-mujer de acuerdo a Rubin quedan sujetos a la presunción de enfermedad mental, a la ausencia de respetabilidad, criminalidad, restricciones a su movilidad física y social, pérdida de apoyo institucional y sanciones económicas. En la actualidad continúan siendo condenados y estereotipados, es decir, devenidos en estigma, el cual es definido por el sociólogo Erving Goffman como un atributo que vuelve al sujeto diferente de los demás y lo convierte en alguien menos apetecible, malvado, peligroso, débil, reducido a un ser inficionado y menospreciado.

Este estigma sin dudas favorece la construcción de prejuicios y estereotipos que garantizan el mantenimiento y reproducción de otredades y su consecuente discriminación en los diferentes ámbitos de la vida cotidiana. Estos prejuicios según afirma Richard Ashmore en su ensayo Prejudice: causes and cures, contienen cuatro características fundamentales, entre ellas: a) Es un fenómeno intergrupal. b) Es una orientación negativa hacia el objeto del prejuicio, y puede implicar agresión, evitación u otras conductas negativas. c) Es injusto e incurre en una generalización excesiva. d) Es una actitud.

La población de personas homosexuales, lesbianas, bisexuales y transgénero se encuentran constantemente expuestos a la mirada inquisidora, el cuestionamiento de sus identidad y sus preferencias, la ridiculización, la burla, el rumor, el rechazo, la expulsión de los espacios privados y públicos, la violencia física, verbal, psicológica y sexual; la limitación en el ejercicio de sus derechos fundamentales, pero también en el acceso a bienes y servicios que garanticen la satisfacción de su necesidades y calidad de vida en igualdad de condiciones. Esta discriminación se profundiza en los cuerpos "evidentes", es decir, en aquellos en que se ha hecho visible, “se nota” su carácter no normado, que no responde a las expectativas e ideales, por ejemplo los cuerpos transgéneros. No obstante, el rechazo, la exclusión y el estigma contra la población Lgbti se hace manifiesto en distintos ámbitos de la vida cotidiana entre los que podemos señalar:

1.- La educación: Uno de los ámbitos en los que se dan las primeras manifestaciones de discriminación es en el educativo. Afirma el informe La violencia homofóbica y transfóbica en el ámbito escolar: hacia centros educativos inclusivos y seguros en América Latina publicado en el año 2015 por la Oficina Regional de Educación para América Latina y el Caribe. Este tipo de violencia –motivada por la orientación sexual percibida o por la identidad de género–, parece ser la forma de violencia más común, recurrente y explícita en los centros educativos.

2.-Los medios de comunicación: El rechazo en la vida cotidiana a todo lo que transgrede el binomio hombre-mujer y la heterosexualidad obligatoria, ha sido reproducido y reforzado principalmente por los medios de comunicación. En los discursos y representaciones de personajes homosexuales y transgéneros en novelas y programas de variedades, generalmente son asociados a la farándula, en roles y comportamientos estereotípicos caracterizados por el afeminamiento exacerbado, el chisme, el escándalo y la frivolidad; no representan a la comunidad Lgbti y se han constituido como un instrumento para la consolidación de formas de discriminación. Así mismo, en lo que refiere el tratamiento noticioso de situaciones o sucesos que involucran a la población homosexual o transgénero este se caracteriza por obviar e invisibilizar las agendas del movimiento Lgbti, la naturalización de estereotipos, el sensacionalismo, la ausencia de cuestionamiento de las desigualdades sociales y las formas de discriminación que aún persisten en nuestras sociedad; aunado al envilecimiento y culpabilización de las víctimas por la violencia y los crímenes de odio a los que han sido sometidos.

3.-El espacio público: En América Latina es común el control social de los espacios públicos, la prohibición de conductas “homosexuales” o manifestaciones de expresiones de género disidentes al ser consideradas como inmorales, inadecuadas, y que atentan contra la moral y las buenas costumbres. Es decir, se promueve una desexualización y desafectualización de las relaciones no heterosexuales lo cual sin duda contribuye al mantenimiento del privilegio y monopolio de los espacios públicos por parte de la población heterosexual y de aquellos que se adecuan eficientemente al binarismo de género.

4.-El Estado y las instituciones de justicia: ante la ocurrencia de actos concretos de discriminación y violencia el Estado tradicionalmente ha adoptado una postura de omisión e inacción; arguyendo que estos actos al ser una consecuencia de las decisiones y preferencias desarrolladas en contextos íntimos se encuentran fuera del alcance y ámbito de acción de la disertación política, y por tanto, exentas de representatividad e intervención social, al definirse como actos aislados producto de las dinámicas específicas de la vida privada. De acuerdo al informe Violencia contra personas lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersex en América, otra de las formas que pueden ser categorizadas como violencia por prejuicio es la criminalización y estigmatización de la población Lgbti por parte de la jurisdicción, las instituciones formales y los funcionarios del Estado.

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