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Martes, 23 de Octubre de 2018

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Opinión

Cable al sur | Literatura, política, memorias y otras ficciones

La balada de Noam am Danny

La balada de Noam am Danny
Noam Chomsky y Danny Glover, filósofo político el primero, actor y director el segundo, seguidores del pensamiento chavista -

Sobre la carta firmada por 154 intelectuales norteamericanos pidiendo que se le levanten las sanciones al presidente Maduro y a un conjunto de altos funcionarios de su gobierno

–¡En vivo! Desde la plataforma de internet menos vista en Suramérica e islas aledañas, nuestro estimado y poco conocido cantautor, creador del larga duración Cable al sur, cuyo nombre y apellido podemos naturalmente obviar, por obvio, creador del género musical híbrido e integrador, el tangoropo, rápidamente abortado, y ahora con nosotros en esta noche virtual, para brindarnos el estreno de su última pieza: “La balada de Noam y Danny”.

Tres o cuatro likes, un par de iconitos de “me divierte” y podemos contemplar cómo nuestro cantautor sube por una esquina de la plataforma (por donde entran los videos chilenos de youtube como “Hola, soy Germán” o “Yo tampoco entiendo a Martha Harnecker”), con la guitarra en una mano y un banco de plástico manaplás en la otra. Se instala en el centro del escenario, y mientras ajusta el micrófono desde la otra esquina se acerca corriendo un asistente con dos botellitas de agua mineral. Carraspeo, “Aló, Aló, uno, dos, tres, probando”, “Maduro mata la madre patria”, “Chámame Chávez, Cheam Penn”. Ajusta un par de clavijas y comienza a rasguear suavemente la guitarra, insinuando el comienzo de una canción.

–Buenas noches, quiero agradecerles por estar aquí y acompañarme en el estreno mundial de ésta, mi “Balada de Noam am Danny”, dedicada a los 154 intelectuales norteamericanos que acaban de firmar una carta pública dirigida a los gobiernos de Estados Unidos y Canadá, pidiendo que se le levanten las sanciones al presidente Maduro y a un conjunto de altos funcionarios que también se encuentran en la mira de la Unión Europea.

El trovador –al que seguiré refiriéndome en tercera persona, aunque por ahí digan que podría ser un síntoma de alguna psicopatología–, ahora puntea un tema que evoca el comienzo de “Escalera al cielo”, o “Samba pa’ti”.

–Arguyen que estas sanciones no contribuirán a mejorar la situación política, entorpecen las negociaciones con intermediarios españoles y dominicanos, y empeoran la situación del pueblo venezolano. Los humildes versos que escucharéis a continuación –disculpad esta conjugación, es que estoy viendo una serie española, El ministerio del tiempo, y no lo puedo evitar– intentan responder online a la preocupación de estos señores.

No tengo idea ni interés en saber por qué razón firmaron semejante carta 153 anglosajones, incluido Danny Glover, que a la final es solo un arma mortal y bien pagada del chavismo, pero Chomsky, que ya había afirmado en diversas oportunidades que el chavismo era una completa decepción y un verdadero desastre, ¿por qué? ¿Cómo se dejó estafar nuevamente ese revelador de mentiras del discurso político a través del análisis de la estructura profunda, que en el caso de la verborragia de Maduro, Jorge Rodríguez, Diosdado o Padrino López, no pasa de treinta centímetros, hasta el punto de que puedes dejar a tus niños bañarse en sus discursos sin temor, aunque es probable que terminen con una infección? Cómo ha podido continuar avalando ese pranato, ese agavillamiento del siglo XXI que es el gobierno de Maduro, sobre todo después de ese golpe dentro de un golpe dentro de un golpe que fue forjar una asamblea constituyente para usurpar los poderes de la última estructura democrática y legítima que quedaba en pie, la Asamblea Nacional.

–¡Ah, Venezuela! –y le da una chupada larga a una bombilla insertada en un mate que no se sabe muy bien de dónde salió. Continúa el rasgueo.

–La incredulidad se convirtió en enojo, rabia, y ésta en fervor de compositor, llevándome a tomar la pluma y la guitarra para componer esta balada, antes de que el fervor se transformara en acidez y ésta en gastritis, otra vez.

El bardo de San Telmo, como también lo llaman sus amigos y admiradores, aguantando la risa, mira fijamente la guitarra, adopta una postura que hace creer que va a empezar, pero no, ahora dirige la vista hacia el público virtual. Un par de likes, un emoticón interrogativo y pasos apresurados alejándose, alguien que se iba a meter en Instagram y cayó aquí por un mal click.

–Quise hacer algo que abarcara toda mi experiencia con Chomsky, desde el primer contacto con la gramática generativa transformacional en la escuela de Letras de la ULA –galpón de Humanidades, avenida Universidad– hasta estas últimas manifestaciones que rayan en la senilidad política. Luego recordé que Chomsky no se veía en Lingüística (y pensé también en una vieja idea, la de escribir un rap dedicado a Hjelmslev y la glosemática), y que mi conocimiento sobre su obra fue extracátedra, porque yo no estudié Morfosintaxis II, y es por eso que la balada comienza diciendo:

¡No, no, no, no, no, /yo no estudié Morfosintaxis dos!

–Y aquí tendría que confesar que yo no sé tocar guitarra y si llegan a escuchar dos acordes con sentido es porque Iván está acomodando este video, esta balada inconclusa sobre la incomprensión que rodea a Venezuela, particularmente cuando la observan desde la izquierda europea o norteamericana (de la hispanoamericana mejor no hablar, es un cante jondo que tira a bolero). ¿Por qué no entienden que las sanciones van dirigidas a funcionarios y no al país? ¿Por qué Noam, el gramático de la estructura profunda, no se hace la pregunta correcta y es por qué y con qué estos revolucionarios tienen propiedades y cuentas inauditables en Europa y Estados Unidos? ¿Cómo es que no ven la crisis humanitaria que vive la nación, la fuga masiva de sus habitantes, el abuso creciente e impune de la policía política, los militares, los colectivos? ¿Qué parte de la oración del horror venezolano siguen sin entender? Aparentemente toda.

Ésta no es una balada de amor, sí de muerte y desaliento ante la incomprensión y ante el crecimiento del cementerio en torno a Maduro y sus huestes, esas tumbas voladoras e ideológicas que descienden suavemente, cubriendo y manchando a figuras como Noam, Danny, Sean y Stone.

Y ahora sí: ¡Uno, dos, tres!

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