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Domingo, 22 de Abril de 2018

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Opinión

El ojo mecánico | De películas y otras anotaciones de un cinéfilo empedernido

La culpa es de todos

La culpa es de todos
Imagen tomada de http://www.imdb.com -

“El otro hermano”, cinta que forma parte del primer Festival de Cine de Uruguay 2018, echa una mirada descarnada a los vestigios de una dictadura de la que solo queda corrupción, ambición y decadencia

Enhorabuena que, a pesar de pertenecer al mismo sur del continente y desconocernos, la primera edición del Festival de Cine de Uruguay 2018 permita a los cinéfilos de este trópico de permanentes tormentos acercarse a las formas y los discursos cinematográficos de los artistas de este país tan cercano como lejano. Enhorabuena, porque a través de 17 películas recientes, podremos comenzar a armar el rompecabezas del ser y el sentir de los uruguayos. Todo eso, desde hoy.

Y nada mejor para comenzar a unir esas piezas que con un filme como El otro hermano, dirigido el año pasado por el cineasta Israel Adrián Caetano, quien combina géneros como el thriller, el drama familiar, el western y el gore light para contar una historia que encuentra su génesis en el personaje de Duarte, un suboficial retirado de la Fuerza Aérea y ex represor de la dictadura uruguaya venido a menos que, en un pueblo fantasmal del Chaco llamado Lapachito, siente que todavía puede ejercer algo del poder que tenía en el pasado.

Desde que se inicia El otro hermano, la cámara y los encuadres de Caetano acentúan la atmósfera general que servirá de telón de fondo a un relato abominable sobre el escaso valor de la vida, la ambición desmedida y la indiferencia. Todo aquí resulta sofocante, casi irrespirable.

A ese rincón del fin del mundo donde solo se puede sentir calor y no se deja de sudar, llega con su cara de hombre desprevenido y bonachón Cetarti, un ex empleado público citado allí por Duarte para reconocer los cadáveres de su madre y su hermano, brutalmente asesinados por el amante de ésta.

Cetarti lleva años viviendo en Buenos Aires, sin tener contacto con su familia, por lo que a las náuseas que le produce ver los rostros desfigurados de sus familiares por el disparo a quemarropa de una escopeta, sigue cierta frialdad que muta en codicia cuando el astuto Duarte le comenta que lo puede ayudar con los trámites para cobrar el seguro de vida de su madre y su hermano.

A partir de ese momento, los acontecimientos en El otro hermano dan cuenta de un estado de corruptelas tan bien aceitado que sorprende. El ex esbirro Duarte, de aspecto bastante desagradable a pesar de ser encarnado por el guapo Leonardo Sbaraglia, es el albacea del asesino de los familiares de Cetarti, quien se suicidó luego de volarles la cabeza.

Aparte de ello, con la ayuda de Danielito, el hijo del asesino, Duarte se dedica al secuestro y la extorción. Su crueldad traspasa cualquier límite, pues acostumbra a violar a sus rehenes, sea que se trate de un joven con síndrome de Down o una iracunda señora de mediana edad.

Solo una mujer intenta no dejarse manejar por los hilos que mueve Duarte, por lo menos no sin decirle algunas verdades en su cara. Ella es la viuda del asesino y la madre de Danielito y su destino no es otro que el de su amante. La encarna como un despojo humano la actriz española Ángela Molina.

Así, las vidas de los protagonistas de El otro hermano están más vinculadas de lo que ellos creen. Unas relaciones de las que se aprovecha Duarte para atarlos a su pusilánime existencia.

Israel Adrián Caetano adapta aquí la novela de Carlos Busqued, Bajo este sol inclemente, para construir una metáfora sobre las conductas sociales que propician la instauración de regímenes dictatoriales. Por una parte, está Duarte, que acciona solo por el dinero, por la ambición, la falta de escrúpulos y una psicopatía que lo lleva a creerse con el poder de dominar a los demás hasta obligarlos a hacer lo que él quiere; y por la otra, está la indiferencia, la sumisión y la comodidad de Cetarti, interpretado por Daniel Hendler con la misma convicción con que su contraparte –Sbaraglia– compone a Duarte.

Y es que según la tesis esbozada en este filme por Caetano, tan responsable del horror es quien lo inflige como quien lo acepta.

El otro hermano es un estupendo thriller del que es difícil despegar la mirada. A lo largo de sus 112 minutos de metraje, siempre se tiene la sensación de que en cualquier momento va a ocurrir algo determinante, y si no ocurre es porque su director sabe perfectamente que la oscuridad, el mal, tiene muchas formas y grados de manifestarse. Una impresión muy parecida a la que asalta a diario al venezolano de a pie cuando cree que ya no se puede estar peor y cosas aún más vergonzosas ocurren.

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