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Viernes, 24 de Noviembre de 2017

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Considera que el problema no son las máscaras, sino las ejecuciones extrajudiciales

Keymer Ávila sobre las OLP: si permitimos abusos a algunos, nos exponemos todos

Keymer Ávila sobre las OLP: si permitimos abusos a algunos, nos exponemos todos
- Foto: Dagne Cobo/ Archivo Contrapunto
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  • Luisa Salomón | @LuuSalomon
  • Domingo, 12 de Marzo de 2017 a las 11:33 a.m.

"Lo escandaloso es la continuidad, la regularidad con la que se están dando estas prácticas", considera Ávila

La creación de la Operación para la Liberación del Pueblo (OLP), desde este año bautizadas como "humanistas", por parte del gobierno nacional ha generado rechazo entre activistas y defensores de los derechos humanos, ante las denuncias de ejecuciones extrajudiciales y excesos policiales en el marco de estos operativos.

Dos años después de su implementación, centenares de denuncias y al menos dos masacres cometidas en el marco de estas operaciones -una en Barlovento y la otra en Cariaco- las OLP volvieron a activarse esta semana con dos operativos en la Cota 905 y El Valle, donde resultaron abatidas 9 personas, presuntamente en la búsqueda de la banda "El Coqui".

La difusión de imágenes de los efectivos de la Dirección de Contrainteligencia Militar (DGCIM) utilizando máscaras con formas de calaveras en el operativo, generó toda una polémica en las redes sociales sobre la aplicación de la fuerza en estas operaciones.

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En el marco de este debate, Contrapunto conversó con Keymer Ávila sobre la ejecución de las ahora llamadas OLHP, sus resultados y la incidencia de los operativos en materia de seguridad.

Ávila, quien es investigador del Instituto de Ciencias Penales de la UCV, profesor de Criminología en Pre y Postgrado de la UCV y colaborador del Observatorio del Sistema Penal y los Derechos Humanos de la Universitat de Barcelona, señaló que "no hay ninguna novedad" con los operativos de estas semanas.

"Aquí lo escandaloso es la continuidad, la regularidad con la que se están dando estas prácticas, pero no hay ninguna novedad", pues nunca se detuvieron los operativos, señaló.

Tampoco ve diferencias con la inclusión del adjetivo "humanistas" al nombre oficial, pues la realidad demuestra lo contrario: "Pongan una letra o no, eso es absolutamente irrelevante. Además que ponerle 'humanista' a una OLP es un oxímoron. Es como un feminismo machista o como un vegetarianismo carnívoro".

Sobre esta reforma a las OLP anunciada por el presidente Nicolás Maduro, Ávila escribió un análisis detallado en su artículo sobre el Plan Carabobo 2021.

Foto: Ángel Dejesús

En el país se ha generado una polémica por el uso de máscaras con forma de calavera en los operativos, ¿es esto legal?

El homicidio es un delito. Es el delito más grave, la principal demanda que se ha hecho, o la principal denuncia de ese tipo de operativos, tengan las tres siglas o no, porque mañana les pueden poner otro nombre y este tipo de operativos se vienen dando en los últimos 50 años con distintos tipos de nombre, el efecto es que tiene un grave costo en vidas humanas.

Lo de la máscara es irrelevante, el problema son las consecuencias reales y que está muriendo mucha gente. Por ahí hubo una declaración infeliz, porque por ahí hay políticos y hay opinadores de oficio que quieren hacerse famosos con este tipo de coyunturas, si yo me pongo la máscara de un payaso o de una calavera para ir a matar gente, a mí lo que me interesa es que no maten gente.

La forma de la máscara, o si usan máscara o no, es lo de menos. Lo importante aquí son los resultados: tenemos unas cifras escandalosas de homicidios comunes, tenemos unas cifras escandalosas de muertes en manos de organismos de seguridad, ambas cifras van en aumento. La consecuencia de este tipo de operativos no ha mejorado la seguridad de los ciudadanos, por el contrario, incrementa la inseguridad de todos. Porque cuando los funcionarios militares y policiales actúan sin ningún tipo de límites institucionales, las consecuencias son negativas para toda la ciudadanía.

Estas son máscaras para contextos de guerra. ¿Y qué se hace en la guerra? Se va a matar al enemigo. Esto no es para un contexto de seguridad ciudadana. Y son organismos claramente militares, ni siquiera son cuerpos policiales.

Son múltiples las denuncias de abusos e irregularidades en estos operativos, los allanamientos que se hacen no siempre siguen los lineamientos legales. ¿Cómo deberían aplicarse operaciones de este tipo?

A partir del año 2006 se dio todo un proceso de reforma policial, que fue la conocida Conarepol, luego se estableció un espacio que es el Consejo General de Policía que yo no sé si todavía existe o hace algo, pero al menos hasta el año 2013 el Consejo General de Policía estableció una serie de reglamentos y manuales de procedimiento.

Entre esos manuales de procedimiento está el de los operativos policiales, que establece cómo deben realizarse, tiene que hacerse un trabajo de inteligencia previo, tienen un carácter preventivo, etc.

Lo que hemos explicado también en distintos espacios es que esto no puede ser una campaña mediática que signifique grandes costos en vidas humanas, tampoco el Estado puede intervenir de manera esquizofrénica o por determinadas coyunturas, o convertir a los funcionarios en delincuentes para combatir a la propia delincuencia. ¿Cómo envías un mensaje a determinados sectores que no maten, matando?

Hemos también comentado que el Estado en general -prosigue Ávila- no puede tener actuaciones intermitentes. El Estado tiene que tener una presencia permanente, en todas las áreas de la vida social, y en el área de seguridad más aún. Hemos denunciado como el Estado en materia penal y policial tiene una actuación pendular, que va entre las ausencias, es decir, o no hace nada o entre los excesos y las arbitrariedades. Tenemos que exigir que el péndulo se pare en el justo medio. ¿Cuál es el justo medio? una actuación permanente, proporcional, en el marco de la legalidad, es decir, que existan instituciones.

Las OLP y las ejecuciones extrajudiciales, los enfrentamientos son algo excepcional, así no se va a solucionar nada. Además, cuáles son los objetivos, ya vamos a casi dos años de estos operativos y no están claros cuáles son los objetivos. Como yo puedo decir que algo puede funcionar mejor si desconozco cuáles son los objetivos. Yo lo único que veo son los resultados: enormes cantidades de detenciones arbitrarias y enorme cantidad de muertos en el contexto de estos operativos. Pero los homicidios no han bajado, los robos no han bajado, la gente no se siente más segura.

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En el año 2006, el gobierno aprobó El Código de Conducta para los Funcionarios Civiles o Militares que cumplan Funciones Policiales en el Ámbito Nacional, Estadal y Municipal, que si bien no establece claramente restricciones a la utilización de máscaras o capuchas en los operativos, sí señala en su Artículo 3 que, entre otras cosas, los funcionarios se comprometen a portar su uniforme e identificación como autoridad pública ante todos los ciudadanos.

"Portar el uniforme, las insignias policiales, las armas y equipos reglamentarios debidamente, de manera que la colectividad pueda reconocer el cuerpo policial o militar al cual pertenece y mostrar en todo acto de servicio los documentos e identificativos que los acrediten como autoridad pública", establece el texto.

Esta disposición se aplica, según el código, tanto a funcionarios policiales como a militares que participen en operaciones de seguridad ciudadana.

Preocupación por los límites de acción

La actuación de los organismos de seguridad es, para Ávila, una preocupación legítima que debe tener la sociedad, pues si no se defienden a las víctimas hoy, el próximo puede ser cualquiera.

"No tiene que ver con cuestiones de principios, ni porque yo soy comeflor. Es una preocupación eminentemente pragmática. Es que no es útil. Porque si tú le das una licencia para matar a estos sujetos, ¿cómo sabes que ellos no la administran discrecionalmente de manera arbitraria? Después de apoyar que maten a supuestos delincuentes, ¿cómo se yo que después no voy a aparecer en una cuneta el día de mañana con una etiqueta que diga abatido peligroso delincuente?", señala.

En este sentido, el investigador resalta la importancia de mantener límites a la actuación policial, pues la inseguridad no se combate a punta de injusticias.

"Cuando empezamos a permitir que algunos no tengan derecho de manera excepcional, estamos abriendo la puerta para que nos quedemos sin derechos todos", afirma.

El periodismo en cuerda floja: entre la fuente y la propaganda

Ávila destaca también el rol del periodismo de sucesos en el país y la reproducción en muchas ocasiones del discurso de las autoridades, que son la principal fuente del relato.

Sobre esto, aborda el concepto del "periodismo incorporado" de la doctora en filosofía Judith Butler, quien analiza la cobertura de los hechos de guerra por parte de los periodistas en Estados Unidos que, en la mayoría de los casos, siguen el discurso de los militares y el Departamento de Estado, por ser quienes ofrecen el acceso a la fuente.

"Terminan formando parte de la estrategia de la guerra y reproduciendo el discurso que quieren los militares. Porque son los militares quienes les dan la información, son los que les permiten el acceso al campo de batalla, y por lo tanto están totalmente subordinados a los militares. Los militares necesitan deshumanizar a las personas que resultan fallecidas, para justificar esas acciones, y los periodistas les hacen ese trabajo", explica Ávila.

Aplicado a la realidad venezolana, cuestiona hasta qué punto el periodismo de sucesos venezolano funciona como "la campana de resonancia de los organismos militares y policiales". Aclara que esto no tiene que ver con posiciones políticas, o ideológicas, sino que es un fenómeno que se observa en muchos medios de comunicación.

"El periodismo de sucesos hasta qué punto no termina siendo totalmente dependiente y complaciente de los organismos militares y policiales que son los que los llevan a las redadas, que son los que los meten en sus grupos de Whatsapp, que son los que les dan la foto ensangrentada de los cadáveres. Y son los que les dan el relato", comenta.

Plantea entonces una importante reflexión para esta fuente periodística, ante el riesgo de "reproducir la lógica policial y militar" por seguir el relato oficial y no contar con un contraste con otras versiones.

"Está bien, tu puedes mostrar una foto, pero el contenido y el marco que acompaña esa foto, ¿quién lo escribe?", comenta.

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