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Martes, 21 de Noviembre de 2017

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Opinión

El ojo mecánico | De películas y otras anotaciones de un cinéfilo empedernido

La inoportuna sensiblería

La inoportuna sensiblería
- Foto: Captura

El Festival de Cine Judío de Caracas llegará a su décima edición entre el 17 y el 23 de noviembre. Y tendrá como preámbulo la proyección de la cinta francesa "Les Héritiers"

Muchas más veces de las que uno quisiera, la memoria del Holocausto llega al cine a través de guiones en los que parece desconfiarse del poder sobrecogedor, esencialmente demoledor, de las miles de historias que dejó el nazismo y que, a veces, no requieren recurrir a efectos dramatúrgicos y dramáticos (actuaciones edulcoradas, música emotiva, símbolos forzados) para que la sensibilidad del espectador se sienta interpelada ante el horror que es capaz de causar un ser humano sobre otro.

La falsa inocencia, la victimización exagerada y la esquematización del enemigo son aspectos que si bien tienen cabida en el largo catálogo de aberrantes episodios ocurridos durante la Segunda Guerra Mundial, pueden llegar a sembrar dudas acerca de la honestidad con la que la historia es recreada y contada.

Algo de ello experimenté al ver la película de Marie-Castille Mention-Schaar, "Les Héritiers" (en algunos países de Iberoamérica ha sido titulada "La profesora de historia" o "Una vez en la vida"), cuya premisa es, cuanto menos, magnífica: un grupo de estudiantes problemáticos de una escuela multirracial son invitados por su profesora a participar en el Concurso Nacional de la Resistencia y la Deportación de Francia, cuyo tema no puede resultar más ajeno para estos chicos que experimentan en su cotidianidad la xenofobia, el racismo, la segregación y la violencia: los niños y los adolescentes en el sistema de los campos de exterminio.

La secuencia inicial de la película es absolutamente brillante: una joven musulmana, vestida con un hiyab (velo) le reclama a una profesora que no le entregue el certificado de culminación de sus estudios. La docente se niega a hacerlo porque, según las reglas, el uso de ese tipo de fular está prohibido dentro de los institutos educativos. “Son mis creencias. No lo hago para provocar”, dice la joven. Y la maestra le riposta sin ceder: “Tú sabes que es la ley. Además, no usaste el velo mientras estabas en clases”.

La escena es más que precisa para describir el entorno social en el que se mueven los jóvenes protagonistas de "Les Héritiers". Un entorno desmotivador, hostil, sin propuesta de futuro y peligrosamente cercano a los sentimientos colectivos a los que en su momento apeló Hitler para concebir su plan de exterminar a los judíos. Los estudiantes pelean entre sí, se insultan, a veces no se toleran y no terminan de darse cuenta de que tales conductas fueron el mejor caldo de cultivo para que la sociedad callara mientras 6 millones de personas eran asesinadas en los campos de concentración.

Sin embargo, inteligentemente la profesora Anne Gueguen, personaje real que inspiró a Ahmed Dramé (uno de sus estudiantes que participó en el concurso) a escribir el guion de "Les Héritiers" (2014), encuentra en el proyecto una manera de estimular un cambio de conducta en esos jóvenes que, sin percatarse de ello, pudieran terminar siendo manipulados por políticos con las mismas ambiciones destructivas de un Hitler o de cualquier otro dictador que se aproveche de su emocionalidad para instaurarse en el poder. Por supuesto, esta Gueguen ficticia no encontró quien mejor la encarnara que la actriz Ariane Ascaride, siempre en absoluto control de los personajes que le encomiendan.

Los protagonistas de "Les Héritiers" son muchachos en los que nadie confía, ni siquiera el sistema educativo al que pertenecen, en el que se “forman”, pero Gueguen, como el profesor de "Entre les murs", de Laurent Cantet, quiere mejorar sus vidas de manera tangencial; es decir, mostrándoles a través de la revisión de un hecho histórico, los peligros a los que están expuestos. No se trata de machacarles lo malo que fue el nazismo, sino de acercarlos a las historias de algunas de sus víctimas y de los pocos sobrevivientes que quedan del Holocausto. He ahí la diferencia entre enseñar y educar; también el motor discursivo que Marie-Castille Mention-Schaar quiere echar a andar desde la naturalidad de su puesta en escena, que siendo una ficción, toma prestados algunos recursos formales del documental.

Quizás, "Les Héritiers" podría ser, aún más, una película de gran contundencia reflexiva si no fuera por la incongruencia que evidencian sus imágenes; por un lado, se propone como una obra para la reflexión, pero por el otro está plagada de lugares comunes (todos sensibleros) que debilitan el poder de su mensaje. Por ejemplo, las lágrimas incontenibles del chico duro de la clase cuando escucha el testimonio de un sobreviviente, y seguidamente esa especie de coreografía del llanto que se esparce entre el resto de sus compañeros, con música melosa de fondo y una cámara circunspecta que no busca otra cosa que provocar la misma reacción en el espectador. Y no es que se execre ese recurso expresivo, pero el asunto está en que, al final, no sabemos cuál fue el verdadero impacto que dejó en los estudiantes el relato del anciano que quedó con vida para que las generaciones futuras conocieran el horror de los campos de exterminio.

Con todo, "Les Héritiers" es una excelente película para iniciar una discusión sobre el valor de la educación como muro de contención de aquellas conductas sociales que degeneran en la destrucción del hombre por otro hombre, sobre todo en estos tiempos de intolerancia, de discriminación, de racismo, de sistemas de creencias religiosas en pugna, de grupos neonazis, de refugiados… tiempos más cercanos a la muerte que a la vida.

Un excelente preámbulo para el Festival de Cine Judío 2017.


@juanchi62

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