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Martes, 28 de Marzo de 2017

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Arte y Cultura

Mano a mano con José Delgado

"No sé en qué momento nos dijeron que la revolución tenía que ser una vaina estéticamente mamarracha"

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  • Gabriel Ramírez
  • Martes, 14 de Julio de 2015 a las 5:49 p.m.

José Delgado inaugura con Amaranta el ciclo "SonARA", que arranca este miércoles 15 en Caracas

Lo que a continuación viene así se dijo. Fueron unas tres horas de conversación. A veces silencios, altas y bajas. Siempre discusión, banalidades y temas neurálgicos de la especie humana. Al que antes llamaban José Alejandro Delgado, ahora sin el Alejandro, lo conozco desde hace muchos años, sé de su carácter volátil e iracundo, también de su capacidad de amar y compartir. Lo que ahí se dijo aquí se transcribió. El puede dar fe de eso. Se asoma a nuestras ventanas algo nuevo, Algo, su tercer disco. Pensé que conversaríamos mayoritariamente sobre eso, pero una vez más me equivoqué.

Tanto José Delgado como este servidor esperamos que disfrute de la transcripción de esa conversación; pero si no sucediera, seguimos, nada cambiará.

Gabriel: José Delgado, te tardaste mucho en salir al ruedo de nuevo, debe ser como muy bueno lo que viene, para tardarte tanto.

José: Bueno, es muy arrecho todo lo que nos ha estado pasando en esta movida de matas, pues. Me parece que son cosas distintas que estamos viviendo, transformaciones. Mucha gente me pregunta qué me parece la situación del país… ya como pregunta inducida, ¿no? No vamos a responder lo mismo porque estamos uniformados, y claro, nos toca vivir transformaciones, nos toca hacerlas y nos toca sufrirlas. Pero por otro lado, si lo veo en perspectiva, pana, yo creo que lo que está sucediendo es una oportunidad de oro: coño, que toda esa vaina se esté tambaleando.

La economía, esa economía que teníamos como perecedera, como pulcra, que era intocable, digamos que sigue intocable. Que se tambalee esa vaina en las instituciones, que nada sirva. Eso es una oportunidad, digamos, desde el punto de vista de las instituciones. Con esto no quiero decir las instituciones del Estado nada más; no, todo: la economía es una institución, de hecho, muchas cosas que tenemos… nuestras prácticas culturales, las cotidianas, son una institución. Entonces, todo esto se está rompiendo y se ve hasta el tuétano la miseria que somos. Yo pienso que es como tocar fondo, yo creo que si tenemos conciencia podemos empezar -borrón y cuenta nueva- con cosas maravillosas. Y sí, me tardé un rato.

Gabriel: O sea, se tambaleó todo. Pero han pasado tres años desde tu último disco.

José: Tres, desde Rueda Libre, que fue en el 2012, lo sacamos, le dimos todas las vueltas, pero bueno, ya del 2013 para acá todo eso fue una revuelta total que nos ha tocado como parir, y los artistas, como yo lo concibo, no estamos exentos de toda esa vaina, estamos en la calle y vivimos todas esas cosas. Yo jamás defenderé a un artista como un bicho montado en un pedestal. Y bueno, toda esa movida de mata se fue hacia el interior. Empezamos a vivir cosas muy interesantes. Toda esa comodidad que habíamos tenido, incluso los artistas que somos afectos al proceso revolucionario, que creíamos que estábamos haciendo revolución en una tarima... bueno, me estrellé contra la pared y traté de entender que muchas veces han tenido cargas y contenidos importantes de banderas que nos tenemos que llevar. Muchas veces fueron espacios publicitarios donde tú fuiste escapulario para que otro ganara indulgencia. Y ese otro lo que quiere es ir trepando en el sistema capitalista, aunque se vista del color que se vista. Se aprenden un discurso, se visten de una consigna para escalar espacio y mejorar condiciones.

Gabriel: ¿Todo fue pérdida?

José: No, vale, no todo ha sido pérdida. Más bien, en mi caso yo creo que podemos verlo desde otra perspectiva, porque hemos estado muy adentro, construyendo, y sabemos ya que con el tiempo se van instaurando vicios también, y que eso no puede ser una revolución, sino que siempre tienes que revisar y cambiar y estar abierto a que se critique y a que los distintos criterios tengan cabida. Pero claro, tampoco podemos ser despiadados con lo que decimos. O sea, son momentos muy difíciles en los que nosotros tenemos que echarle mano también a las cosas que se han construido, hacer banderas donde tal vez no se han logrado construir hasta lo profundo. Y hacerlas porque en lo inmediato se trata de mantener los logros que se han tenido, chamo, y cuidar ese espacio que se ha construido ,de protagonismo, de organización, que muchas veces se queda en consignas. Algunas experiencias sirven, otras se van pa' la mierda. Ahora, yo no voy a hacer un planteamiento del otro lado, porque del otro lado hay una cúpula opositora que simplemente juega cada vez más a que se desgaste el otro, a meterle la zancadilla al otro, porque ellos nunca van a dar su brazo a torcer, nunca van a partir de lo construido, nunca van a partir del reconocimiento de que, coño, Chávez hizo una vaina, que fue hacia el corazón de la identidad del venezolano. Estos tipos lo que van a hacer es meterse por la orilla, aprovecharse de las fallas que existan. Su bandera va a ser para jugar a que la vaina caiga, pues, y bueno, yo creo que hay un montón de gente que está consciente de esa vaina. Y que en el peor de los casos, está bien, llegan al poder y van a durar un mes, porque, ¿cuál es el plan? Eso se cae y se desvanece, porque el mundo está ya en otra. El planteamiento de Chávez ha sido tan profundo, tan de identidad... y ahí voy con el tema de la identidad, ¿Qué fue lo primero que hizo Chávez cuando no obtuvo los resultados que esperaba en golpe? Lo primero que hizo fue salir a poner su cara, a asumir su responsabilidad, sabiendo que en dos horas iba a estar muerto. Estos bichos hacen y hacen y no asumen ninguna responsabilidad. Todavía estoy esperando que esos carajos salgan y digan que fue un error abril del 2002, que asuman que ha sido un error febrero del 2014. Mientras no lo hagan, yo sé dónde estoy, pana, estoy clarito.

Gabriel: Yo quería preguntarte si te habías despolitizado, pero claramente ya respondiste.

José: No, para nada, estoy yendo hacia un centro. Lo que sí creo es que hay varias instancias de construcción política y de entendernos en lo político. Hay varias instancias, varios anillos, hay una gente que construye una cosa y la necesidad de expandir también desde los basamentos humanistas hacia el otro. Coño, nosotros tenemos que lograr de alguna manera convivencia, o nos aniquilaremos.

Gabriel: Tú puedes ser fácil instrumento de cualquiera si no te pones pilas.

José: Claro, todo tiene múltiples perspectivas. Tal vez por eso yo no me he despolitizado un coño.

Gabriel: ¿Sigues siendo contestón?

José: No, yo estoy consciente de que hay que administrar eso, sobre todo por salud mía, mental y física incluso, porque detrás de eso del contestón hay muchas cosas, cosas que peleamos porque sea digan para nosotros. Y que a veces hay situaciones que no manejas, en las que se te van de las manos, y quieres como que cambiar eso inmediatamente… Y lo que sí sé es que este camino no es nada inmediato. Si fuera inmediato, hubiese firmado hace cuánto con Montaner, o hubiese seguido cantando con Adolescentes, como una vez lo iba a hacer. Con todo eso, yo decidí el camino porque estaba picado ya de culebras; yo estaba ya en el camino de las canciones, y las canciones conmigo eran una sola. Yo no entendía esa vaina de "ven acá, tú que eres medio bonito, te vamos a pintar el pelo así, tú vas a bailar así". Aaah, pero yo quiero cantar mis canciones. "No, no, nosotros tenemos un staff de compositores…". Ahí fue cuando yo entendí, cuando empecé a entender el planteamiento que hay con todo el tema de los derechos de autor, y por qué un cantautor es tan peligroso para la industria: porque él canta lo que compone, y si no cede los derechos, cada vez que suene en la radio le está entrando un dinero que al cabo de dos años lo va a hacer absolutamente independiente, a menos que ceda todos los derechos a editoras, como hacen otros cantautores.

Gabriel: Quiero hablar de tu programa. ¿A quién quisieras llevar que no has llevado todavía?

José: No sé, el planteamiento del programa siempre fue agarrar artistas del mainstream y agarrar uno de cuatro por lo menos, uno de tres, que sea como uno, así, que ha estado arrancando su carrera, cuidando las vainas que hace, pero sin tener esas vitrinas. Y bueno, yo creo que en parte lo hemos ido logrando, consolidar ese proyecto. Ha sido un espacio de encuentro y de compartir la música, como va surgiendo de forma espontanea. Por otra parte, el espacio de elaboración lo he estado guardando, lo he estado armando poco a poco, tratando de revisar y sentir, sobre todo. Es muy poco lo que puedo disertar ahorita desde la razón, con todo un repertorio nuevo. En realidad son pocas las entrevistas que he estado haciendo sobre esto, estoy como saliendo al ruedo y en cada entrevista como que me voy viendo, estoy obligado a defender lo que acabo de parir, de compartir. Una cosa es lo que tú crees y otra como lo va tomando el otro. Hay que decantar, incluso, el mismo discurso, para decirlo todo más claramente. Ahorita todo es un desastre, jajaja.

Gabriel: ¿Estás asustado con lo que se viene?

José: No, en otra ocasión sí me hubiese cagado mucho sobre cómo lo iba a recibir la gente. Pero estoy en un momento muy del interior, muy de revisar cuánto hay de complacencia, cuánto es lo que uno tiene que decir: lo que yo siento que tengo que decir, sin querer complacer a nadie, a quien escucha. Eso tiene una dinámica, pues. Así construyo yo los repertorios: yo sé que determinada canción puede gustar un poco más, va de primera, de tercera. El discurso global del disco termina siendo interesante. Pasan dos canciones como suaves, como llamando, abrazando, y pufff, una tercera que es como un coñazo, una patada en la canilla.

Gabriel: ¿Cómo ves el medio, el quehacer cultural? ¿Cómo era hace unos años y como es ahorita?

José: Han cambiado cosas. No puedo ser antipático y -en estos tiempos en que todo está difícil- decir que ha cambiado para peor. Pero estábamos viviendo una ficción, con unos recursos que había. Y pienso que eso estuvo bien, pero en ocasiones siento que no hicimos el paso de invertirlo en lo que hoy padecemos en todos los ámbitos del país, que es el tema de la producción. Ahora estamos ante un momento maravilloso, porque tenemos que construirlo desde cero. Esto es algo que algunas personas han venido diciendo, a veces yo, y muchos otros por ahí: tenemos que pararle bolas a esto, tenemos que hacerlo, producir nuestras cosas. Va a llegar el momento en que estemos todos atrapados y no tengamos cómo, no sepamos cómo, por estar en la teta de papá Estado. Papá Estado se tambalea y todos nos tambaleamos. Él, que siempre ha sido paternalista, no entiende otra lógica. Hay muchas cosas que se han hecho, no seré ni injusto ni mezquino, pero pasa que nosotros, que hemos estado adentro, sabemos que podemos dar más, ser más, y que si algunas instituciones se nos acercaran, lo que vamos a hacer en 10 años lo hacemos en dos.

Gabriel: ¿Hay una deuda del Estado con el cultor?

José: No sé, ahora pienso el Estado de otra forma. ¿Por qué ellos tienen que venir a pagarnos nada de lo que nosotros hagamos? ¿Quién ha dicho que ellos tienen que pagar algo? Eso va a tergiversar el mismo sentido que tiene el arte.

Gabriel: Estamos inmersos en una industria cultural en la que por algún lado alguien tiene que darte algún empujón.

José: No sé. ¿Por qué? El status quo no tiene que promover algo que es una amenaza para él. ¿Qué quieres tú, que unas instituciones que vienen formadas desde su misma lógica vayan a apoyarlo a uno que es absolutamente subversivo? ¿A los que pensamos la canción como un espacio de reflexión de verdad, de profundidad, de encuentro, de abrazo?

Gabriel: ¿Entonces, estamos entrampados? En nuestro país la cuestión cultural se ve de esta manera: o estás en el sector público o estás en el sector privado, pero son pocas las experiencias que se mezclan. Si tú, confeso chavista, haces una canción para una red de ferreterías famosas, al día siguiente abres tus redes sociales y vas a tener no sé cuantas mentadas de madre.

José: Un camino distinto lo podemos construir nosotros mismos. Yo me he mantenido cuidadoso de lo que soy, sin llegar a gritar ni imponer nada. He podido permear los dos espacios, tranquilamente. Es algo que uno mismo se va construyendo; en cierta medida, es la manera de trabajar las cosas. Yo me he esforzado cada vez más por trabajar mi música, el acompañamiento, con una mejor calidad. Cuido mucho la estética, todo eso. Tú ves a una chama que te interesa y lo primero que ves es todo el feelling que ella tiene, cómo se viste, cómo mira, cómo tiene el cabello. Después te acercas a ella y piensa arrechísimo, como tú, pero eso es después, ese es el segundo paso: si no te hubiese atraído algo en el exterior, no te acercas. Entonces, ¿qué tenemos que hacer? Estar en todos lados con nuestro trabajo bien hecho, convocando. Cuando esa gente se conflictúe, cuando les parezca interesante lo que hacemos, ahí entran a buscar información sobre ti, y están en el terreno nuestro.

Gabriel: Creo que hay un leve estigma en eso de que cuides mucho la estética: como que estás vendiendo. Tú has sido víctima de eso.

José: No sé en qué momento nos dijeron que la revolución tenía que ser una vaina estéticamente mamarracha. Está de pinga lo iconoclasta, desafiar todas esas estructuras. Yo respeto a los que no le dan importancia a la estética, pero en mi caso no, yo sí creo en ella, y respétamelo pues. La revolución no es únicamente lo que tú quieres que sea, hay millones de mentes pensando en ella. Mi visión no se la impongo a nadie, yo monto mi vaina por ahí y si te gusta bien, si no, no hay rollo. Yo creo que necesitamos amplitud, entender que en todos los frentes y flancos debemos estar fortalecidos para lo humano, para reconocer lo distinto. Que no digan que no lo intentamos, pues. Igual, en el país hay mucha gente que se ha decepcionado por mariqueras, hay gente que está como triste. Y quién sabe si una canción le llega, quién sabe si puede reconciliarse con algo, ¿entiendes? Yo pienso así.

Gabriel: ¿Qué harías con el Centro Nacional del Disco, el Cendis?

José: El principal error ha sido no fomentar la autogestión. Cuando la fomentas, entiendes que tienes que tener productos que se puedan vender, tienes que trabajarlo, y exigirle a los artistas ciertos estándares de calidad. Que elaboren su arte de manera tal que puedas ofrecerlos en vitrinas nacionales e internacionales, porque eso te lleva a que el ciclo pueda ser autosustentable.

Gabriel: ¿Cantarías en la campaña de las elecciones parlamentarias?

José: No lo haría por un partido, sólo por alguien en quien creyera.

Gabriel: Hay artistas candidatos, ¿tu lo harías?

José: No.

Gabriel: ¿Ni siquiera como una trinchera para luchar por todo lo que has dicho en esta entrevista?

José: No, no tengo estomago para eso, tú me conoces, no podría. Yo soy iracundo, y cada vez trabajo por serlo menos. Tengo que ser honesto conmigo y con los demás. A duras penas hago mis canciones, mis discos, ahí búsquenme, ahí estaré siempre.

Gabriel: ¿No crees que los artistas deben salir cada vez más de Caracas?

José: Cada vez que podemos lo hacemos. También hay que entender que las condiciones son difíciles, son adversas. Por otro lado, como persona del interior del país, no como artista, pienso que por qué coño tenemos que esperar que los de Caracas vengan. Generemos nuestros artistas fuera de Caracas, hagamos nuestro circuito, que cada quien se monte. ¿Por qué esperar la asistencia de alguien?

Gabriel: ¿Tu compañero de creación?

José: Mi hermano Jesús, desde A Pedal y Bomba; Ronald Rivas, en todo el trabajo con la imagen y el concepto visual; y en lo musical Edwin Arellano, productor, director y arreglista del disco. Y lo va a ser de la banda en vivo.

Gabriel: ¿"Mejor que te vas", "Traigo rosas" o "Liberen a Prometeo"?

José: Las tres (risas). Las tres dicen un pedacito de lo que soy

Gabriel: En esta generación de nuevos cantautores, gente como Amaranta y como tú llevan una suerte de bandera de un montón de gente, no solo ustedes dos, pero van como a la vanguardia de un batallón.

José: A veces vemos que muchos chamos de esta nueva generación, como tú lo dices, comienzan a agarrar ciertas formas, a cantar ciertas canciones de determinada manera y a construir sus productoras, su trabajo integral, a pensar más allá de hacer una canción. Tienes que trabajar tu ego, bajarte y compartir con un equipo que incluso tiene injerencia en el resultado final de lo que haces.

Gabriel: Hasta hace un mes en el escenario artístico nuestro, en el que nos movemos, había dos cantautores que se llamaban José Alejandro. E históricamente, en las tarimas a las que íbamos, a uno le decían Paredes y a otro Delgado, sin que uno necesariamente fuera Paredes y sin que necesariamente el otro fuera Delgado. Casi en forma simultánea, uno decidió llamarse en adelante Alejandro Paredes y el otro José Delgado. ¿Eso lo planearon? Aprovechen los nombres y la fraternidad entre ustedes y hagan algo juntos.

José: No, eso no lo planeamos. José y yo hemos estados en muchos espacios. Claro, ahora queda como redondito, porque puede ser José Alejandro Paredes Delgado, como una sola persona (risas). Bueno, José también es como un eslabón ahí, dentro de todo este peo creativo: una forma muy de él, muy distinta, muy atractiva, muy de un mundo demasiado particular. Lo de quitarme el “Alejandro” creo que fue un arranque de esos, de pensar que me presentaran de una forma determinada. Es como una reducción, para tratar de decir más con menos y con toda esa movida de mata. Siempre, desde que arranqué, he tenido problemas con ese nombre mío tan largo. Además, si empiezas a ver la internacionalización de la propuesta, en Chile, en México, agarran el que quieren y generalmente agarran el Alejandro. Entonces eso no sirve para una imagen. ¿Cómo te posicionas si están agarrando cualquier de los dos nombres? Y de ñapa agarran el Alejandro, que es el más melodramático, el que más detesto. Entonces yo decidí dar esa pisada adelante.

Gabriel: Ya de años te conocían como José Alejandro... ¿Empezar desde cero?

José: Claro, toda esa vaina todavía la estoy pensando. Hasta el nombre del canal de youtube. Es como cuando llenas un álbum, está casi lleno y lo pierdes. Hay veces que me hacen entrevistas y no saben que soy yo mismo, y dicen: “Mira, aquí no encontramos nada sobre José Delgado”. No es como nosotros, que estamos de alguna manera siguiéndonos, siempre pilas de lo que hace el otro. Por otro lado, me parece maravilloso que te estén dando una oportunidad de arrancar distinto, que te digan que no encuentran nada de ti: es como una consecuencia que tengo que asumir, y ver cómo llenó ese espacio de lo pasado, que ha sido el pasado maravilloso, rico, lindo, divertido. Eso es un camino de puro aprendizaje, de puro experimentar. Yo no sé, pero más allá de que le guste a la gente o no, me gustaría que me reconocieran porque siempre estoy trabajando.

Gabriel: Yo sigo de cerca la carrera de mis amigos. La tuya, la de Amaranta, Ana Cecilia Loyo, Alejandro Paredes, entre otros. Y bueno, mientras los sigo, veo lo que les sucede. Hay veces que se desaparecen. A veces los llamo, hablo con ustedes, intento ayudar. Veo que contigo ha coqueteado la fama, la industria cultural. ¿Cómo haces tú para llevar eso?

José: Cuando empiezas hacer algo, de alguna manera ellos sienten que pueden ser como una referencia, y la primera reacción es abrazar tu trabajo y que tu trabajo se produzca solamente bajo sus alas. Entonces, ¿cómo uno llegar y decir cordialmente “mira, sí, pero yo soy esto”? Ya marcas cierta distancia. Hay veces que puede ser con una intensión rara, perversa, como hay otras veces que hay gente que reconoce de verdad el trabajo que se está haciendo, sin satanizar a nadie, y puede ser como una torpeza de nosotros cerrar la puerta. Si algo reventó esa barricada fueron las canciones que uno hizo, por lo menos en mi caso es así: yo no ando por ahí jalándole bola a nadie ni queriendo aparecer en nada, yo estoy concentrado en mi trabajo. Muchas veces, antes, al comienzo, yo me desconocía en esos espacios “adversos”, me daba como muchísimo miedo y prefería quitarme. Hasta que me dije: “tengo que asumir con valentía el espacio, porque, coño, ya hice esta vaina, ¿ahora cómo llego allá y lo defiendo sin dejar de ser yo, sin dejar de pensar lo que yo pienso”. ¿Cómo haces tú para decir lo que tú eres y lo que tú piensas en espacios donde se manejan distintos discursos? Todo esto es un camino por experimentar, no son respuestas que yo tengo. Y muchas veces voy con gente cercana, a la que le consulto las cosas, gente que yo sé que no me va a caer a rollos, gente que yo sé que sé son criticas conmigo mismo, y los quiero también; que me adoran, que tenemos que encontrarnos más. Nosotros hacemos la canción en el encuentro con uno mismo, y ahí te estás exponiendo totalmente, uno pasa a ser absolutamente vulnerable.

Gabriel: ¿Cómo ha sido la receptividad de ese otro mundo? Que no es ningún otro mundo, pero lo hemos llamado así.

José: Creo que uno da el paso adelante también. Importantes son las relaciones de respeto. Yo nunca he llegado a ningún lado a querer imponerle a nadie lo que yo pienso. Hay veces en que esos espacios se han tornado hostiles y he llegado a la casa a recriminarme por haber asistido. Sin embargo, otras veces se han hablado cosas bonitas, como el hecho que la gente te reconozca y haga un poco de silencio para escuchar, gente que viene con esa tristeza y esos odios, y tú dices: “coño, esta era la razón por la cual yo tenía que estar aquí, qué bueno que estuve”.

Gabriel: Bueno, así lo ves ahorita. Pero para llegar a esa lectura, bastante te costó.

José: Claro, tú me conoces. Además, esas decisiones han llegado como en una suerte de taller abierto al público, siempre experimentando. Al final digo: “me voy a lanzar, pana, vamos a ver qué pasa ahí”. Siempre es ganancia. No sé si ha sido como yo lo veo, como yo lo enfoco, pero siempre ha sido ganancia. Yo doy la pisada que tenga que pisar y me abro, comparto la canción como la pensamos: un espacio de abrazarnos, un espacio de decirnos verdades, de movernos. Hay gente que lo ha entendido así y lo respeta.

Gabriel: Gracias, hermano.

José: Gracias a ti, hermano, senda conversa.

Gabriel: No le muevo ni una palabra.

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