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Miércoles, 14 de Noviembre de 2018

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Opinión

Corpus christi

La danza: responsabilidades y goces

La danza: responsabilidades y goces
- Foto: Jonathan Contreras

Pensar la danza desde sus infinitas prácticas posibles, repensarme en la medida en que la hago y vuelvo a pensarla, haciéndola.

La danza siempre es un camino para llevarnos al encuentro con nuestra propia esencia...

¿Y si es la Danza la que se pregunta por usted?

Rafael Nieves

La celebración del día internacional de la danza se extiende durante un mes aproximadamente a partir del 29 de abril que es su fecha. Es tanta y tan diversa la actividad de esta disciplina artística que un día no es suficiente para satisfacer sus necesidades expresivas. Venezuela no es la excepción. A lo largo de todo el país, en este período se despliega un amplio panorama de actividades que van desde espacios de exposición de las obras —como los encuentros y festivales, clases, talleres de formación, conferencias y conversatorios— hasta las muestras de los procesos de aprendizajes desarrollados por los estudiantes y participantes de las escuelas de formación, talleres permanentes y las universidades.

Movimiento, cuerpo, espacio, elementos que conjugados con cadencias y sensaciones se decantan en lenguajes expresivos. Discurso simbólico, combinaciones y movilidades, ritmos y dinámicas perceptibles en un tiempo y espacio establecido. Un hecho cultural producido por individuos con experiencias y circunstancias históricas que manifiestan su manera de concebir el mundo; territorios para la transmisión de una cosmovisión que cumple una función comunicativa con el otro. La danza es un acontecimiento único, siempre atravesada por las circunstancias singulares que la propician en su momento de suceder, allí radica su maravillosa esencia, que nos atrapa y conmueve; su naturaleza de nunca ser la misma, siéndola.

Hilse León y Félix Oropeza. Foto: Jonathan Contreras

Estas cosas —entre otras— son las que me motivan a seguir haciéndola y seguir pensándola. Pensar la danza desde sus infinitas prácticas posibles, repensarme en la medida en que la hago y vuelvo a pensarla, haciéndola. Hacer la danza. Y al hacerla, pienso en una frase de David Ocanto, de la cual me apropié hace mucho tiempo, refriéndose a la posibilidad “cercar” las danzas tradicionales y populares como sujeto de estudio histórico, político y cultural, donde exponía que para logar esa configuración debíamos esbozar su silueta, rellenando sus espacios y sus tiempos con dos de sus esenciales aspectos constitutivos: la responsabilidad y los goces. Elementos que llaman la atención sobre la importancia del compromiso que asumimos con nuestra propia capacidad de satisfacción o deleite sobre la posibilidad de movimiento configurado en danza.

Estamos hablando de la danza que nos interroga por nuestra posibilidad de ser, no por aquella, como diría Rafael Nieves, que se ve a sí misma como la cúspide de las posibilidades corporales, esa es la fácil. Nos referimos a esa que nos habita y acontece, se configura por y desde lo que somos, una danza que nos permite reconocernos.

“Tal vez el secreto de lo apacible esté allí, entre líneas, como un resplandor innominado” parafraseando a Rafael Cadenas en su poema “Falsas Maniobras”, en la posibilidad de reconocimiento, en el goce y la responsabilidad de ello asociada al hecho bailar. Quizás la celebración de Día Internacional de la Danza, en los encuentros que esta efeméride propicia, sea una oportunidad para enriquecernos en el reconocimiento, en el hacer danzado del otro con el disfrute y la responsabilidad de saber que esa es nuestra posibilidad de ser.

Hasta entonces…

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