http://www.e-bolivar.gob.ve/

Viernes, 26 de Mayo de 2017

Contrapunto.com

Opinión

Argumentum | Series, miniseries y otros dispositivos contemporáneos

Manifiesto polifónico contra el prejuicio

Manifiesto polifónico contra el prejuicio
Los ocho integrantes del “cluster” en un bar de Ciudad de México. Todos los episodios de la segunda temporada fueron escritos por Lana Wachowski y J. Michael Straczinsky. Captura de pantalla -

En medio de la presentación de estas complejas relaciones, el guión sorprende con criterios como heteronormatividad y cisgénero. El primero en referencia al sistema de prácticas heterosexuales asumidas como modelo único para el funcionamiento de la sociedad y el segundo para referirse a personas cuya identidad de género y género asignado al nacer coinciden (los "cis" vendrían a ser aquellos que no se identifican con la identidad transgénero).

La 2a. temporada de "Sense8" (Netflix) desmenuza el tema del prejuicio en sus expresiones racial, sexual, política y social. Son 11 nuevos episodios, de una historia en escala mundial, sin un ápice de indiferencia. Este texto contiene “spoilers"

Si hay una serie que emociona esa es Sense8. Hace dos semanas, Netflix estrenó su segunda temporada. La vi dos veces. Una para disfrutar las novedades de cada personaje (y apreciar los cambios de paisaje de Nairobi a San Francisco, de Amsterdam a Chicago, de Mumbai a Berlín, de Ciudad de México a Seul). La segunda para escribir sobre una serie (de los hermanos Wachowski y J. Michael Straczinsky) en la que todo ha sido pacientemente meditado: desde las rutilantes secuencias de acción (imperdibles los episodios 8 y 11) hasta la hermosa reflexión que inicia, oficialmente, la segunda temporada. Sense8 no se inscribe en un único género porque -tal como la hipótesis de la que parte con los personajes- la fusión es su premisa.

“¿Quién soy”, se titula el primer capítulo, y muestra a Lito Rodríguez (actor mexicano y personaje que alimenta la serie con una dosis de comicidad) delante de una periodista. Micrófono en mano, luego de increparlo por haberse declarado homosexual poco tiempo atrás, la reportera de espectáculos le pregunta: “¿Quién eres?”. Otras preguntas, todas de un lógica casi lírica, sirven como respuesta: “Quién soy. ¿Quieres decir mi origen? ¿Lo que puedo llegar a ser? ¿Lo que hago? ¿Lo que hice? ¿Lo que sueño? ¿Lo que veo? ¿Lo que ves? ¿Lo que vi? ¿Lo que temo? ¿A quién amo? ¿Te refieres a lo que perdí? Quién soy yo. Supongo que lo mismo que tú. Ni mejor. Ni peor, porque nadie fue ni será jamás exactamente igual a mí o a ti”. Quienes hayan visto la primera temporada, sospecharán que el efecto polifónico se consolida (y tendrán razón): la respuesta no quedará apenas en manos de Lito, porque de eso trata Sense8. De la interconexión psíquica (mental y emocional) entre ocho extraños que viven (físicamente) en ciudades diferentes, pero se hacen presentes (e intercambian talentos) en la realidad de sus allegados.

Nomi y Amanita pasan a investigar tres elementos importantes para la trama: qué es la BPO, qué viene a ser el homo sensorium (del que descienden los sensates) y cómo rastrear a Whispers (la contrafigura que caza a estos clusters, o grupos de ocho, con fines oscuros). La pareja -que propicia la discusión sobre el tema transgénero y homoafectivo- comienza a indagar teóricamente en la relación entre el sapiens y ancestros como el neanderthal y el sensorium. Un genetista de la Universidad de Chicago, el profesor Kolovi (autor del ficcional Siendo seres humanos), les suministra algunas pistas luego de dar una clase en la que habla de Wittgenstein (sobre la idea del filósofo austríaco de que los límites del lenguaje son los límites del mundo. ¿Cómo sería la comunicación a través del pensamiento y del sentimiento, sin palabras? Es la pregunta que anima muchas de las discusiones de la serie). Antes de encontrar a Kolovi, una antropóloga -que no da crédito a la especie sensitiva- las anima a proseguir la búsqueda con una frase extraordinaria: “Los datos evolucionan. Lo que hoy es ciencia ficción, mañana podría ser visionario” (surgen referencias al hominídeo Denisova, a la subespecie del asiaticus y al homo naledi). En un afán por entender (de superar las etiquetas, según explica uno de los personajes), todo en Sense8 ayuda a desbrozar la maleza de nociones blanquinegras.

La venganza de Sun Bak, una historia repleta de acción. Captura de pantalla

En “ Obligate mutualism”, Will Gorsky consigue (finalmente) una “audiencia” con un “ejecutivo” de la BPO (Organización para la Preservación Biológica). Alguien dispuesto a explicar y a escuchar. La escena tiene lugar en un museo, frente a una tela de Rembrandt. Hay belleza en las explicaciones del “ejecutivo”, que transforma el diálogo en una metáfora del cuadro: la obra, icónica, retrata un grupo que abandona sus diferencias en pro del bien común, un cuadro ridiculizado en su época (visto como “desastre de aficionado”). Es curioso que todo lo que conlleve a “unión en pro del bien común” sea visto, en la serie, de esta forma: amenazante y en riesgo. Es casi una crítica política a países que no terminan de entender que allí reside el secreto del progreso y a comunidades que se resisten a asumir que las perspectivas cambian. La BPO, cuenta el hombre del traje, fue fundada en la década de 1960 por Ruth El- Saadawi, una científica de marca mayor que creía en la existencia de un mutualismo entre sapien y sensorium, en la interdependencia de las especies para sobrevivir. Las ideas iniciales de la organización tenían que ver con el “equilibrio natural y ético” y no con la persecución y los experimentos de bajos fondos (un cambio que ocurre a partir del 11 de septiembre, momento en que “la Guerra Fría muta en una interminable guerra contra el terrorismo”).

Las escenas son en Nairobi y transcurren en medio del discurso de Capheus Onyongo. Captura de pantalla

Hay, como este, varios “discursos diferenciados” en Sense8. Obsérvense los núcleos familiares. El de Amanita (con una madre blanca y tres padres afroamericanos), la mamá de Lito (aficionada al cine y posible motivadora de que su hijo se haya decidido por la actuación), los padres de Dani (obligados a entender que la idea de “familia” de la joven mexicana es vivir con una pareja homoafectiva, Lito y Hernando), la familia de Nomi (salvo la hermana, un núcleo en conflicto permanente que se niega a aceptar que su hijo siempre se sintió hija). En medio de la presentación de estas complejas relaciones, el guión sorprende con criterios como heteronormatividad y cisgénero. El primero en referencia al sistema de prácticas heterosexuales asumidas como modelo único para el funcionamiento de la sociedad y el segundo (menos utilizado y con detractores) para referirse a personas cuya identidad de género y género asignado al nacer coinciden (los cis vendrían a ser aquellas personas que no se identifican con la identidad transgénero). Más allá de los términos, es interesante ver cómo se incorpora al guión (al discurso) una discusión tan contemporánea. En ciertos ámbitos tan (aparentemente) comprendida y prácticamente ausente de la televisión. Incluso en historias que son prototipo de contenidos diferentes, visual y argumentalmente, como las series.

Otras críticas emergen de las historias (tan bien perfiladas) de estos individuos. Con Capheus Onyango, conductor de un matatu en Kenia, presenciamos uno de los puntos altos de la segunda temporada. Luego de disolver civilizadamente algunas reyertas sociales (relacionada, la peor, con el precio especulativo del agua en una comunidad a la que el agua potable no llega), una organización política pequeña, respetable, vislumbra en “Vam Damn” un candidato a la presidencia. Es de esperarse que con tal idea vengan también altísimos costos. Inseguro, Capheus acepta y en su discurso ante una platea de posibles electores asoma una discusión que le viene al dedillo a los países africanos, pero que no descuida el resto de los países del mundo (el tema, al final, es político): “Si van a votar por mí será mejor que me conozcan. Una vez, una kikuyu y un luo se enamoraron. Las dos familias se oponían a su matrimonio intertribal, pero el amor es un puente y no un muro (…). Primero vivieron con mi familia en Ahero, pero la aldea luo encontró mil maneras de hacer sentir a la novia como una invasora. Luego nos mudamos a la aldea natal de mi madre y fue el turno de mi padre de sentirse extranjero. Tuvieron que dejar su hogar e ir donde nadie los conociera. El prejuicio que los expulsó fue el mismo que mató a mi padre cuando un desacuerdo político se convirtió en guerra tribal. (…) Soy kikuyu, soy luo. Mi socio y mejor amigo también es mixto, su padre es sudanés, su madre es keniana. Nosotros nunca hablamos de esto porque nunca nos importó. Nada bueno pasa cuando nos importan más las diferencias que las cosas en común”. El cambio de actor (Toby Onwumere pasó a interpretar el papel que Aml Ameen hizo en la primera temporada) en nada perjudica el impacto del momento.

La cabilla arrastrada en el asfalto: un lugar común que funciona bien en el último episodio. Captura de pantalla

El tema de la valentía también se esparce en el cluster. Además de ser el asunto central de la campaña política de “Vam Damn” (amenazada por el partido predominante), antecede el retorno momentáneo de Rilley Blue a la escena musical (desafiando el sistema, sin ardides de protección y sin temer lo que vendrá a cada paso) y aparece en las motivaciones de Lito para convencerse de aceptar la invitación, como “maestro de ceremonia”, a la Parada Gay que se realiza anualmente en São Paulo. Como si el miedo que los seres humanos se profesan entre sí ameritara un ejemplo de “otra naturaleza”. O como si el antídoto para esa limitación fuese actuar en grupo. En comunidad.

Encontramos también una reflexión/homenaje al cine clásico a partir de From Here to Eternity (con Burt Lancaster), un cuestionamiento al mercantilismo (en el menos perjudicial de los casos) al que apela la empresa farmacéutica (núcleo de Kala Dandekar que posiblemente se extienda a una tercera temporada), otro al terrorismo ejercido en templos religiosos (una mezquita), a la situación de las mujeres en Seúl (lo que Sun Bak combate en el seno de su propia familia) y a una ciudad contemporánea, europea, sitiada por una sensate mafiosa (el caso de Wolfgang Bogdanow en Berlín). Entre ingeniosos movimientos de cámara y tomas aéreas, con un elenco secundario donde ningún personaje desfallece en el descuido (caso de Hernando y Dani), con una discusión interna sobre la calidad de las ciudades (siendo las “abiertas y diversas” predilectas de las personas brillantes y las “represivas y homogéneas” las urbes de las que se quiere huir), Sense8 se perfila como un proyecto no convencional (lleno de ambición, creatividad e ideales de rebeldía y aceptación) cuya tercera temporada estará entre las más esperadas en el futuro próximo.


Lee también en Argumentum | Series, miniseries y otros dispositivos contemporáneos: Tabú en China, tesoro radical para el mundo | Cobain intestino | Ajuste de cuentas | Universo “Fargo” |


Las opiniones emitidas en esta sección son responsabilidad de los columnistas. Su publicación no significa que sean compartidas por Contrapunto.com.

Contrapunto.com respeta y defiende el derecho a la libre expresión, pero también vela por el respeto a la legalidad y al uso de un vocabulario libre de insultos y de contenidos inapropiados a la luz del sentido común y las leyes. En consecuencia, nos reservamos el derecho de editar o eliminar los textos o comentarios que incurran en estas situaciones.

http://www.gotasdeayuda.com/
http://www.contrapunto.com/noticia/suspiros-y-galletas-dulce-antojo-coloniero-103816/