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Jueves, 16 de Agosto de 2018

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Economía

La caraota negra, estrella del plato típico se escapa de la mesa del venezolano

Por menos de 4 mil bolívares sería raro conseguir granos en Caracas

Por menos de 4 mil bolívares sería raro conseguir granos en Caracas
Productores estiman que 80% de las caraotas y frijoles que se consumen en el país es importado - Fotos: Jonathan Lanza

La caraota negra, un ingrediente esencial en el plato típico del venezolano, no solo se produce cada vez menos, sino que la carrera inflacionaria aleja un producto -que siempre fue popular- del bolsillo de las familias de bajos ingresos

El Pabellón, platillo típico del venezolano, es hoy casi un lujo. No solo sucede porque el kilo de carne se cotiza en alrededor de 4 mil bolívares y un plátano puede rondar los 400, aunado a la escasez arroz, sino que el ingrediente estrella, la caraota negra, importante fuente de proteína tradicional en las clases populares, comenzó el año pasado una carrera inflacionaria que la ha llevado a ubicarse en no menos de 4 mil bolívares.

En mercados como Quinta Crepo, se puede conseguir una variedad de frijoles: chino, bayo, pico negro; además de caraotas negras y rojas, arvejas y lentejas, con el mismo obstáculo: los altos precios, de entre 3 mil y 5 mil bolívares. Esto significa al menos el equivalente a cinco días de jornada laboral, según el salario mínimo.

Hay locales que tienen más de un año sin ofrecer caraota negra o lenteja, hasta los que cuentan con diversos granos, tanto nacionales como importados. Algunos vendedores cuentan que han tenido que cambiar constantemente de proveedor por las dificultades para conseguir los productos.

Según un comerciante, los costos dependen del precio que impongan los mayoristas: “semanalmente aumentan los precios, todo depende del proveedor”.

“Siempre hay el problema de que continuamente viene más caro”, añade, aunque asegura que la caraota negra ha sido la más difícil de conseguir y la lenteja es la que menos se vende por el precio: 6 mil bolívares el kilo. “Lo que pasa es que es importada”, comenta.

Mientras, en redes de supermercados visitados, la variedad es más limitada. Hay, por ejemplo, caraotas negras y rojas en lata a 470 bolívares y bolsas de arvejas amarillas de 500 gramos en 2.570 bolívares.

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Ahora la caraota no es venezolana

La memoria y cuenta del Ministerio de Agricultura y Tierras de 2015 revela que en granos leguminosos se producen en el país cuatro rubros: arveja, caraota, frijol y quinchoncho. Al sumarlos, tuvieron una producción de 24.130 toneladas, de los cuales 8.479 eran de caraota y 14.128 de frijol.

Aunque según el informe hubo un incremento de 27% con respecto a 2014, cuando se produjeron 18.373 toneladas, la producción nacional del año pasado representa solo 23% del consumo nacional de estos rubros, estimada en más de 100 mil toneladas al año, según datos aportados por Fedeagro.

El informe refleja, además, que se sembraron 34 mil hectáreas de granos el año pasado, a pesar de que el Plan Nacional de Leguminosas anunciado por el Gobierno a finales de agosto contemplaba la siembra de casi 75 mil hectáreas de caraotas y frijol, para obtener 60 mil toneladas de leguminosas para el último trimestre de 2015 y el primero de este año.

El desempeño de 2015 representa un considerable descenso en solo dos años, si se tiene en cuenta que la Memoria y cuenta de 2012 reflejó una producción de 92 mil toneladas.

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¿Cómo pasó Venezuela a no generar gran parte de uno de sus productos alimenticios emblema? Celso Fantinel, segundo vicepresidente de la Confederación Nacional de Asociaciones de Productores Agropecuarios (Fedeagro), explica a Contrapunto que las razones apuntan al desestímulo que significó para el productor nacional competir con las importaciones de caraotas y frijoles que ingresaban a una divisa preferencial.

“Competías con un producto traído a dólar sobrevaluado. Todos esos granos que traían de Japón, Argentina, Centroamérica, Brasil costaban céntimos al lado de nuestra producción, porque a nosotros en el campo sí nos suben los insumos y los costos con la inflación. Y el productor, al no recuperar su inversión, tuvo que dejar de sembrar esos rubros. Esa es la historia verdadera”, dice Fantinel, quien cultivaba unas 30 hectáreas de caraotas pero abandonó el rubro hace varios años.

Sitúa lo que denominó “importaciones compulsivas” del Estado a partir de 2008 y hasta 2014. “Creo que en 2008 mucha gente dejó de sembrar caraota y frijol, prácticamente era más artesanal que intensivo”, añade.

Hoy estima que 80% de la caraota que consumen los venezolanos es importada. “Aquí quedó muy poca producción. Puedes conseguir algo de siembra en Trujillo, Lara, Yaracuy. Pero básicamente es un rubro que ha estado extinto. El año pasado apenas logramos sembrar unas 30 mil hectáreas, de manera tardía, porque Agropatria entregó la semilla tarde y, por tanto, no dio los rendimientos que queríamos alcanzar”, explicó.

Parte de esa producción la vendieron al Gobierno a 400 bolívares el kilo. Ahora, con el descenso de las importaciones debido a la escasez de divisas, se presume que estos rubros también se han visto afectados.

Pero también hay espacio para irregularidades. En el sector estiman que actúan mafias. “Lo mismo ha pasado con el arroz, donde la caída se debe a importaciones compulsivas y al nacimiento de unas empresas de maletín, que hacen que el arroz vaya para ellos y luego no sabes cuál es su destino final: si es consumo humano, industrial, si lo muelen, si hacen harina. Creo que son intermediarios, que desaparecen el producto importado. Estoy seguro de que para Colombia también se fugan productos”, añade Fantinel.

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A la espera de insumos

Fedeagro, que agrupa a unos 50 mil productores, ha planteado una propuesta al Ejecutivo, que hizo pública al país hace dos semanas. En el plan de siembra Norte Verano, que va de noviembre a marzo, sugieren incluir 40 mil hectáreas de caraota y frijol, que producirían unas 31 mil toneladas, con las cuales pueden cubrir casi 30% del consumo nacional. Para ello, requieren las semillas y agroquímicos, sobre todo herbicidas especiales para estos cultivos.

Agropatria, empresa estatal que nació a partir de la nacionalización de Agroisleña, tiene prácticamente “el monopolio” de insumos, dice el agricultor. Las otras empresas que existen han visto reducido el inventario de estos productos debido a la merma en asignación de divisas.

El año pasado, refiere, tenían un inventario de 15% y en 2016 se redujo a 6%. Asimismo, afirma que Agropatria no se da abasto. “A veces nos dan insumos en tan pocas cantidades que cuando distribuimos a las asociaciones de productores es tan poco que ves la merma en la producción”, detalla.

En el país la producción de semillas también fue en descenso en los últimos años al refugiarse en las importaciones. El segundo vicepresidente de Fedagro, quien suma 40 años en el campo, recuerda que la intervención por parte del Estado de las tierras del Valle de Tucutunemo, en Aragua, “un granero de donde salía semilla de caraota negra y frijol”, también perjudicó la generación de estos insumos.

Este gremio de productores está a la espera de la respuesta del Ejecutivo a su propuesta y asegura que solo con la producción nacional se pueden llenar los anaqueles.

Ahora, de contar con los insumos, Fantinel no se atreve a cifrar aún los costos de producción para tener idea del precio al que pueden llegar las caraotas a la gente. Precisa que eso dependerá del monto en que se ubiquen las semillas y demás elementos. “Es que hasta en Agropatria tuvimos aumentos de 800%, 2.000% y 3.000%, en algunos casos. Y los costos de mecanización y transporte están variando día a día”, apunta.

Las condiciones que reclaman para producir van desde agroinsumos, maquinaria, equipos, repuestos, financiamiento y seguridad. Las extorsiones, secuestros y robos de bandas que operan en zonas productivas son de los principales dolores de cabeza del sector primario.

En colaboración con Ivanna Laura

http://www.contrapunto.com/noticia/suspiros-y-galletas-dulce-antojo-coloniero-103816/