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Martes, 16 de Enero de 2018

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Diversidad en perspectiva | Pensamiento crítico contra las discriminaciones modernas

Horror con rostro de mujer: el femicidio en la sociedad venezolana (Parte 7)

Horror con rostro de mujer: el femicidio en la sociedad venezolana (Parte 7)
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Los medios de comunicación han contribuido a naturalizar y justificar el femicidio, pero también a culpabilizar a las víctimas

El femicidio es el asesinato de mujeres a manos de los hombres, el cual tradicionalmente es cometido por la creencia de que las mujeres son inferiores, son un objeto o son propiedad; pero también es posible denominar femicidio a aquellos crímenes cometidos por los hombres contra las mujeres porque odian o desprecian lo femenino o todo aquello asociado a lo femenino como es el caso de los transgéneros. Sin embargo, uno de los factores que más ha contribuido a justificar y legitimar en el imaginario colectivo la comisión de este tipo de crímenes, así como, a revictimizar a sus víctimas han los medios de comunicación.

Con frecuencia es posible evidenciar la ausencia de conocimiento y sensibilización sobre este tema en los medios de comunicación y los periodistas que escriben y reportan sobre estos tipos de delitos; quienes continúan denominándoles crímenes pasionales, obviando la desigualdad social y las relaciones de poder que subyacen en este hecho. En algunos medios informativos comienza a incorporarse el término femicidio muy tímidamente, sin embargo, la más de las veces el empleo de este se realiza de manera equivoca, reseñando como femicidios todas las muertes de mujeres presentadas en un periodo determinado, sin que estas correspondan a los escenarios y agresores descritos en la ley, lo cual imposibilita un análisis confiable de las cifras de muertes de mujeres como consecuencia de la violencia machista en los espacios públicos o privados.

Una cantidad significativa de medios de comunicación han optado por el periodismo amarillista, desde el cual, en lugar de informar se incentiva el morbo de los lectores y espectadores, colocando el foco no en la comisión del crimen y el agresor, sino orientándose a reseñar los detalles escabrosos del crimen, así como, a exponer la vida personal de la víctima, la cual desde el relato mediático aparece como responsable y merecedora del crimen contra ella cometido. Desde esta perspectiva a las agresiones y muertes de una mujer siempre se les busca una justificación; se hurga en esas acciones, actitudes, “descuidos” u omisiones que pudo cometer la mujer que favorecieron u ocasionaron la ocurrencia del crimen; narrativa también asumida y reproducida por los espectadores de los medios de comunicación. Además, según Diana Russell y Jill Radford en su libro Feminicidio: La política del asesinato de las mujeres, estos crímenes encuentran mayor justificación cuando la mujer era lesbiana, sospechosa de adulterio, prostituta, es decir, transgresora de las expectativas y exigencias impuestas a la feminidad.

No obstante, cuando muere una mujer no hay una versión oficial, pues ella no puede relatar lo ocurrido, esta situación crea las condiciones para que sean construidos imaginarios sobre la víctima, que sea cuestionada su integridad personal, sus prácticas y concepciones de vida, que le puedan ser atribuidas infinidad de características negativas, que pueda ser desprestigiada sin que esta pueda defenderse. Este hecho se traduce en un último acto de violencia contra la mujer asesinada, mancillar su nombre y empañar el recuerdo en sus dolientes, pues cuando la mujer es envilecida y desprestigiada se hace justificable su muerte: en el mayor de los casos “se lo merecía”, en el menor de ellos “se lo buscó”.

Pero si no es posible hallar elementos que permitan culpabilizar a la víctima por lo ocurrido, se orientará esta acción sancionadora y de escrutinio hacia las otras mujeres vinculadas al agresor. En este contexto, generalmente la madre será objeto de acusaciones, lo abandonó, no le brindaba o demostraba cariño, lo maltrataba en la infancia, o la esposa, novia o amante, quien generalmente aparece como castradora, violenta, o infiel. Acciones que desde la perspectiva patriarcal justificarían el odio y desprecio del sujeto en cuestión hacia las mujeres, manifiesto finalmente en el asesinato misógino.

Sin embargo, cuando se hace imposible culpabilizar a alguna mujer (víctima o madre), los medios de comunicación de acuerdo a Diana Russell y Jill Radford, optan por enmascarar la responsabilidad del asesino, desproveyéndole de humanidad, mostrándolo como una bestia, un animal. Aunado a ello, también es importante destacar la tendencia de los medios a patologizar a los agresores, presentándolos como un enfermos mentales, un hombres sobrepasados por el estrés, los problemas y las deudas, victimas del alcoholismo y las drogas, discursos en definitiva permisivos y justificadores del femicidio.

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