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Domingo, 20 de Agosto de 2017

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Entrevistas CTP

Venezuela necesita “mejor mercado y mejor Estado”

Marino González: “Hacer el revocatorio es un problema de salud pública”

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  • Vanessa Davies
  • Domingo, 21 de Agosto de 2016 a las 2:30 a.m.

“No hay forma de resolver la crisis de la salud en una economía distorsionada”, concluye el médico e investigador. Como miembro de la Academia Nacional de Medicina, calcula que 65% de los gastos del sistema de salud son sufragados por las familias

El antes y el después del sistema de salud pública lo puede contar el médico e investigador Marino González en primera persona: cuando cubría guardias en la Maternidad Concepción Palacios, hace 30 años, un neonatólogo quedaba de guardia para atender cualquier complicación. Eso cambió. “La Maternidad cerró el posgrado de neonatología hace cinco años, por lo que si los niños tienen una complicación, no dispondrán de los recursos con los que contaban hace 30 años”, deplora González, en entrevista con Contrapunto.

Egresado en 1983 de la Escuela de Medicina Luis Razetti de la UCV, González se especializó en salud pública en “la casa que vence las sombras” y se formó en ciencias políticas en la Universidad Simón Bolívar. También obtuvo un doctorado en políticas públicas en la Universidad de Pittsburgh. “Me atraía la idea de generar conocimiento útil”, afirma. Y vaya si lo ha hecho: su reciente discurso de incorporación a la Academia Nacional de Medicina revela que las venezolanas y los venezolanos sostenemos de nuestro bolsillo más de la mitad del sistema de salud.

En su opinión, el deterioro del país es tan grande, que hacer el referéndum revocatorio es un problema de salud pública.

“Drama social mayúsculo”

-¿En Venezuela hay destrucción económica o también social?

-Venezuela tiene un drama social mayúsculo. No existe país en América Latina, en los últimos 50 años, que haya tenido -como Venezuela- una combinación de caída económica con inflación. Estamos en el tercer año de la recesión económica. La caída de la actividad económica se calcula en más de 10 puntos, la más grande del mundo. La combinación con la inflación es lo más crítico, porque tenemos la inflación más alta del mundo desde el año 2013. La combinación de caída de la actividad económica con inflación en Venezuela solo es superada por lo sucedido en Perú entre 1989 y 1990, con 7.000% de inflación y una caída del Producto Interno Bruto de 21%.

-¿Qué pasará si esto sigue igual?

-Si en Venezuela se prolonga la caída económica este año y el que viene, sin duda que vamos a pasar a ser la sociedad con mayor pérdida de capacidad productiva en la historia de América Latina en los últimos 50 años.

-¿Qué sucede con la población venezolana?

-En primer lugar, caída del ingreso. El estudio que hicimos tres universidades venezolanas (investigación Encovi) reveló una pobreza extrema de 23,6% en el año 2014. En ese momento ya habíamos previsto que, si continuaban la situación económica y la inflación, en 2015 eso iba a aumentar, y efectivamente aumentó a 49,9%. De 2016 no tenemos información; estamos haciendo el trabajo de campo, pero lo más probable es que se incremente la pobreza medida por ingreso. La pobreza estructural, relacionada con factores como la vivienda y los servicios, estaría en casi 30%.

-¿Es producto de una “guerra económica”, como lo sostiene el gobierno?

-Hoy día se sabe que los países, para poder tener desarrollo sostenible, necesitan crecer, necesitan un ámbito político de colaboración entre los actores y nosotros no lo tenemos en Venezuela. En materia económica necesitamos crecer y tener baja inflación, y son dos cosas que descansan en los gobiernos. Estamos en agosto y no tenemos cifras de inflación desde finales del año pasado… ¿De quién es la responsabilidad?

-¿Descartaría la confabulación económica?

-¿Por qué no hay harina, leche ni azúcar? Porque la producción requiere de inversión pública, privada o de ambas. Lo que vivimos hoy es lo que sucede cuando el gobierno estatiza empresas, anula los derechos de propiedad y limita la actividad del sector privado. Eso ha pasado en otras partes del mundo, como la URSS y los países de Europa oriental. Nosotros nos metimos en este túnel desde hace 10 años.

Fallas en el pasado, peores en el presente

-¿Estaríamos igual si estuviese vivo el presidente Hugo Chávez?

-Es un problema de modelo. Creo que el gran error del presidente Chávez fue pensar que una economía basada en el petróleo tenía suficiente margen, suficiente autonomía como para resolver estos problemas. La decisión fue controlar toda la actividad económica, pero ningún país del mundo que tenga petróleo ha podido eliminar la dependencia real de otros sectores de la producción. La responsabilidad tiene que ver con la manera como se han enfocado los temas económicos, sociales y políticos.

-El pasado antes de Chávez tampoco fue mejor.

-No es que los problemas aparecieron ahora. Pero esto ha sido mucho más crítico ahora. Venezuela, a mediados de los años 90, tenía retrasos importantes en la reforma del sistema de salud. En los años 90 los países de América Latina empiezan a transitar estas rutas: necesitan poblaciones sanas, con suficientes capacidades para enfrentar los retos del desarrollo.

-¿Qué hizo Venezuela?

-Venezuela comenzó con una reforma en la que fuimos pioneros: la descentralización de los servicios de salud. Fuimos muy exitosos en estados como Aragua, Mérida y Carabobo. Hay un tema crítico en este momento, y es que los países que le dan importancia al financiamiento público de la salud son los que tienen más éxito, porque la salud es un bien público y no tenerlo afecta a los sectores más pobres de la población. ¿Qué ha pasado en países desarrollados? A esto se le ha dado prioridad, y de cada 100 unidades monetarias 85 las pone el Estado.

-¿Y en Venezuela?

-En los años 90 Venezuela ya tenía problemas de ese tipo, igual que Colombia, Brasil y Perú, porque el aporte que debían hacer las familias era alto. En 1995, 50% de los gastos del sistema de salud eran sufragados por las familias venezolanas y no por el Estado, cuando la proporción debería ser 15% las familias y 85% el Estado.

-¿Cómo estamos ahora?

-Desde 1995 hasta 2013 aumentó a 65%. En otras palabras, 65% de los gastos del sistema de salud son sufragados por las familias. Es una paradoja que el gobierno haya dicho que la salud es un bien importante, pero en la practica terminó ejecutando la privatización de los servicios de salud más grande de América Latina en el siglo XXI, y una de las más grandes del mundo. En este momento los países reducen el costo para las personas y las familias. No ocurre así en Venezuela.

Buena orientación, mala ejecución

-Pero el gobierno creó Barrio Adentro, hizo inversiones.

-Desde 1999 hasta 2002 el gobierno de Chávez prácticamente abandonó la política social. Todo lo que venía de la década anterior, como los programas de compensación, fue eliminado. Luego de la crisis política de 2002 surge la necesidad, para el gobierno, de fortalecer el área social, y aparecen las misiones. Las misiones son una adaptación venezolana de una práctica cubana. La orientación de las misiones de privilegiar la atención primaria, de hacer llegar los servicios a todas las personas independientemente de su nivel social y ubicación geográfica es correcta.

-¿Qué llevó a su fracaso?

-Que no es un problema solamente de recursos. La mortalidad materna se puede reducir si se analiza en cada uno de los sitios lo que está pasando. Debes saber dónde se mueren las mujeres, dotar los servicios, acercarlos a la población. No es solo construir módulos de Barrio Adentro o tener médicos, sino gestionar un sistema diferente. La mortalidad materna aumentó con Chávez, por lo que hay una lógica que no funcionó. Terminamos con una de las menores tasas de inmunizaciones. Venezuela tiene las tasas más bajas de la región. En algunas vacunas, como la triple y la antipolio, Venezuela tiene coberturas solo superiores a Haití, Paraguay y Guatemala.

-¿Qué cree que sucede?

-Hay un problema de incompetencia, de incomprensión de la forma como funcionan los sistemas de salud modernos. Y para remate, la descentralización fue revertida y cambiada por un mayor control de recursos.

-¿Y en materia legal?

-Estamos en mora con leyes: no solo de salud, sino de pensiones. Venezuela es el país con más retraso en reformas institucionales de salud y de seguridad social en América Latina.



Hasta las sábanas

-Usted dice que la gente sostiene 65% del sistema de salud. ¿Cómo lo hace?

-La forma más sencilla es que la persona debe llevar sábanas, inyectadoras, catéteres, utensilios. O tiene que comprar los medicamentos en la farmacia. También debe pagar la consulta en el sector privado. Según la Encovi, aunque existen los módulos de Barrio Adentro y los CDI, de cada 100 personas con diabetes 95 se controlan en servicios privados. Si tienes diabetes, necesitas un médico que sepa del tema, exámenes, insumos, y la realidad es que la persona va a Barrio Adentro y no los consigue. Y los hospitales públicos también están muy deteriorados. Hay familias que deben vender un vehículo, hipotecar la casa o irse fuera del país para tener acceso a un servicio de salud. En 2015, 55% de la población no tenía seguro de salud.

-¿Para dónde va ese 55%?

-Es la gente que debe hacer largas colas, que está en situación de completa penuria en cuanto a su atención y no tiene para los medicamentos. De cada 100 personas con hipertensión arterial 65% no saben que la tienen o no tienen diagnóstico adecuado. Se calcula que en el país hay 9 millones de hipertensos, de los que 6 millones no tienen diagnóstico establecido.

-¿Qué sucede con los seguros privados?

-La cobertura llega a no más de 15% de la población. Además, en toda situación inflacionaria se disparan los costos, pero la posibilidad de compensar disminuye. Las primas que se deben pagar para las mismas coberturas han aumentado al igual que lo ha hecho la inflación. Entre 2014 y 2015 ha disminuido en 2% la población asegurada, y este año debe ser mayor. La cobertura disminuye.

-¿Qué sería lo ideal para el país?

-La cobertura debe ser pública. En Colombia 14% del gasto es del bolsillo de las personas y 86% del gasto es público. En México existe el seguro popular, que ha aumentado la participación del sector público en el financiamiento de salud. Los países de mayor desarrollo van en esa dirección, mientras nosotros marchamos en la contraria. Venezuela tiene aumento de mortalidad materna, endemias, hipertensión arterial y diabetes, y es el país de América Latina con el desempeño más bajo en materia de salud.

La salud supeditada a lo político

-¿Como revertir la crisis de la salud?

-Los cambios están supeditados a lo que suceda en el ámbito político y económico. No hay forma de resolver la crisis de la salud en una economía distorsionada. Venezuela necesita crecimiento económico, una economía en la que los sectores colaboren entre ellos. El país necesita un programa de estabilización económica orientado a tener una economía funcional y un Estado funcional. Resuelto el problema de la inflación, hay varias cosas que hacer en salud. Una de ellas es la manera como se gerencia el sector y otra, los recursos. Debe haber más recursos para la salud.

-¿No es un barril sin fondo?

-No, porque se supone que tienes una economía ordenada y que vas a asignar recursos. Hay una cosa que ahora financias y que vas a dejar de financiar. Por ejemplo, hay empresas estatizadas que deben ir al sector privado, para que puedas tener recursos para salud y educación. Hay que redistribuir los recursos para poder reducir a 15% el gasto que hace la gente en salud.

-¿En cuánto tiempo se puede llegar a eso?

-En Colombia se hizo en cinco años de reformas importantes. Los mexicanos también lo hicieron. Pero debe haber progreso permanente y sistemático. El otro tema es descentralizar, transferir recursos a estados y municipios, crear redes de servicios de salud.

-¿La red actual no funcionaría?

-Todo eso hay que integrarlo, no se pueden tener cosas paralelas. Hay que integrar Barrio Adentro y tener un solo sistema. Se necesitan más recursos públicos. Todo dependerá de cómo vaya la economía. Con una economía enferma la salud va a seguir siendo enferma. La segunda gran reforma o cambio es que los sistemas de salud deben ser descentralizados, lo que supone responsabilidades en varios niveles.

-¿Qué otro cambio necesitaría el país?

-Los países tienen recursos en el ámbito público y el privado. Esta separación es terrible, porque hay recursos que están en uno y recursos que están en otro y que se pueden compartir con un trabajo colaborativo.

-¿Usted cree que un centro privado aceptaría sin pagar a un paciente del sector público?

-Si todos los venezolanos tuviésemos un seguro para toda la población, que tiene unos topes, podrías establecer puentes con ese financiamiento para la prestación de servicios, pero también para investigación, recursos humanos, tecnología. Hay muchas modalidades de acción.

-¿Habría algo más?

-Hay que sacar la salud a las universidades, a los centros de trabajo. Hay enfermedades crónicas vinculadas con hábitos de vida, alimentación, trabajo, y mejorar todo eso pasa por información e intervenciones. Con estas estrategias tendríamos un sistema de salud muy diferente.

-¿Qué lo impide en este momento?

-Este gobierno se embarcó en una ruta que hace muy complicado el cambio. Todo parte de la concepción del desarrollo. Un desarrollo que solo se base en el Estado es incompatible con esto. Por eso creo que el país necesita una transformación política, económica y social importante. Se trata de tener una mejor economía para tener una mejor población. No hay manera de avanzar en el desarrollo con la actual situación.

¿Revocatorio o más destrucción?

-Si seguimos como seguimos, ¿cómo será la situación en 2018?

-Si no hay cambio y se avanza hacia una situación hiperinflacionaria lo que nos queda es destrucción de activos productivos, destrucción de calidad de vida, destrucción del ahorro de la familia.

-¿Qué pasará con la salud?

-Habrá más problemas, aumentarán la mortalidad materna y la mortalidad infantil, no se controlarán las endemias. El escenario es bien dramático de no haber cambio. Todos los países con hiperinflación han terminado con problemas de calidad de vida de marca mayor. Aumentará en Venezuela la pobreza estructural, la más difícil de revertir.

-Visto así, en su opinión ¿el referéndum revocatorio es un problema de salud pública?

-Totalmente. Hacer el revocatorio es un problema de salud pública, de supervivencia del país.

-¿Descarta que el gobierno del presidente Maduro pueda implementar cambios?

-Yo lo descarto. Hay que cooperar, hay que articular esfuerzos con todos los sectores. No veo esa actitud en este momento.

-Si aumentara la inversión de salud ahora, ¿habría algún cambio?

-No, porque no se trata de recursos, sino de lógicas de desempeño. Usted puede tener vacunas, recursos calificados, enfermeras, pero esas vacunas se pueden quedar allí. Puede tener médicos, bolívares y dólares, y si no se usan para control prenatal y atención del parto, no funcionará la reducción de la mortalidad materna.

Aprender las lecciones

-¿Todo se soluciona con el cambio de la economía?

-No se soluciona todo con eliminar los controles y abrir la economía. Hay que tener un programa de compensación importante por el deterioro social, hay que tener previstas asignaciones para financiamiento público. En el año 1997 Venezuela tenía el mayor poder de compra de América Latina y el Caribe: en 2015 caímos al noveno lugar. Se nos ha deteriorado nuestra capacidad de compra. Si seguimos así, nos vamos a parecer más a los países de menor capacidad de compra, como Haití y naciones centroamericanas. Tenemos un atraso de 20 años en este momento.

-En Venezuela hay temor al neoliberalismo, por lo que ha sucedido en el pasado reciente.

-En situaciones como esta hay que preservar el bienestar de la gente. En Venezuela se ha producido el deterioro de la calidad de vida. ¿Es posible tomar medidas que reviertan esta situación? Sí, y hay que tomarlas rápido. No tiene que ver con la visión de que prevalecerá el mercado o el Estado. Hay que pensar que hay cosas que el mercado hace bien, y otras que el Estado hace bien. Un ejemplo del rol del Estado: para que haya salud necesitamos un Estado que privilegie el gasto público y que sea protector. Las visiones neoliberales trasnochadas que piensan que la solución es más mercado no son compatibles. Tampoco las visiones que piensan que solo debe existir el Estado. Los venezolanos van a necesitar un programa de compensación de su ingreso que les permita estabilizarse, organizarse e insertarse en opciones de trabajo.

-¿Usted le quitaría el “coco” al neoliberalismo?

-En el mundo hay una visión aprendida: mejor mercado y mejor Estado. Hay cosas que el mercado no puede hacer y otras que el Estado no puede hacer o hace muy mal. Tampoco vamos a poder avanzar a expensas del petróleo. El recurso tiene que dirigirse a la creación de conocimiento. Es la gran experiencia del mundo.

-¿Se necesita financiamiento internacional?

-Para que la estabilización funcione se necesitan recursos. El país no tiene ahora ni cómo pagar las deudas con proveedores internacionales. La pregunta es: ¿quién puede poner sobre la mesa esos recursos? Muchos pueden venir de la banca internacional, de acuerdos con otros países. Se necesita una diversidad de opciones. Instituciones como la CAF y el Banco Mundial ofrecen experiencia, posibilidades de tener recursos. El país no puede cerrar ninguna puerta que contribuya a la mejoría de la situación de las personas. Esto lo deben hacer equipos competentes.

-En 1989 tuvimos una experiencia muy mala por decisiones que tomó gente competente.

-Me refiero a identificar la situación política; a entender que se trata de concertar esfuerzos y a tomar en cuenta a todos los sectores, tanto a los que están en este gobierno como a los que están en una posición diferente. No se puede ser impositivo, todo debe ser abierto y con diálogo.

-¿Aprendimos la lección de 1989?

-Debemos aprender las lecciones de 1989, de 1996 y de ahora. De todas esas situaciones debemos sacar un balance: saber qué se puede hacer y qué no se puede hacer porque afecta a la gente. Hay que tener una preparación política y técnica, no se puede improvisar. Hay que hablar y concertar. Por más que la experiencia de este gobierno haya sido criticable, se debe tener la visión para entender que algunas cosas que se han hecho tienen elementos buenos. Y debemos mantenerlos. Hacer borrón y cuenta nueva sería poco constructivo.

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