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Domingo, 25 de Febrero de 2018

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Opinión

El ojo mecánico | De películas y otras anotaciones de un cinéfilo empedernido

“Ocean’s Eleven” en el sur

“Ocean’s Eleven” en el sur
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Lo nuevo de Steven Soderbergh, “La estafa de los Logan”, confirma que el cineasta es un maestro en el manejo del ritmo, pero sus dones pueden verse afectados por su propensión a repetirse

La reivindicación social y financiera es una de las temáticas recurrentes en la filmografía de Steven Soderbergh; la revancha de los que no están en el poder, de los afectados por un sistema económico que favorece a los que más tienen o de los que se sienten olvidados por un Estado que los usó para asegurar su perpetuidad. Y es que los personajes de, por ejemplo, la trilogía de La gran estafa (Ocean’s Eleven) son eso: un exconvicto, un embaucador y el exdueño de un casino que deciden desquitarse de sus “enemigos” –que pueden ir de las autoridades gubernamentales a algún colega o rival comercial– planificando detalladamente el monumental robo de sus riquezas.

Claro, en esta especie de reinterpretación que Soderbergh hace de Robin Hood, cuya diferencia más notable con el clásico de la literatura inglesa es que en las obras del cineasta estadounidense los “ladrones buenos” roban a los “ladrones malos” no para repartir el botín entre los pobres, sino para vengarse o delinquir de la forma más ingeniosa, no hay una ética posible, a no ser que nos guiemos por el refrán popular que reza: “Ladrón que roba a ladrón tiene cien años de perdón”.

Nada en la popular saga de Soderbergh apunta a la recuperación de la legalidad o a resarcir la honorabilidad de los “justicieros”. No hay espacio en ella para el mensaje aleccionador. Ni se juzga ni se sentencia. Menos se absuelve. En todo caso, lo importante para el director parece ser el proceso por el cual estos Robin Hood modernos vulneran sofisticados sistemas de seguridad a la par que exhiben una conducta seductora cónsona con su artes para la mentira.

Tal premisa se repite en La estafa de los Logan con personajes, ambientes y circunstancias menos glamorosas y artificiosas que Las Vegas de Ocean’s Eleven. Esta comedia de acción, con ritmo trepidante y por momentos deliberadamente confuso, marca el regreso de Soderbergh a una actividad de la que había asegurado se retiraría. Como sea, la cinta cuenta la historia de los hermanos Jimmy, Clyde y Mellie Logan, quienes están convencidos de que la mala suerte la llevan en los genes o es un asunto exclusivo de su familia. El caso es que Jimmy es un minero de Virginia que es despedido cuando sus empleadores se percatan de que cojea, lo cual los podría meter en problemas con las compañías aseguradoras.

Lejos de sentirse deprimido, la debutante guionista Rebecca Blunt se alía con Soderbergh para convertir el hecho en el detonante del desquiciado plan que Jimmy le propone a sus hermanos para sortear su desesperada situación económica, agravada por su imposibilidad de responder a las necesidades de su hija Sadie, cuya patria potestad la tiene su exesposa Bobbie Jo.

¿El plan? Robar la recaudación del Charlotte Motor Speedway de Carolina del Norte. Y como necesitan un experto para lograr violar el sistema de manejo del dinero, buscan al experto en demoliciones Joe Bang, quien, para más señas, paga una condena en la cárcel. Así que, además de sacar a Bang de la penitenciaría para perpetrar el robo, los Logan deben cronometrar perfectamente sus movimientos.

Con un ritmo trepidante e indetenible, Soderbergh tensa aún más la cuerda de la historia al enfrentar a los personajes a un error de cálculo que los obliga más bien a intentar realizar el robo durante el evento del año en NASCAR, la carrera Coca-Cola 600.

Si bien en términos generales, Soderbergh regresa a sus inquietudes creativas con La estafa de los Logan, también hay que reconocer que esta película revela pocas cosas nuevas en su discurso. A estas alturas, su estilo luce más como un formulario de recursos narrativos y expresivos ya vistos. De hecho, en estos seres perdidos del sur de Estados Unidos se repite la conducta de los sofisticados ladrones de La gran estafa: nunca explotan (emocionalmente, quiero decir) y siempre tienen un chiste a flor de boca.

Igualmente, Soderbergh logra reunir aquí a un reparto de lujo que encabeza Channing Tatum, como Jimmy, y secundan los eficaces Adam Driver (Clyde) y Riley Keough (Mellie). A ellos se unen Katie Holmes (Bobbie Joe) y el camaleónico Daniel Craig, que compone con brillantez a Joe Bang.

En términos generales, La estafa de los Logan entretiene sin dejar notables aportes a la carrera de su realizador. Si bien, en esta película se combinan géneros como el drama de una familia disfuncional y la comedia absurda de unos perdedores que se niegan a tirar la toalla, lo premeditado, lo calculado, lo milimétricamente pensado le resta frescura y espontaneidad al conjunto de la obra. Verla es como ver La gran estafa pero en la llamada “América profunda”, sin hallazgos conceptuales en cuanto a la aproximación de Steven Soderbergh a la lógica conductual y ética de los ciudadanos comunes de su país.

@juanchi62

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