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Domingo, 22 de Julio de 2018

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Arte y Cultura

La obra, dirigida por Javier Vidal, se presenta hasta el 10 de diciembre en el Centro Cultural BOD

"La catira del general": Un guiño a la historia que puede hacer sentir esperanza o fracaso

Sócrates Serrano, Gonzalo Velutini, Juan Carlos Ogando y Jan Vidal protagonizan "La catira del general" - Fotos: Rafael Briceño / La catira del general
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  • Contrapunto
  • Viernes, 10 de Noviembre de 2017 a las 3:19 p.m.

La obra teatraliza el encuentro entre Marcos Pérez Jiménez y el escritor Camilo José Cela a quien le encargan una novela que se inserte en el Nuevo Ideal Nacional. Vidal termina escribiendo una obra que habla de los intelectuales detrás del poder

La catira del general, una de las puestas en escena más exitosas de la cartelera teatral caraqueña de los últimos meses, inició su segunda temporada ahora en el escenario del Centro Cultural BOD, en La Castellana, y Contrapunto conversó sobre su propuesta y acerca de los los roles con sus cuatros protagonistas, los actores venezolanos Juan Carlos Ogando, Sócrates Serrano, Gonzalo Velutini y Jan Vidal Restifo.

La obra, escrita y dirigida por Javier Vidal, teatraliza los momentos del encuentro entre el “gendarme necesario”, Marcos Pérez Jiménez, y el escritor español, Premio Nobel de Literatura, Camilo José Cela, a instancias del ministro Laureano Vallenilla-Lanz Planchart para encargarle la escritura de una novela que se insertará en el Nuevo Ideal Nacional y enterrará la Doña Bárbara del novelista y defenestrado presidente Rómulo Gallegos. Con ésta obra, el autor cierra su ciclo de trilogía sobre el “poder y los gochos” iniciada con Diógenes y las camisas voladoras y Compadres.


–Gonzalo, ¿cuál es el valor del mensaje de la obra en estos momentos que vive Venezuela?

–Gonzalo Velutini: La obra se trata de la llegada de Camilo José Cela a Venezuela; Marcos Pérez Jiménez lo manda a contratar a través del ministro Laureano Vallenilla-Lanz para que escriba una obra sobre un personaje venezolano que es la catira del general, de alguna manera para opacar a Rómulo Gallegos que había escrito Doña Bárbara, y como el gobierno era antiadeco, querían borrar a Rómulo Gallegos del mapa y que Camilo José Cela escribiera una cosa que sirviera después ya como imagen del gobierno, La catira, porque eran racistas y decían que la sangre del venezolano era café con leche y no querían negros, solamente gente mezclada de la comunidad europea. Y el otro personaje representa al inmigrante, quien vino en esa época a Venezuela, el italiano, el español, el gallego, el alemán, que vino a trabajar por Venezuela y en Venezuela, y donde pusieron bases y crearon todas sus familias, esa gente que todavía está aquí. Es como un saludo y un guiño a la inmigración que vino a Venezuela.

“La obra trata de cómo los intelectuales pueden manejar el poder y estar detrás del poder, en este caso, Laureano Vallenilla-Lanz que está detrás de Marcos Pérez Jiménez. Él es el que toma las decisiones, pero el que lo induce, lo incita y lo manipula es Laureano Vallenilla-Lanz. Es de alguna manera el intelectual detrás del poder".

Gonzalo Velutini

–Juan Carlos, ¿qué fue lo más complejo para lograr un personaje tan cercano a un dictador?

–Juan Carlos Ogando: El punto de partida es que es un dictador conocido. Es un personaje real, histórico y además todavía muy cercano a algunas generaciones. Es una interpretación en la que tenía que buscar la identificación con ese personaje real. El texto nos permitía ahondar en un momento real pero ficcionado en sus detalles, y eso podía tener el riesgo de hacer que yo, en vez de llegar a un personaje real, llegara a la caricatura del personaje real. Ese realmente fue el gran miedo.


–¿Cómo se siente en estos tiempos estar en la piel de un dictador y cuál es el ejercicio que tiene que hacer un actor para sobreponerse a la idea de ser un dictador?

–Juan Carlos Ogando: En la obra, no es el malo de la película… El público hasta puede llega a pensar: "él sí era bueno…". Eso era lo que estábamos buscando. Evidentemente el riesgo era perdernos en el camino de la construcción de ese personaje.

“Al estudiar el texto, el momento histórico y el personaje, te das cuenta que nuestra historia es súper cíclica, pero pareciera que es cíclica porque cometemos los mismos errores. Los gobernantes de turno han hecho lo imposible, salvo en los 40 años esos de democracia, es el único periodo en el que los gobernantes no se han desvivido por mantenerse en el poder”.

“Presentar a ese militar, o a ese autócrata, es para hacerte sentir a ti como público: ‘Pero si eso es lo que estamos viviendo. Me estás echando el cuento del 58…’. Ese es justamente parte del shock de este personaje”, añade Ocando.

–¿Qué piensa del mensaje de la obra en términos políticos, en este momento que vive el país?

–Juan Carlos Ogando: Este entuerto político que tenemos ahora como sistema, definitivamente nos ha hecho mucho daño como sociedad, nos ha dividido, nos ha complicado la vida a nivel social, económico, moral, político, jurídico… Yo creo que no hay ninguna arista del buen vivir de una sociedad que no haya sido sometida a descontrol por este sistema que tenemos. Entonces, políticamente hablando, no nos queda más que eso, cuando uno hace teatro en momentos como estos, de complejidad histórica y social, es simplemente para demostrarte que si hay algo que debe mantenerse vivo, es la cultura, porque esa es la esencia fundamental de una sociedad, una sociedad educada y culta, y el teatro es la manifestación artística viva, porque además es un arte vivo.

–Jan, interpretas a un inmigrante español con suerte… ¿Qué piensas de los jóvenes venezolanos que se tienen que ir ahora a otras tierras debido a la situación del país?

–Jan Vidal: Eso es una realidad, especialmente en la gente de mi generación, pero yo creo que las condiciones por las que se van los de ahora y los que se fueron antes son completamente distintas. Hay que pensar que mi personaje viene de una postguerra, de una dictadura abierta y franca y de unas condiciones agrícolas de lo que era la Galicia de aquel momento.


–¿Cómo hiciste para lograr esa interpretación tan cercana a un gallego, tanto en el hablar, el tono como en tu gestualidad corporal?

–Jan Vidal: Caracas, la de los inmigrantes, portugueses, españoles, italianos, que son los que levantan el país que estaba en vías de… y lo hacen próspero con su trabajo… Todo eso es lo que simbólicamente representa mi personaje, Paco Gando en la obra, toda esa inmigración, especialmente la gallega. Él llega sin un centavo y al primer día ya tiene 100 bolívares, con los que puede comprarse un carro y una máquina para hacer mangos de martillo y con eso logra escalar y en cinco años ya tiene una ferretería. Esa es la situación que vivieron nuestros abuelos, por decirlo así.

–Sócrates, ¿qué emociones pretenden transmitir con esta obra?

–Sócrates Serrano: Hay un tema que tiene que ver con el desarraigo y la emoción de la partida y de la llegada de los emigrantes cuando dejan su tierra y llegan a otra tierra a echar raíces, y la otra emoción es por supuesto todo lo que genera un líder como Marcos Pérez Jiménez y un intelectual como Camilo José Cela, es decir, la seducción del poder en todas sus formas, cómo nos conectamos nosotros como venezolanos a lo largo de la historia con esos elementos.

“Está clarísimo que siempre nos conectamos con los líderes carismáticos de una manera casi, como si fuéramos unos adolescentes enamorados, que no discernimos sino solamente nuestra conexión emocional con ese líder salvador en el que en algún momento colocamos todas nuestras esperanzas, nuestros deseos de superación, de progreso, que fue lo que sucedió con Marcos Pérez Jiménez”.

“Todo lo que hay detrás de los límites de lo ético y los límites del poder de la información. Todo eso está ahí sobre la mesa en esta obra. Es una mezcla entre emociones y despertar en el espectador un espacio de pensamiento crítico a través de esa emoción, de ese hecho histórico que de alguna manera se repite en la actualidad”.

–¿Cuáles son para ti las grandes fortalezas de este montaje?

–Sócrates Serrano: Una de las mayores fortalezas de este montaje es el trabajo en equipo de nosotros cuatro. Viéndolo de manera bien íntima, a pesar de que somos sumamente diversos en nuestros perfiles y características, supimos conectarnos y creo que Javier (Vidal) y Julie (Restifo) supieron conectarnos de una manera muy interesante. Los personajes están muy bien escritos y después creo que nosotros nos entregamos mucho a ellos. Creo que hay una combinación entre lo denso del texto y un humor muy bien llevado que refresca permanentemente toda esta densidad y luego hay una consecuencia en el espectador que es comparar automáticamente este momento de la historia con lo que nos está pasando ahorita, con sus diferencias.

“Es un guiño a la historia que puede generar o hacer sentir una esperanza en el espectador, desde la reflexión, o una sensación de fracaso por identidad. Pareciera en algún momento que hay como una sensación de fracaso permanente en lo que somos. Eso está ahí, pero la decisión final la toma el espectador, el espectador decide con qué parte se queda y se conecta".

http://www.contrapunto.com/noticia/suspiros-y-galletas-dulce-antojo-coloniero-103816/