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Lunes, 25 de Junio de 2018

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Por la libre | Donde lo libérrimo es el límite

Muchas más

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- Foto: Rafael Briceño Sierralta

A la cabeza de las manifestaciones opositoras van los hombres que dirigen. Pocas, muy pocas, mujeres tienen visibilidad y aceptación en ese plano por ser ellas, por su voz y fuerza, por su talento

Los hombres y las mujeres no deberían cumplir roles –entre ellos el ocupar cargos públicos o privados- por el solo hecho del sexo al que pertenecen. Eso es una expresión de sexismo. Deben hacer lo que hagan por sus capacidades como persona, independientemente del género en que se desempeñen.

El principio anterior parece que no es comulgado por la dirigencia opositora venezolana, ni por la radical, ni la moderada. Mujeres, en sus planos directivos, contaditas, poquitas. Ni una más, parece pensar los hombres que deciden.

Si se ve la composición de los grupos dirigentes de la oposición, la cantidad de candidatas en las elecciones, las pocas que son electas, se encuentra un pensamiento retrógrado en cuanto al papel de las mujeres en la política: que hagan lo que saben hacer, servir, sumirse a las decisiones masculinas. Inclusive, que protesten, como lo hacen en el hogar, como lo han hecho en otros tiempos y, algunas, también, ahora.

Ese contrasentido, desdice lo que en las innumerables colas, en los mercados, en las marchas, en los trancazos, en las mesas electorales, en las redes virtuales se ve: una nutrida participación femenina contra el gobierno. Pero no solo numerosa sino aguerrida, con los ovarios bien puestos.

Sin embargo, a la cabeza de las manifestaciones opositoras, por lo general, van los hombres que dirigen acompañados de las esposas, las madres, las hijas, de los que no pueden ir. Pocas, muy pocas, mujeres tienen visibilidad y aceptación en ese plano por ser ellas, por su voz y fuerza, por su talento.

Un movimiento contracorriente a lo que acontece en países progresistas, en otros planos nacionales, en las comunidades. Inclusive, en muchos hogares del país, donde son ellas las que dirigen y logran echar pa'lante.

Algunas de estas mujeres, arrechas con el gobierno, por supuesto, y con muchos de sus dirigentes, han pensando hasta en un partido político solo de ellas –ojo: otra expresión sexista– como forma de garantizarse la posiciones que en justicia les corresponde pero que el machismo les cercena.

Pero la salida no es segregarse sino luchar desde adentro como lo hacen hacia fuera. Tienen que vencer las sombras. Si no, cuando les toque negociar con los otros partidos y grupos opositores dirigidos por hombres, el machismo les pasará la aplanadora, como lo ha hecho históricamente. Verbigracia, la reciente elección de la directiva de la Asamblea Nacional.

Muchas más mujeres merecen el reconocimiento de las cúpulas dirigentes de la oposición, muchas más tienen que pelear contra sus propios dirigentes.

El clima mental en muchos hombres con poder en la oposición es que las mujeres son importantes, fundamentales, en la derrota del gobierno pero dirigidas por ellos. Mientras, del otro lado ven cómo se cuecen las bardas del vecino y hacen lo suyo: muchas de ellas tienen claro y reconocido poder.

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