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Miércoles, 14 de Noviembre de 2018

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José Luis Fernández-Shaw: La violencia en Venezuela se está mexicanizando y brasileñizando

José Luis Fernández-Shaw: La violencia en Venezuela se está mexicanizando y brasileñizando
- Foto: Miguel Hurtado / Contrapunto
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  • Vanessa Davies | vanessa@contrapunto.com
  • Domingo, 04 de Noviembre de 2018 a las 12:11 a.m.

Las bandas les ofrecen a los jóvenes de los sectores populares “una vida llena de brillo”, y eso no se puede combatir con una "bequita", advierte el sociólogo

Los crímenes atroces hacen que la sociedad clame por soluciones igualmente atroces, en una espiral de violencia que parece no tener fin. Pero una de las voces que en Venezuela se planta a favor de una perspectiva diferente es la del sociólogo José Luis Fernández-Shaw. No es que vive en Narnia, ni mucho menos. Conoce cabalmente el significado de la criminalidad, con la diferencia de que no ve salida en el “ojo por ojo”, sino en el estudio del fenómeno y en las políticas que incluyan y no las que excluyan.

Tanto "pisa tierra venezolana”, que está seguro de que la crisis del transporte público venezolano debe haber aumentado los delitos.

“No tenemos mediciones recientes, pero imagínate cómo puede haber incidido la crisis del transporte en la violencia”, razona. “Debe incidir, porque la persona tiene que hacer grandes desplazamientos a pie, y son desplazamientos durante los que es mucho más vulnerable porque debe atravesar zonas en las que no conoce a la gente, sin iluminación”.

—Usted dice que para atender un problema generado por pocas personas se está reprimiendo a comunidades enteras. ¿Por qué volvimos a políticas represivas del pasado?

—Hay una lógica estructural. La sociedad se siente amenazada y termina creyendo que la respuesta represiva es la solución, y eso no solamente lo estamos viendo en Venezuela. También en Brasil: la sociedad apuesta por políticas represivas, que han demostrado que no terminan funcionando porque parten de una lógica equivocada.

—¿Cuál?

—Parten de la idea de criminalizar a todo joven de los sectores populares, aun cuando el joven de los sectores populares es la víctima. Nos lo dicen las cifras: la mayoría de los jóvenes que mueren por homicidios son de sectores populares, de entre 18 y 25 años, con niveles de oportunidad precarios, con poca inserción en el mercado laboral. Son muchachos a quienes hay que darles oportunidades para la vida.

—¿Son los victimarios también?

—Recientemente trajimos a un experto brasileño que bajó los homicidios en 40 % en Pernambuco, y nos dijo: poca gente mata a mucha gente en pocos sitios. Los homicidas son pocos, matan a muchos y están concentrados en pocos sitios.

—¿Usted comparte ese criterio?

—Comparto ese criterio. De ahí se desprende que la política acertada para atacar el homicidio es la investigación, no la represión masiva.

—Las OLP parece que terminaron.

—Afortunadamente.

—¿Y las acciones de la FAES?

—Siguen siendo medidas de mano dura. Creo que el tipo de política que tenemos que rescatar es la que se planteó inicialmente en misiones como A toda vida Venezuela. Un marco muy distinto de política, que fomentaba las oportunidades para los jóvenes, la integración de los sectores populares. Ese es el camino. Lamentablemente muchas veces también se entiende la oportunidad al joven como la bequita, el trabajito no productivo, y eso tampoco. Al joven hay que darle oportunidades reales de superación. Tenemos que darle al joven una oportunidad de vida que pueda competir con lo que le están ofreciendo las bandas.

Una vida “llena de brillo”

—¿Qué observa sobre el comportamiento de las bandas?

—La violencia en Venezuela se está mexicanizando y brasileñizando. Están llegando al extremo de que ya lo que tiene valor en sí es la organización criminal, y no el producto que comercializan. En México la banda surge por la droga, pero el cartel es importante más allá de la droga. Ya no importa si es droga, si es sicariato, si es tráfico, sino la organización.

—¿Por qué se estructuran de esa manera?

—Todavía no tenemos megabandas estilo carteles mexicanos o bandas como las brasileñas. Pero la violencia que estamos viendo no es solo la del muchacho falto de oportunidades que caía en el delito. Lo que estamos viendo son organizaciones que se encargan de captar a los muchachos en los barrios para integrarlos, y para integrarlos ofreciéndoles una vida llena de comodidad, llena de brillo: con dinero. Las bandas les ofrecen a los jóvenes una vida llena de brillo.

—¿Qué es “llena de brillo”?

—En las cárceles se utiliza mucho eso: “Yo quería brillar”. Y brillar es más dinero, más mujeres, con cadenas. Ese es el concepto de "brillar". Tienes incluso una construcción cultural para el joven varón de los barrios, y frente a eso hay que contraponer otra forma de masculinidad. La única forma de expresión de la masculinidad no es la del fuerte, ni la del violento, ni la del duro. Tenemos que hacer un trabajo sobre la forma como los muchachos vienen obteniendo reconocimiento.

—¿Cómo llegamos a eso?

—Por carencia de oportunidades. Por la exclusión que han vivido los jóvenes de los sectores populares. La probabilidad, para ellos, de construir un reconocimiento es más difícil. La otra cosa que ocurre es la construcción de la masculinidad en la sociedad venezolana, muy agresiva. El muchacho siente que cuando obtiene el reconocimiento del barrio es cuando tiene un arma. Antiguamente las muchachas de los barrios evitaban andar con quienes estuvieran en malos pasos; ahora les gusta, es algo para el reconocimiento, publican videos. Hay una "cultura del brillo". Se publican fotos con las armas en redes sociales.

—¿Usted cómo combatiría eso? ¿Qué haría?

—Una de las cosas es la reducción de las armas. Debemos parar la importación de armas.

—Pero entonces se usan las armas blancas.

—Pero el nivel de letalidad del arma blanca es mucho menor. Reducir la importación de armas reduciría la cantidad de gente muerta. Me dicen: “Siempre se puede matar con un cuchillo”, sí, pero es más difícil. También tenemos que ir al sistema de control de armas. Incluso sobre las armas legales, policiales, el control es mínimo. Tenemos que intervenir. No es posible que las armas se alquilen y presten. ¿Cómo es posible que un arma, un objeto que mata gente, no se lleve a revisión nunca?

Hay más presos, pero el problema sigue

—¿Qué otra cosa haría?

—Hay que trabajar preferencialmente en los sectores populares, porque son las víctimas.

—¿Qué implica?

—Dejar de criminalizar al joven de los sectores populares. Es lo primero. La criminalización los empuja al mundo criminal. Si me perciben como un criminal, terminaré siendo un criminal. Esta es la profecía autocumplida. En la medida en que abramos oportunidades a los jóvenes les estamos ofreciendo otro camino. Ahora, tienen que ser oportunidades reales y deben estar en el marco de una política estructurada, de revalorizar el trabajo. No debería haber nada más valioso en nuestra sociedad que el trabajo humano. Pero tenemos un modelo cultural que privilegia la viveza, la especulación financiera, el comercio especulativo. Lo último que se privilegia es el trabajo honesto, honrado, creativo. Hay que dar un vuelco.

Para el sociólogo es imprescindible la integración, no la exclusión del territorio. “Tenemos la ciudad y una especie de territorio al que arrojamos a la gente sin control”, con pocas vías de acceso, espacios oscuros y escasas vías de acceso.

“Lo que tenemos ahora son políticas de contención, basadas en lo coyuntural. Al estar basadas en lo coyuntural , y no frenar la producción de delincuencia, lo coyuntural se verá desbordado”, advierte.

Los datos revelan, según Fernández-Shaw, “que nunca habíamos tenido tanta gente en prisión, la mayor cantidad de población encarcelada en nuestra historia, y sin embargo la violencia sigue aumentando, porque no hay el freno de lo estructural”. Es decir, “las políticas contención no pueden funcionar eficientemente en un marco de violencia desbordada. Sí tiene que haber contención, pero paralelamente debemos trabajar en las variables estructurales”.


Ni por todo el oro del mundo

José Luis Fernández-Shaw dijo esta semana, durante el foro "Violencia en Venezuela: repensar la seguridad ciudadana", organizado por Amnistía Internacional, que al aumentar el precio del oro en Londres se incrementaban los homicidios en el Arco Minero del Orinoco.

“Es una paradoja terrible. Lo que debería traernos prosperidad, nos trae muerte. La tasa de muerte en el arco minero del Orinoco se incrementa en la medida en que aumenta el precio de la libra de oro”, expone.

—¿Por qué?

—En el Arco Minero del Orinoco estamos observando una lucha por la territorialidad. El concepto de renta se basa en el territorio. La renta no la genera la actividad productiva, está atada a la posesión de un territorio. Domino el territorio y me apropio de la renta. Lo que observamos en el arco minero es el dominio territorial para hacerse de la posesión de la renta del subsuelo.

http://www.contrapunto.com/noticia/suspiros-y-galletas-dulce-antojo-coloniero-103816/