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Domingo, 23 de Abril de 2017

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Opinión

El ojo mecánico | De películas y otras anotaciones de un cinéfilo empedernido

Mejor la realidad que la ficción

Mejor la realidad que la ficción
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“Día de patriotas”, de Peter Berg, recrea, entre la ficción y el documental, el atentado al maratón de Boston de 2013. Los testimonios son lo más conmovedor de la película

Sin duda, no es el mejor título, aunque los hechos reales que se recrean en la más reciente película de Peter Berg, hayan ocurrido durante la celebración del Día de los Patriotas. Aun así, es inevitable, en un principio, pensar que se trata de un filme que ensalza los valores nacionalistas estadounidenses; de hecho, las primeras secuencias de Día de patriotas parecen encaminadas a eso. El filme revive el atentado con bombas perpetrado por células musulmanas contra los participantes del maratón de Boston de 2013, que dejó un saldo de 3 muertos y 282 heridos.

La cinta, que protagoniza Mark Wahlberg como un sargento de la policía de Boston alcohólico que, con motivo de la carrera, es asignado a resguardar la seguridad tanto de los corredores como de los espectadores, se toma su tiempo para llegar al que a todas luces es su gran aporte: enfrentar lo contado desde la ficción con los testimonios de algunos de los afectados por la acción terrorista; es decir, contraponer algunos de sus personajes con los sobrevivientes reales del hecho.

Con una duración que supera las dos horas, Día de patriotas comienza apegado a la estructura básica del cine de catástrofes: presenta a los protagonistas en su cotidianidad para crear un vínculo emocional entre estos y el espectador, y aquí hace especial énfasis en los claroscuros del personaje que encarna Wahlberg, el héroe accidental de la historia. Lo mismo hace con algunas de las víctimas más resaltantes, como la pareja de jóvenes enamorados que se encontraba justo al lado de los terroristas cuando estos hicieron estallar una de las bombas caceras con las que cometieron el atentado; los dos musulmanes que planificaron el hecho, y entre quienes hay una permanente disputa por el poder, y finalmente a los involucrados indirectos, como el experto en computación recién llegado de China a Estados Unidos que en algún momento es forzado a cooperar en la huida y luego en la persecución de los criminales.

En este mosaico humano se va la primera parte de filme, que arranca con lentitud para luego tomar el impulso de un thriller policial, con altas dosis de suspenso, que detalla los pormenores de la investigación policial para capturar a los terroristas.

No es sino hasta entonces que Peter Berg muestra un pulso mucho más firme en el manejo de una puesta en escena dinámica y atractiva. Para ello cuenta con la excepcional banda sonora de Trent Reznor y Atticus Ross, los mismos que ganaron el Óscar por la partitura original de La red social, y la participación de los actores Kevin Bacon, John Goodman y J.K. Simmons, quienes ofrecen interpretaciones, a veces, más convincentes que la del propio Wahlberg.

Como quiera que sea, el segundo giro narrativo de Día de patriotas aún no termina de mostrar el lado más autoral de Berg. Vemos, eso sí, a un diestro cineasta que, sin muchas estridencias, hace encajar en un todo (las implicaciones de un atentado terrorista) las piezas dispersas de la primera parte de su película (los personajes y su entorno emocional).

Pero el director de cine, nacido en Nueva York en 1964, tiene una carta bajo la manga que descubre en los últimos minutos de Día de patriotas. A la complejidad técnica con la que ha decidido recrear el atentado terrorista de 2013, suma algunas imágenes documentales (entrevistas a policías y sobrevivientes) que aportan a la historia contada hasta entonces con los códigos formales del género policial, una poderosa carga emocional ante la que es difícil permanecer indiferente. Una decisión creativa que emparenta a Peter Berg con un realizador como Paul Greengrass (Bloody Sunday y Capitán Phillips), pero que, por la forma en la que es insertada en la última parte de su película, muestra también algo de su temor (¿o desinterés?) a correr riesgos artísticos. El tiempo dirá…


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