https://www.facebook.com/BeducenVenezuela/

Miércoles, 23 de Mayo de 2018

Contrapunto.com

Opinión

El ojo mecánico

Mordida por mordida

Mordida por mordida
Imagen tomada de movies.yahoo.co.jp -

La recomendación es no conformarse solamente con lo que se ve en la pantalla, sino intentar hacer una lectura no literal del filme de Kornél Mundruczó… La parábola luego hará el resto.​

  •  
  • Juan Antonio González
  • Viernes, 25 de Marzo de 2016 a las 6:01 a.m.

La película húngara Los perros de la ira se ubica en los límites de una fábula que, pese a su impresionante vuelo creativo, muerde fuerte en una de las situaciones más bochornosas de nuestro tiempo: la persecución a los inmigrantes; es decir, al otro

Para aquellos que no toleramos el más mínimo gesto de maltrato o de violencia propinado contra cualquier ser vivo, las imágenes de la cinta Los perros de la ira (Fehér isten), del húngaro Kornél Mundruczó, pueden resultar francamente insoportables. Ya desde su inicio, el filme, por el que su director obtuvo el premio de la sección Una Cierta Mirada en el Festival de Cannes de 2014, es un desafío constante a la sensibilidad del espectador. Pero no por regodearse en elementos ultraviolentos o escatológicos, sino porque sus protagonistas son una ensimismada adolescente y su fiel perro de raza mestiza.

La película arranca con una secuencia deslumbrante e inquietante a partes iguales: Lili (encarnada por la naturalísima Zsófia Psotta) recorre en su bicicleta la ciudad desolada. Busca algo, pero no se sabe qué es. La soledad de su apremiante recorrido es interrumpida cuando desde la esquina de una calle aparece una jauría de perros que corre en la misma dirección de la chica… Fade out…

Ese subyugante “gancho” inicial es luego traído a tierra. Lili vive en una ciudad no identificada –o por lo menos, para quienes no conocemos Hungría– y en un tiempo no determinado. Se supone, por su forma de vestir, que hablamos del presente, pero dados los acontecimientos que se desarrollan en torno a la protagonista, pudiera pensarse también que estamos ante una historia de ciencia ficción sin un ápice de especulación futurista.

El caso es que la joven, trompetista de una orquesta juvenil, es dejada por su madre al cuidado de su padre (encargado de un matadero industrial) mientras se va a hacer, junto con su nuevo esposo, estudios de especialización en otro país. Como cualquier amante de los animales, la relación afectiva que Lili ha establecido con su perro Hagen es muy fuerte, prácticamente indisoluble. Aun así, Dániel (Sándor Zsótér), el papá de la chica, no acepta que su hija duerma con el animal y comparta con él sus alimentos, entre otras complicidades. La situación se complica para Lili debido a la aprobación de una ordenanza municipal que obliga a que los perros domesticados sólo sean de raza pura, elevando las cargas impositivas a aquellas personas que críen canes mestizos. Con la legislación ha aumentado el número de perros abandonados o llevados a refugios.

Lili decide entonces no perder de vista a Hagen. Un día se lo lleva a un ensayo. El perro ladra y el director de la orquesta los echa a ambos del salón. La niña y su mascota deambulan por la calle hasta que son encontrados por Dániel, quien en medio de su enojo, saca a Hagen del carro y lo deja a la intemperie…

A partir de este momento se desarrollan dos historias paralelas: la de una atribulada Lili, inmersa en las angustias de su edad: la esquiva aceptación social, la rebeldía ante la autoridad de los mayores, una platónica atracción amorosa y, claro está, la orfandad emocional en la que la ha dejado el haber sido separada de su “fiel amigo” de cuatro patas.

Por su parte, Hagen –en realidad son dos canes maravillosamente entrenados–, entra en un proceso de “reeducación” al pasar de ser una dócil y consentida mascota a una bestia imbatible en la lucha canina. Por cierto, Mundruczó no se ahorra detalles para mostrar el brutal proceso al que es sometido el animal y por el que se convierte en líder de la jauría de perros que vemos correr al principio del filme y que parece querer devolverle al hombre todos los maltratos que ha recibido.

Quizás, el desarrollo argumental de Los perros de la ira resulte para muchos bastante inverosímil, pero su evidente carácter de fábula, lo surrealista de algunas de sus maravillosas secuencias, no cesan de remitir a conductas humanas como la xenofobia, la no aceptación del otro, los nuevos nacionalismos y, de cara a la Europa de hoy, la discriminación de la que son víctimas millones de inmigrantes.

La recomendación es no conformarse solamente con lo que se ve en la pantalla, sino intentar hacer una lectura no literal del filme de Kornél Mundruczó… La parábola luego hará el resto.

Lee también en El ojo mecánico: Un policial introspectivo | Vuelta a la semilla | La culpa es de todos | La dependencia sentimental |


Las opiniones emitidas en esta sección son responsabilidad de los columnistas. Su publicación no significa que sean compartidas por Contrapunto.com.

Contrapunto.com respeta y defiende el derecho a la libre expresión, pero también vela por el respeto a la legalidad y al uso de un vocabulario libre de insultos y de contenidos inapropiados a la luz del sentido común y las leyes. En consecuencia, nos reservamos el derecho de editar o eliminar los textos o comentarios que incurran en estas situaciones.

http://www.contrapunto.com/noticia/suspiros-y-galletas-dulce-antojo-coloniero-103816/