https://www.navicu.com/

Miércoles, 19 de Septiembre de 2018

Contrapunto.com

Vida

Dos historias de dos papás que asumieron la responsabilidad total de sus hijos

¡Padres que son todas unas madres!

¡Padres que son todas unas madres!
Jonatan Figueroa con sus hijos (superior) y Félix Allueva con su hija Mariana, se entregaron completamente a la crianza y formación de sus pequeños - Fotos: Collage Contrapunto
  •  
  • Rocío Cazal
  • Domingo, 17 de Junio de 2018 a las 12:32 a.m.

La vida de dos hombres dio un giro de 180 grados cuando tuvieron que afrontar dos roles a la vez: el de papá y el de mamá. En el país del matriarcado, Félix Allueva y Jonatan Figueroa son excepciones, y a ellos y a todos los padres los celebramos hoy

Sus vidas eran, en cierto modo, “normales”: no tan cotidianos pero con algunos excesos en eso de las salidas nocturnas, los disfrutes sociales y hasta encuentros amorosos. Eso sí, casi siempre andaban por la vía sin muchos compromisos ni grandes responsabilidades.

Se trata de dos historias distintas: uno era el hippie rockero, rumbero y mujeriego; otro era un simple pachanguero y viajero que también disfrutaba de la vida hasta más no poder. Pero todo cambió de repente, para bien, cuando llegó a sus vidas un pequeño ser que llevaría su apellido.

Pero el cuento no termina aquí. La responsabilidad se duplicó para cada uno, desde su lado, pues no solo comenzaron a ejercer el rol de papá sino que también debieron cumplir el papel de mamá.

¿Mi profesión? ¡Papá de Andrea!

Casi toda Venezuela sabe quién es Félix Allueva. Sí, ese mismo, el fundador del Festival Nuevas Bandas, que también ejerce labores de docencia, investigación, producción y promoción cultural, además de ser trabajador social con postgrado en psicología. Pero esos cargos en la vida, al parecer, no le bastaban. Algo le faltaba por hacer y, aunque no tenía pensado ser padre, a eso de los 50 años de edad le tocó. Y resultó ser un buen momento, asegura.

“Me había negado toda mi vida a ser padre. Me parecía horroroso ser responsable de una vida. Quería ser hippie, libre y feliz pero, cuando nació mi hija, mi vida cambió radicalmente porque entré en un proceso de alienación absoluta. Dejé de ser yo para convertirme en el papá de Andrea, esa es mi verdadera profesión”.

Sí. Allueva asegura que perdió su identidad, dejó de ser él para adaptarse, concentrarse y darle prioridad a su hija que ahora cuenta con 10 años de edad. “Cuando ella nació sentí una conexión emocional poderosísima. Para ese momento dije: voy a tomar una decisión. Me quiero dedicar a Andrea”. Y así lo hizo siempre, solo que desde hace unos cuatro o cinco años dejó la crianza compartida para asumir la responsabilidad absoluta.

“No me despego. Siempre estoy con ella. Me encargué de mi hija a tiempo completo y somos los dos contra el mundo”, dice con orgullo.

Andrea Allueva lleva 10 años viviendo día a día nuevas experiencias con su papá. Foto: Miguel Hurtado -Contrapunto

Pero asumir dos roles de un día para otro no fue fácil, aunque el aprendizaje fue progresivo, pues Allueva ya llevaba experiencia en eso de ser soltero desde los 30 años de edad: “Viví totalmente el mundo del rock and roll, la música y la parranda total. Siendo soltero y viviendo solo ya tenía la dinámica de sobrevivencia. Limpio mi casa, cocino, lavo, limpio, como hombre independiente resolvía problemas, y luego agarré vuelo con Andrea en aprender cosas que no sabía; eso de cómo atender a una niña, cómo bañarla, limpiarla, por ejemplo”.

Pero siempre hay cosas complicadas en la vida como, por ejemplo, eso de hacerle los moñitos, trencitas o colitas a una niña. “Ese departamento es muy difícil. Me costó muchísimo. Confieso que aún me cuesta”, cuenta con jocosidad.

Lo cierto es que para Allueva el cambio de ser papá y mamá a la vez fue radical pero no traumático. Ya no podía parrandear en las noches como antes, pero el amor a Andrea lo pudo todo, hasta con la planificación de las rumbas (que ya no son tantas).

¿Cómo maneja los dos roles? Pues, deja como ejemplo eso de ser el policía bueno y el policía malo. “A mí me toca ser los dos. A lo mejor el tema de los novios se habla con la mamá y no con el papá, al igual que esas cosas íntimas como el desarrollo en la adolescencia. Entonces tengo que investigar, estar pendiente de cuándo me tocará comprar las toallas sanitarias, cuánto cuestan. También estar pendiente de ese despertar sexual y entrar en el plano de ‘madre consejera’, pero también mantener el rol de papá de ‘¡por ahí no va la cosa!’”.

Esta experiencia no podía quedar solo en anécdotas contadas al aire, por lo que Allueva decidió plasmar su historia en un libro que escribió y tituló Andrea en el cielo con diamantes, una especie de guía para padres primerizos inexpertos. "No soy padre común. Mi experiencia no es nada común. Por ejemplo, soy ateo, no creo en Dios. Soy antirreligioso, pero tengo a mi hija en un colegio religioso para que tenga una visión completa de los que son evolucionistas y los creyentes en la creación. El libro tiene un soundtrack, recomiendo un disco y una canción; hablo muy abiertamente sobre el aborto, sobre las drogas, sobre política y la situación del país, así como las expectativas futuras: cuando yo no esté".

"Andrea en el cielo con diamantes" es una especie de guía para padres primerizos inexpertos. Foto: Miguel Hurtado - Contrapunto

Andrea, por supuesto, ayudó a su padre a escribir el libro cuando le recordaba los cuentos que les pasaba. Es una especie de coautora. Por eso hasta firmó libros con él. El texto se encuentra en el cuarto de ella y —aunque por su edad no lo ha leído aún por aquello de la complejidad de algunos temas— Allueva espera que cuando llegue a la mayoría de edad sea el momento preciso para que entienda bien su experiencia de "ser el papá de Andrea".

"Mis hijos son mis compañeros de vida"

A Jonatan se le me metió eso de ser el "super papá". Foto: Anthony AsCer Aparicio - Contrapunto

Jonatan Figueroa es TSU en Informática y lleva 44 años a cuestas. Hace 15 años tuvo en sus brazos a su primer hijo Víctor Alejandro y hace 11 años a Jonatan Junior, a quienes considera con orgullo su equipo.

Como ocurre con muchas parejas, la relación no funcionó y él no se veía sin sus hijos. Por eso siempre los pidió hasta que convenció a la madre: "Ella tuvo la valentía y la inteligencia de dármelos porque sabía que conmigo lo tendrían todo".

Por supuesto, la vida le cambió completamente, pues las salidas y viajes quedaron en el pasado. "Por la formación de mi familia, que es andina, se me metió eso de ser el superpapá, el ultrapapá. Siempre he echado pa'lante por ellos, pero no dejaba de ser el Jonatan de disfrutar la vida: iba a mis fiestas con mi bolso y mis chamos encima".

Como buen padre que también asume el rol de madre, Figueroa sabía cuándo a sus niños les tocaba la comida (jamás les dio tiempo de que lloraran por hambre), qué tipo de enfermedad tenían, qué les molestaba. Los conoce demasiado "como si los hubiera parido". "Cada uno tiene una personalidad muy diferente: el grande es muy orgulloso, bohemio, muy tranquilo, y el pequeño es el que aprende de todos, el extrovertido, con elocuencia para todo, el primer chicharrón en todos los actos del salón de clases".

Y tanto le ha dedicado a sus hijos que la primera palabra que le decían al verlo era "mamá". Incluso, años más tarde, siendo aún muy pequeños, decían en el colegio: "¡Llegó mi mamá!", cuando él los buscaba para llevarlos al dulce calor del hogar.

El día a día de estos tres compañeros es rutinario, disciplinado, pero nunca deja de ser divertido, al igual que el fin de semana, cuando los deportes y las salidas a un restaurante y al cine son el pan nuestro. La idea es siempre compartir y, por supuesto, no puede faltar el análisis grupal acerca de la película que vieron. Esa es una de las partes favoritas de esta familia.

Los hijos de Jonatan han tenido una formación llena de disciplina pero también de diversión. Foto: Anthony AsCer Aparicio - Contrapunto

"Ellos son mis compañeros de vida. Saben cuando estoy triste o cuando estoy bravo, todos esos detalles. Son los mejores amigos que puedo tener en mi vida. Tenemos una comunicación muy fluida y lo importante de todo esto es que siempre les he inculcado el respeto. Por eso digo, con toda honestidad, que he valorado más el rol que tiene una mujer en el hogar. Me quito el sombrero ante tantas mujeres que tienen este doble rol. Para mí ellas son el sexo fuerte".

Y es que para Figueroa los hombres pueden tener ese mismo papel de "mamá", pero asegura que psicológicamente es difícil: "No podemos ser lo que son las mujeres porque ellas tienen esa parte linda. Por machismo nos toca esa posición fuerte y ruda, y cuando solamente eres tú el pilar del hogar, entonces debes tener ese lado esponjoso, suavecito y maravilloso que tienen ellas. Cada uno tiene una función. La del padre es enseñar las herramientas de la vida y la de la madre es hacerles ver cómo es la vida, la parte bonita. ¿Es difícil? ¡Muy difícil!, pero cuando tienes los dos roles debes estar consciente de ambas funciones y hacer las cosas con sentido común y, sobre todo, con mucho amor".

Allueva y Figueroa coinciden en que tener ambos roles no es una tarea fácil pero, eso sí, siempre es muy satisfactoria. Por eso no dudan en recomendar a esos padres que también hacen el papel de madres a que mantengan siempre la comunicación con sus hijos, se imponga siempre la disciplina y que la confianza y el amor nunca falten en el hogar. Así la convivencia familiar se torna mucho más llevadera y satisfactoria, además que esos niños serán unos adultos independientes, respetuosos y seguros de sí mismos (y seguramente también serán en el futuro unos superpadres).

http://www.contrapunto.com/noticia/suspiros-y-galletas-dulce-antojo-coloniero-103816/