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Miércoles, 15 de Agosto de 2018

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Vida

La comunidad Lgbti de Venezuela celebró en Caracas la XVIII Marcha Nacional de la Diversidad Sexual

Con el orgullo empapado pero no empañado la comunidad Lgbti tomó Caracas

Con el orgullo empapado pero no empañado la comunidad Lgbti tomó Caracas
Unas 3 mil personas asistieron a la actividad cuya edición cumplía la mayoría de edad - Fotos: Jonathan Lanza - Contrapunto
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  • José Gabriel Díaz
  • Domingo, 01 de Julio de 2018 a las 8:12 p.m.

El torrencial aguacero, que cayó este domingo 1 de julio en la capital, no evitó que el colectivo celebrara con orgullo su lucha por la tolerancia, el respeto y la paz. Les contamos en detalles lo que ocurrió

Mojados, visibles y orgullosos. Ni el torrencial aguacero que cayó sobre la ciudad capital, ni las pocas ganas de mojarse, apagaron el ánimo de activistas, amigos, miembros, simpatizantes y curiosos de la comunidad de lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersexuales (Lgbti) de todo el país, quienes atendieron al llamado, desde las 11:00 am, a participar en la Gran Marcha Nacional de la Diversidad Sexual, que se realizó este domingo en Caracas.

Desde la estación del Metro de Parque Miranda, un contingente de jóvenes emprendió caminata por las avenidas Francisco de Miranda, Solano, Libertador, México y Bolívar, para terminar en la plaza Diego Ibarra.

Representantes de los estados Monagas, Trujillo, Miranda, Táchira y Cojedes, entre otros, custodiados por alrededor de 20 efectivos policiales, varias patrullas y algunas motos, iniciaron el recorrido, sobre la 1:00 pm, a la espera de más personas (alrededor de 3 mil marcharon).

Una camioneta con monitores gigantes musicalizó el recorrido en el que no faltaron las pancartas reivindicativas y las banderas multicolor, incluida una de grandes dimensiones que era ondeada con fuerza por la alegre multitud, mientras seguían las indicaciones de una activista perteneciente al Movimiento Somos Venezuela, quien "motu propio" decidió animar el encuentro.

La mayoría sin paraguas, impermeables o chaquetas se enfrentó a la lluvia, como sinónimo de valor. “Más daño hacen los insultos y nos toca superarlos”, gritaba un joven desde un banco cercano a la estación de Metro, mientras era golpeado por millones de gotas en el rostro y el cuerpo. “Seamos valientes hermanos, seamos fuertes, mantengámonos unidos y venceremos”, decía.

Emparamados y escurriendo agua, esta vez la intención era exigir la unión civil igualitaria, la ley contra la discriminación sexual y la identidad y expresión de género, en una edición que celebraba la mayoría de edad del evento, al cumplir sus 18 años.


Desde Cojedes, Yofran Hernández, joven de 22 años cuyo nombre artístico es María Fernanda, resaltó la ardua labor del trabajo social que realiza como miembro del Frente Francisco de Miranda, en el municipio Tinaco del citado estado llanero.

“Queremos acabar con el tabú de la discriminación. Nuestra inclinación sexual no limita nuestras capacidades como grandes seres humanos. Vinimos alrededor de 100 personas del estado y aunque tuvimos que madrugar estamos aquí felices. Salimos a las 4 de la mañana”.

Hernández explicó que “no es fácil levantarse cada día y recibir una crítica, un golpe o un insulto. Pese a ello nos sentimos orgullosos de lo que somos y sentimos. Basta de burlas”.

Coordinador municipal de la Sexo Diversidad, en su estado, Hernández recordó también que en el interior del país la discriminación es brutal. “La homosexualidad sigue siendo un tabú y se ve afectada por el machismo de la crianza. Es importante que nuestros padres, familiares y amigos se solidaricen con nosotros y con quienes son rechazados, pues el respeto y la tolerancia debe ser un valor inculcado en casa. Qué triste es cuando también toca superar el rechazo de tu propia familia, además del de la sociedad”.

Atendiendo casos puntuales que dan respuesta a agresiones, Hernández espera continuar con proyectos de formación que incluyan charlas orientativas a personas ajenas a la comunidad, así como liceos, para acabar con el “bullying” (o acoso), incluso a nivel laboral.

“Como seres humanos todos somos iguales. Es primera vez que tengo el valor de venir, antes me daba miedo, pena, no sé, pero decidí ponerme de pie en solidaridad a cualquier burla o rechazo de un hermano. El colectivo al que pertenezco busca la paz, el amor, el respeto y la tolerancia”. Llegó a Caracas sin perder su espíritu fiestero, vestido en una fantasía inspirada en la Reina de las Nieves. “Es la parte superficial y al mismo tiempo visible y necesaria de todo esto. Lamentablemente la lluvia y el temor a ser identificado y señalado espantó y acobardó a muchos que hoy no están aquí. Yo lo hago por ellos. Quiero servir de inspiración y ejemplo de lucha”.


El joven llegó acompañado de Albert Rivero, quien también se maquilló y vistió acorde para la celebración. “Vengo del estado revolucionario e invicto de Cojedes. Estoy aquí gracias al apoyo de nuestro comandante (Hugo) Chávez quien desde un principio nos dignificó y nos llamó al trabajo en colectivo. Son 18 años de lucha, libertad y derechos. El orgullo gay nace para defender a hombres y mujeres que querían ser libres e independientes y tolerantes. El proceso revolucionario nos ha abierto las puertas brindándonos apoyo y formación para construir el país que queremos. Seguimos el compromiso de aportar ideas, trabajo en colectivo, soluciones a los problemas y educación, como una necesidad para poder preparar a los que vienen detrás”, enfatizó Rivero, quien es técnico superior universitario en Administración de Aduana, informático y estudia primer semestre en Ingeniería en Minas. “Para ser vanguardia en proyectos que engrandecen a nuestro estado y país”.

En la marcha, la diversidad fue protagonista con representantes de los osos, leaders (cuero), lesbianas, drag queen, transexuales e incluso heterosexuales como Génesis González y Alejandro González, pareja que acompañaba a su mejor amiga. “Tengo 27 años de edad, soy de Caracas y estudio Administración de Recursos Humanos y Fotografía. Estoy aquí por los amigos a los que me uno en su lucha. No es justo que los heteros tengamos ciertos derechos por naturaleza y ellos no. Es la primera vez que vengo y lo hice sin temor ni predisposición”, dijo Génesis secundada por su novio. “Tengo 35 años, soy ingeniero y vivo en Caracas. Es mi primera vez y me decepcionó que la lluvia no permitiera que la actividad se desarrollara de mejor manera. El plan es quedarnos hasta el final. Hay buena vibra y la gente se lo toma bien pese a la adversidad que es lo importante”.

Voces que cantan al unísono por el respeto

Diversa y llamativa, Kareanny Márquez, de 19 años y estudiante de Terapia Ocupacional, reveló que este era su tercer año en la movilización. “Basta de homofobia, asisto porque la aceptación es necesaria. Somos todos iguales, el amor es amor venga de quien venga. Me he sentido discriminada por mis padres, pero les he dado a entender que todos podemos amarnos igual. Estoy soltera y me declaré hace cinco años”.

Alejandro Griman es el menor de los entrevistados, tiene 18 años, es bachiller y vive en Caracas. Aunque su familia lo ha apoyado siempre, lucha por los derechos del resto. “No se puede ser egoísta. Hay que aceptarse y aprender a quererse”, dice. “Estoy cansado de la homofobia y discriminación. Menos mal que algunos estamos resteados y damos la cara. Me gustaría que en Venezuela se aprobara el matrimonio igualitario y la adopción a las personas de la comunidad”, recordó.

José Gregorio Groell, por su parte, es más crítico. “He asistido a cinco marchas y vengo por la necesidad de unión y consciencia”, es allí donde radica el mayor malestar de este hombre de 42 años que se dedica al estilismo y maquillaje, y que vive en La Candaleria. “A la comunidad le ha costado avanzar dada la desorganización del colectivo. Siempre disperso es víctima de la discriminación, incluso entre nosotros mismos. En 18 años parece que es poco lo que se ha logrado en seguridad y respeto. Tenemos que luchar por ser ejemplo”.


Eduardo Lunar, mejor conocido como Roxana Ruiz, reina de Cumaná, destaca entre la multitud, pues es altísimo con un cabello lisísimo, teñido de rubio, que le llega casi a la cintura. Muestra una amplia sonrisa y no deja de bailar. Llegó a Caracas procedente del estado Sucre y emocionado se bajó del autobús acompañado por varios amigos.

“Vine a mojarme”, apunta con verdad refiriéndose a la necesidad de visibilidad. “Ciertamente esto es un espectáculo lleno de color y alegría, pero también mucho más. Aquí podemos sentirnos nosotros mismos, sin importar la preferencia sexual, el nivel socioeconómico, educativo al que pertenecemos o la religión que practicamos. Venimos a exigir respeto porque espero lo mismo que doy. Aunque confieso que me he sentido discriminado por la misma comunidad. La envidia hace que nos ataquemos unos a otros, a pesar de que todos, sin importar sus características, somos hermosos”.

El joven, de 24 años, que se dedica al estilismo profesional, revela: “No soy transexual porque no me he quitado nada ni me he puesto nada, pero me encantan mis ‘transfor’ por su valentía”.

¿Mojarse o no mojarse? He allí el dilema

Historias aisladas en espacio geográfico pero cercanas en emociones se cruzan y se mezclan en una comunidad que hoy se muestra unida. Muchos se ven por primera vez, pero se tratan con cercanía, intercambian experiencias o simplemente ríen y cantan al unísono alguno de los temas de moda que suenan con fuerza en los monitores. Nadie quiere mojarse pero el tiempo corre y hay que salir. A la 1:00 pm la multitud debe ser congregada para arrancar. La policía empieza a desviar los vehículos que circulan con dirección este-oeste en la avenida. Llueve fuerte pero llegó el momento. "Nos vamos señores", gritan por el parlante.


Algunos abren el paraguas, otros se tapan con algún suéter, hay quienes se quitan la camisa y hay uno, más osado, que se queda en traje de baño. Atendiendo la orden la masa se compacta.


Reinas de belleza travestidas, personajes de los dibujos animados y fantasías exóticas de gran envergadura se funden con la multitud que grita de emoción ante el chaparrón de agua fría que cae del cielo. ¿Bendecidos quizás?

Entre ellos Daniela Ubán, de 27 años y estudiante de Enfermería, quien vino de Guasdualito, estado Apure. “Hay que apoyarnos, conocernos y exigir derechos. Fui discriminada, pero ya mi familia me apoya. Tengo 12 años de asumirme como lesbiana y aunque es triste esta llovedera nada nos detendrá. Seguiremos en pie de lucha siempre”.


Olga Jiménez, de 62 años, quien es jubilada de Caracas, la mira con entusiasmo. Ella no sabe si mojarse o no, a pesar de que luce un impermeable transparente que cubre todo su cuerpo. “He venido en seis ocasiones y estoy de acuerdo con la juventud. Apoyo que sigan luchando por su visibilización y por sus derechos. No hay razón para discriminar a nadie por lo que sea, desee o piense. Ellos siempre están resteados”.

Es tiempo de decidir. Ya la marcha arrancó y son pocos los que quedan rezagados en las puertas del Metro. La fiesta sigue dentro de la estación. Algunos prefieren avanzar hasta Chacao en el subterráneo y encontrarse con la marcha allí, con intención de esquivar el aguacero.

Javier Salcedo, es uno de ellos. Su impecable caracterización del malvado de la película de Disney Aladdín le hace bajar sin problema las escaleras sobre unos tacones de aguja que parecen larguísimos y con los que se sube al Metro con absoluta destreza. La gente lo mira con normalidad y varios se levantan de los asientos para pedirle fotos. Es toda una celebridad. Tienes 26 años y viene desde Los Teques vestido de Jafar. Emplea sus conocimientos como diseñador gráfico y maquillador profesional para completar una fantasía que deja a cualquiera boquiabierto.

“Me llevó una semana confeccionar el traje y tardé dos horas con el maquillaje. En el cuento animado él es un personaje muy ambiguo y ambientoso y quise hacer una expresión artística que mezclara además mi pasión por el género drag queen. Por eso, no estoy totalmente tapado para que se vea mi masculinidad pese al maquillaje que es muy femenino”. Desde 2015 Salcedo empezó a realizar fantasías, esta es la cuarta ocasión que lo hace. “Aparte de apoyar a la comunidad vine a expresar el arte que hago porque es diferente a lo que estamos acostumbrados a ver”.

La fiesta sigue hasta la plaza Diego Ibarra, lugar en el que una gran tarima esperaba por todos ellos para celebrar la verdad, la tolerancia, la unión y el respeto por encima de cualquier cosa. Solo queda desear a todos ¡Feliz día del orgullo gay!

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