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Jueves, 18 de Octubre de 2018

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Opinión

El ojo mecánico | De películas y otras anotaciones de un cinéfilo empedernido

Llover sobre mojado

Llover sobre mojado
- Foto: Elcomercio.pe

El cineasta brasileño José Padilha, encumbrado por “Tropa de elite”, no ha tenido buena suerte en su carrera internacional. Ahora, presenta “Rescate en Entebbe”, una buena historia que pierde interés por lo conocida que es

José Padilha no es un recién llegado a las grandes ligas del cine mundial. Luego de recibir en 2008 el Oso de Oro de Berlín por su filme Tropa de elite, fue adoptado por la industria hollywoodense para realizar un remake de Robocop (2014), que resultó un monumental fiasco. Pero el cineasta brasileño no es tonto; siempre se reserva un espacio para trabajar en su país o para estar al frente de proyectos controversiales que le aseguren un mínimo de visibilidad en el panorama cinematográfico actual.

Desdichadamente, aparte de las series de televisión Narcos y El mecanismo, Padilha no ha tenido buena suerte en cuanto a los proyectos fílmicos en los que se ha embarcado. Un ejemplo de ello es la película Rescate en Entebbe, próxima a estrenarse en Venezuela.

El caso es que el director nacido en Río de Janeiro en 1967, retoma en su más reciente trabajo un hecho real que ya ha sido llevado al cine en por lo menos tres ocasiones. Me refiero al secuestro en 1976 de un avión de Air France por parte de dos palestinos y dos alemanes de la izquierda radical, que llevaron a los 248 pasajeros y 12 tripulantes del vuelo hasta Entebbe, en la Uganda gobernada por el dictador Idi Amín Dada. La situación terminó con el arriesgado rescate, por parte de las fuerzas militares de Israel, de los secuestrados.

Este hecho, que acaparó la atención mundial, fue recreado con anterioridad, aparte de en varios documentales, en las películas de ficción Raid on Entebbe (1976), Operation Thunderbolt (1977) y El último rey de Escocia (2006). Así que Padilha tenía la obligación de buscar una perspectiva diferente para contar lo ya contado. Y en su elección llegó a medias, pues si bien Rescate en Entebbe recrea los hechos desde la óptica de los secuestradores, en especial de los alemanes Wilfried Böse y Brigitte Kuhlmann, su aproximación a la psicología de estos dos extremistas es bastante superficial; tanto, que no logra dilucidar las motivaciones que los llevaron a participar en el secuestro. Es más, su acercamiento a ambos personajes resulta, cuando menos, estereotipado cuando muestra a Böse como ingenuo e idealista y a Brigitte como fría y leal a su causa, que pareciera no ser la causa palestina. Por fortuna, tampoco llega a justificar sus acciones, pero no los hace trascender de simples bocetos.

Igual ocurre del lado de las personalidades israelíes que estuvieron involucradas en la toma de decisiones para organizar la llamada Operación Entebbe: aunque los retratos de los, por aquel entonces, primer ministro Isaac Rabin y ministro de la Defensa Shimon Peres poseen altas dosis de ambigüedad, de claroscuros, tampoco son desarrollados a profundidad.

En descargo de Padilha, pudiera decirse que hay en esta historia mucha tela que cortar, que los acontecimientos de lado y lado se desencadenaron en abundancia y a una velocidad de vértigo, pero en esta apretada crónica humana que se anuncia al comienzo de Rescate en Entebbe, hay subtramas que sobran y que le restan minutos a lo que podría haber sido una interesante indagación psicológica de los protagonistas de aquel hecho de 1976.

Por ejemplo, nada aporta –a no ser un elemento meramente estético– la subtrama de la coreografía en la que participa la esposa de Yonatan Netanyahu, comandante de la Operación Entebbe, hermano mayor de quien es en la actualidad Primer Ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, y la única baja por parte de las fuerzas israelíes en el procedimiento de rescate.

En términos generales, Rescate en Entebbe funciona muy bien como una trama política permeada por el suspenso. Está correctamente narrada y muy bien ambientada. Solamente adolece de lo ya comentado: la limitación en el alcance de su planteamiento, en el desarrollo de los personajes y, hay que decirlo, en la subutilización de los dos grandes actores encargados de encarnar a Wilfried Böse y Brigitte Kuhlmann, Daniel Brühl y Rosamund Pike, respectivamente. Se nota que ambos artistas se entregaron sin cortapisas a sus personajes, pero se encontraron con un guion que les dejó muy poco margen para componerlos con densidad.

Aunque trató de evitarlo, José Padilha no pudo evitar que su película no fuera otra cosa que “llover sobre mojado”. Y esa es su entera responsabilidad.


@juanchi62

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