https://www.facebook.com/BeducenVenezuela/

Jueves, 20 de Septiembre de 2018

Contrapunto.com

Opinión

La duda melódica | Lenguaje, literatura, ideas, humor, política, locuras y otros desvaríos...

Pendejadas

Pendejadas
Imagen tomada de https://www.latiendavenezolana.com -

Hay términos que no son tan "malsonantes" como lo fueron en su origen. Más bien terminan convirtiéndose en metáforas de la realidad. Aquí uno de ellos

Según la reconocida Fundación del Español Urgente (mejor conocida como Fundéu), la palabra del año 2017 en español fue "aporofobia". Algunas de sus rivales más cercanas eran tan curiosas para los ojos y oídos como ella: "machoexplicación"(equivalente del inglés "mansplaining", relacionada con la actitud de condescendencia con que algunos hombres suelen explicar a las damas asuntos que suponen engorrosos para ellas), "aprendibilidad" (traducción literal del inglés learnability), "uberización" (actividad económica, basada en plataformas tecnológicas, de ofertas de servicios sin intermediación). Otras no eran propiamente palabras en su estricto sentido; por ejemplo, "noticias falsas" y "trans". Extraña curiosa, rara, ajena, son adjetivos que podríamos utilizar los hispanohablantes de este lado del Atlántico para caracterizar "aporofobia". Hace poco tiempo, la misma ha sido además incorporada al Diccionario de la lengua española (DLE). Aparece marcada como un "cultismo" y definida como "fobia a las personas pobres o desfavorecidas". Es tan culta, según mi tía Eloína, que nadie la usa, aunque de verdad son muchísimos los que la ponen en práctica. De cualquier manera, cuando usted quiera insultar a alguien que lo fastidia todos los días por los medios, no dude en recordarle el altísimo nivel de aporofobia que demuestra su discurso. Al no entenderle, seguramente lo percibirá como un insulto. Y lo es.

Esta voltereta lexicográfica de apertura obedece a que hace poco llegó a La duda melódica una consulta en torno a cuál habría sido la voz venezolana de 2017. Y mire usted que el asunto ha requerido de un esfuerzo notable porque hubo, hay y habrá tantas candidatas que se hace más que difícil seleccionar una sola. No obstante, comencemos por decir que, igual que en el caso anterior, nuestra escogencia se focalizó en lo inevitablemente político y, para satisfacción del inquiridor, ya la tenemos. Sin embargo, más que ser la del año pasado, parece la de las dos primeras décadas del siglo XXI: PENDEJO.

Recordemos que a finales de 2017 la utilizó una estudiante de bachillerato, mientras hablaba en un evento de la ANC. Lo hizo recordando la letra de una canción de Alí Primera ("...pero dejando de ser pendejos, esa esperanza será verdad..."). Nos sorprendió no lo que dijo la chica, sino la crítica de algunos medios que catalogaron de "soez" el uso del término. El DLE le asigna ocho acepciones distintas y en ningún caso aparece marcada como "malsonante", porque no lo es. Si alguna vez fue considerada "grosería", las generaciones recientes ignoran que en el pasado aludió al vello púbico: "Pendejos son los pelos de la cucaracha, no yo", solía responder un personaje popular de Los Puertos de Altagracia, cuando alguien lo calificaba de tal.

Ese influyente sacerdote idiomático y gurú académico que era don Arturo Uslar Pietri la propuso a mediados de los ochenta del siglo pasado en un programa de televisión, como posible sinónimo de "honesto", para oponerla a "corrupto" ("los honestos somos pendejos", dijo). Justamente, el término aparece utilizado con un significado similar en uno de sus más conocidos cuentos, El cachorro (1949), cuando un personaje le pregunta a otro "¿Eres maluco o pendejón?". Pocos meses habían transcurrido de la ocurrencia del Caracazo. Por ser Uslar un hablante público con mucho prestigio, inmediatamente se le otorgó franca aceptación social, hasta el punto de deslastrarla de su supuesto carácter "vulgar". O sea, nomás expresarla el escritor por la tele, la otrora palabreja se desprendió de su malsonancia e ingresó en los predios de lo tolerable, al menos en ciertos contextos. Después de eso, cada vez que precisa de una fuente incuestionable e indiscutible, la gente suele manifestar "Como diría AUP, todos los días sale un pendejo a la calle, el que lo consiga es de él". El mismo autor proponía en su programa Valores humanos, crear la Orden del Pendejo para honrar la trayectoria de quienes ocuparan cargos públicos con la debida honestidad. El hecho generó incluso una posterior "Marcha de los pendejos", en la que todos los carteles y consignas aludían a diversas "pendejadas".

En fin, hubo algo de exageración y amarillismo al convertir en "noticia" el que fuera utilizada de modo aparentemente inapropiado por una adolescente en una tribuna pública. Podrá decirse que los distintos usos en que puede aparecer son propios de ciertos contextos coloquiales, pero nada de soez. La tradición la ha consagrado popularmente en algunos dichos, refranes y proverbios del español general, que tanta utilidad tienen para referirse, a veces metafóricamente, a diversas situaciones: amor de lejos es de pendejos / todo pendejo es malicioso. Y, tal vez los más ilustrativos de todos al momento de explicar lo inexplicable: los perros abren los ojos a los 15 días, los pendejos, nunca / el pendejo al cielo no va, lo joden aquí, lo joden allá.

Según el Diccionario de americanismos, en varios países es habitual el uso del verbo "(a)pendejar(se)" con el sentido de "hacer o decir necedades o tonterías" (algunas veces utilizado en nuestro país como "apendejearse" para señalar al que actúa como bobo o ingenuo ). De acuerdo con el Diccionario de venezolanismos, "Pandorga" y "penepén" sirvieron alguna vez como eufemismos nacionales suyos. En el Cono Sur suele ser sinónimo de muchacho o chico. En Nicaragua y El Salvador, significa además "persona inútil", aunque es más que evidente que hay diversidad de inútiles que no tienen un pelo de pendejos. En Venezuela la utilizamos también como adjetivo intensificador ("¡pendeja borrachera la que tenía el caballero mientras transmitía su abominable programa!"). Ya para cerrar, coja palco, relájese para leer este que podría convertirse en el lema de alguna campaña publicitaria: nada más peligroso para los pueblos que un pendejo aporofóbico.

Lee también en La duda melódica | Lenguaje, literatura, ideas, humor, política, locuras y otros desvaríos...: Noblezas del Nobel y periodismo de noveles | A veces renunciar es ganar | Cien por siem…pre | Cínico mediador mediado |


Las opiniones emitidas en esta sección son responsabilidad de los columnistas. Su publicación no significa que sean compartidas por Contrapunto.com.

Contrapunto.com respeta y defiende el derecho a la libre expresión, pero también vela por el respeto a la legalidad y al uso de un vocabulario libre de insultos y de contenidos inapropiados a la luz del sentido común y las leyes. En consecuencia, nos reservamos el derecho de editar o eliminar los textos o comentarios que incurran en estas situaciones.

http://www.contrapunto.com/noticia/suspiros-y-galletas-dulce-antojo-coloniero-103816/