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Domingo, 18 de Noviembre de 2018

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Con el Mundial en el Alma (I de V)

La Copa llega a casa, un sueño de pequeños

La Copa llega a casa, un sueño de pequeños
Los equipos de Panamá (superior), Túnez y Arabia Saudita sueñan con la gloria de llevarse a casa la Copa Rusia 2018 - Foto: Collage Contrapunto

El periodista deportivo Cristóbal Guerra inicia sus entregas especiales para Contrapunto en ocasión del Mundial Rusia 2018. Más allá del campo de juego y del balón, Guerra apunta su mirada a nuevos ídolos y equipos que sueñan con la gloria

No hace falta pasar por peajes ni pagar un centavo por un sueño. Dicen que los sueños, sueños son, y selecciones poco tomadas en cuenta en el Mundial de Rusia, outsiders, como se les suele llamar, gritan para ser oídas: “Vamos a pelear, vamos a dejar la vida para traernos a casa la Copa”.

Estamos hablando de Panamá, de Islandia, de Arabia Saudita, de Costa Rica, de Túnez, de todos aquellos a los que los dioses del fútbol han dejado sumergidos en los mares del olvido. Desde ese naufragio, desde esa desesperación, claman por una oportunidad, por victorias imposibles, por un mundo mejor.

Ellos saben, cómo no lo van a saber, que Alemania, Brasil, España, Francia, Argentina son los preferidos por la gente de todos los confines de la Tierra, pero también reclaman ser parte imprescindible del gran y estruendoso jolgorio mundialista. Justicia plena, justicia justa.

Al llegar a Moscú a bordo de los aviones de la esperanza, ellos bajarán lentamente, sonreídos, rodeados de un aura mágica, pero también de una cierta inocencia. Llevan en los maletines tantos anhelos y oyen en los mp4 adheridos a sus oídos canciones de utopías: “Cuándo será nuestra vez, Dios santo, cuántos sudores vamos a derramar para que crean en nosotros”, piensan.

Llegarán a Rusia a jugar el Mundial con las emboscadas listas para engañar a los colosos, para que muerdan el polvo, para que caigan, para cazarlos en las trampas de oso del bosque de las ilusiones. Ellos vienen a ser herederos de triunfos surrealistas, aspirantes a una gloria que no conocen.

El panameño Blas Pérez (de rojo) / Foto: AFP

Ahora recuerdan con ilusión que encima de las tablas del Mundial se han escenificado actos imprevistos que no estaban en los libretos mejor imaginados. ¿Acaso no venció Estados Unidos a Inglaterra en el 50, el Brasil, con jugadores aficionados, trabajadores del puerto de Nueva York? ¿Y no venció Corea del Norte a Italia en Inglaterra, en el fragor del Mundial del 66? ¿Y qué decir de la victoria de Senegal sobre Francia, para entonces campeón del mundo, en Corea-Japón en 2002?

Pero llega en pocos días la hora señalada, como en aquella vieja película de vaqueros en la que el sheriff Will Kane (Gary Cooper) se enfrenta al malvado Frank Miller (Ian MacDonald) y luego de batirlo hace que las cosas regresen al lugar del que nunca debieron salir. Y, de súbito también es tiempo del verdadero momento de que el hecho mundialista, la verdad del fútbol, se comienza a desvanecer.

Youssef Msakni una de las principales apuesta de la selección de Túnez / Foto: AFP

Ni Alemania, ni Brasil, ni España, ni Francia, ni Argentina, van a ceder un milímetro a los pequeños. Aguardan con paciencia su momento, como jueces que conocen de antemano cuál será la sentencia, y ni siquiera se molestan en mirar hacia los costados. Ellos, los David, que se conformen con su papel de acompañantes, porque en el fútbol cada quien es cada cuál y los Goliath saben cuál será el suyo.

Ese fuego quemante con el que llegaron a los vestuarios se va apagando lentamente al entrar a la cancha. Después, llegan la anestesia, el coma, la eutanasia. Ya no habrá utopías que valga, ni quimeras alimentadas en los vapores del corazón. Panameños, islandeses, árabes, ticos, tunecinos: el sueño, así haya sido en colores, ha terminado. El Mundial aún no es para ustedes.

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