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Jueves, 18 de Octubre de 2018

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Más extraño que la ficción

Más extraño que la ficción
Fragmento de la portada del libro "La ola detenida", del escritor venezolano Juan Carlos Méndez Guédez -

"La noche oscura del chavismo" tiene su narración en la novela "La ola detenida", del escritor venezolano Juan Carlos Méndez Guédez, que es reseñada en este artículo por Ricardo Azuaje

Que también podría titularse El baile de madame Yaracuy o Retrato de la Corte Malandra con cordillera del cuaternario al fondo , la última novela de Juan Carlos Méndez Guédez – La ola detenida , Harper Collins, 2017–, además de contar con una brillante dedicatoria, narra la historia de una mujer que es una combinación de bruja con detective, venezolana y marialioncera establecida en Madrid desde hace décadas, que regresa a Venezuela con la encomienda de encontrar y devolver a su país a una joven española hija de un político conservador, pero con tendencias podemistas que la llevan a ese extravío tropical del que Magdalena Yaracuy deberá rescatarla.

Como todos sabemos, el podemismo, una vez pasas la aduana, atraviesas las puertas automáticas y sales al calor de La Guaira, se trasmuta en alguna de las vertientes del chavismo que infectan el país, por lo que no es de extrañar que la joven sea arrastrada por uno de los colectivos violentos que reinan en sectores de la ciudad, y que la bruja detective se vea obligada a relacionarse con malandros, policías, abogados y demás roedores que medran y se matan por las migajas que deja caer el alto chavismo (la bolicracia dueña de las divisas producto del petróleo y la corrupción de alta costura, tipo Odebrecht).

Cualquier persona con un somero conocimiento de las crónicas rojas rojitas del chavismo de inmediato identificará el caso sobre el que se articula la trama, que por lo demás el autor no intenta encubrir o disfrazar con mucho empeño. La historia gira en torno a un caso idéntico al asesinato del político chavista Robert Serra, que el gobierno madurista trató de adjudicar a Uribe y al paramilitarismo colombiano, alcanzando una incredulidad y escepticismo unánimes tanto en sectores de la oposición como del oficialismo.

Méndez Guédez, con un estilo fluido y un ritmo acelerado que te arrastra desde el principio y hace que leas la historia de un solo tirón (no te la podrías llevar en unas vacaciones, porque la vas a leer completa el primer día), se pasea por varias de las hipótesis que rodearon este asesinato, que van desde razones políticas y delictivas –que en el actual régimen venezolano vienen a ser dos caras siniestras de la misma devaluada moneda–, hasta la posibilidad de un crimen pasional o de una posible venganza.

Nuestro autor va un poco más allá y apunta a un escenario en el que habría más servicios de inteligencia involucrados en la historia que productos en una bolsa Clap, lo que ubicaría esta novela más en el género de espionaje que en el policial, y evocando hasta cierto punto aquella novela de Chesterton en la que todos los criminales terminan por ser miembros de alguna organización policial, y nadie sabe nada. Pero deja afuera la atmósfera de santería cubana y de corte malandra que rodeaba a Serra, tan fantasmal como las figuras vestidas de blanco que aparecían en el video editado y presentado por Maduro en cadena nacional. ¿Una petición de María Lionza cumplida por el autor para asegurar el éxito de la novela?

La noche oscura del chavismo tiene tantos matices y capas, como aquellos que rodearon la exhumación de los restos del Libertador, el asesinato todavía irresuelto del fiscal Danilo Anderson, o el de Otaiza (también asesinado por sus escoltas en una situación extraña), el narcotráfico y sus vertientes castrenses y mineras, las masacres de la OLP y tantos asesinatos que han quedado impunes. El entramado de la violencia en Venezuela es tan profundo, extendido y denso que hace parecer cualquier ficción que toque el tema como apenas el roce superficial de un ave sobre un lago profundo de mierda y sangre.

En palabras de La ola detenida :

"En ocasiones, y en el fondo de sí misma, le gustaba pensar que un lugar era igual a otro lugar. Eso podría ser cierto para otros. Para ella no. “Los lugares nos contienen”, pensó. Esta casa en ruinas, este malentendido llamado país era su casa. Su primera casa. Por eso se sentía como un caracol que lleva una materia enferma, supurante."

Más que una ola detenida, una resaca de horror y miseria.

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