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Lunes, 18 de Junio de 2018

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Fotografía de calle y documento social en Venezuela. El imperio del blanco y negro (I)

Fotografía de calle y documento social en Venezuela. El imperio del blanco y negro (I)
En la imagen, fotografías de Carlos Germán Rojas, Bárbara Brandli, Paolo Gasparini, Ricardo Jiménez y Ricardo Armas, exponentes del documentalismo socio-antropológico y la fotografía de calle en blanco y negro -
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  • Nelson González Leal
  • Miércoles, 09 de Mayo de 2018 a las 12:31 a.m.

La denominada "fotografía de calle" es una modalidad presente en Venezuela desde hace décadas, solo que ni siquiera los propios fotógrafos lo han concientizado. En este trabajo se aborda el tema, en varias entregas

En Venezuela existe una fuerte tradición de fotografía documental en blanco y negro. El uso del color en este campo, que en el ámbito internacional comienza a darse desde 1970 con los trabajos de Stephen Shore y William Egleston, tiene una expresión más tardía en nuestro país. Muchos de los registros fotográficos de esta década y aún de las siguientes (hasta nuestro período actual, donde parece haberse concientizado su uso y su configuración estética) pueden ubicarse dentro de las características propias de las tempranas expresiones internacionales de la denominada Street Photography, aunque exista aún resistencia a esta categoría por parte de muchos de los fotógrafos responsables del registro fotográfico de este particular período histórico venezolano.

En mi cuenta de Instagram (@negole) he escrito a manera de eslogan lo siguiente: “Mirar la ciudad en blanco y negro es mirarla desnuda”. Y ahora me he dado cuenta que la frase se emparenta con aquello que dijo el denominado “padre del fotoperiodismo canadiense”, Ted Grant: “Cuando fotografías a las personas a color, fotografías su ropa. Pero cuando fotografías a las personas en blanco y negro, fotografías su alma”. Juntándome a esa línea argumentativa de Grant he escrito luego que “Si en el día la ciudad se desnuda con el blanco y negro, por la noche el color la viste de tentaciones”.

Tal vez sean todos clichés propios de una tradición o de un atavismo heredado del impacto dramático que alcanzó la documentación fotográfica en blanco y negro durante su “gran reinado”, que podemos ubicar a lo largo de 50 años, de 1920 a 1970. En este período se marcan de manera particular dos escenarios fundamentales: el bélico, con la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Civil Española y la Guerra de Vietnam, eventos que dieron forma al rudo ejercicio del fotoperiodismo de guerra, y el del drama socio-económico que se extendió durante 10 años (de 1929 hasta inicios de 1940), conocido como Gran Depresión. De estos escenarios surgen muchas de las grandes leyendas de la fotografía en blanco y negro.

Retrato de Dorothea Lange en 1965 y sello conmemorativo "América sobrevive a la Depresión" con su foto de Florence Owens Thompson (1936)


A partir de la década que inicia en 1970 el color se manifiesta para ocupar, de manera paulatina y firme, un considerable espacio expresivo en el mundo del fotoperiodismo, la fotografía de moda, la deportiva, la social y, sobre todo, la familiar, y encuentra solo una resistencia, cada vez menos presente, en el campo del documentalismo y de la fotografía callejera.

Responsables conocidos del posicionamiento del color donde antes reinaba el blanco y negro son los fotógrafos Stephen Shore y William Eggleston. La manifestación visual que acogió con mayor placer la llegada del color a la fotografía fue la del arte, sobre todo en una época caracterizada por la irrupción del pop art que, inspirado en la estética de la vida cotidiana y los bienes de consumo de la época, se movió a contracorriente de las expresiones elitistas del denominado “espacio de las Bellas Artes”. A partir del color y de las licencias otorgadas por el pop art, la fotografía se permitió un ejercicio de transfusión y permeabilidad hacia otros géneros y percepciones estéticas.

Fotografía icónica de Stephen Shore. Beverly Boulevard and La Brea Avenue, Los Angeles, California, Junio 21, 1975


En Venezuela, no obstante, las décadas de 1970 y 1980 representan el período de consolidación del documentalismo social y antropológico en blanco y negro, impulsado por el surgimiento de espacios expositivos y de difusión especializada, sobre todo revistas que se hicieron icónicas, como Zona Franca (Revista de Literatura e ideas, Caracas: 1964 – 1984), Imagen (revista de arte y cultura, editada por el antiguo Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes, Caracas 1967 – 2005?), Encuadre (revista dedicada a la fotografía y el cine venezolano editada por el Consejo Nacional de la Cultura – CONAC -, Caracas: 1984 – 1996), Criticarte (revista de creación y crítica promocionada por FUNDARTE, Caracas: 1985 – 1992), Estilo: Revista Venezolana de las Artes(iniciativa privada por Nuevo Estilo Editorial, Caracas: 1990 – 1998?), y Extra Cámara (revista especializada en fotografía venezolana también editada por el hoy extinto CONAC: Caracas: 1994 – 2006?).

EXTRA CAMARA 3

Comparte este período venezolano con el internacional, eso sí, una postura estética y conceptual que apunta al cuestionamiento del concepto tradicional de “Bellas Artes” y ello lleva a nuestro hacer fotográfico por el camino de la valoración de contenidos socio-políticos, que responden al momento coyuntural del país y que se estructuran dentro de un marco de referencia muy específico: la ciudad. Esto es explicado muy bien en Álbum de ensayos: Antología de Josune Dorronsoro (Museo de Bellas Artes. 1999. Serie Reflexiones en el Museo. Caracas, Venezuela).

En este período la fotografía documental venezolana se potencia y se torna más representativa que nunca de las transformaciones experimentadas en el escenario urbano, desde un concepto cultural amplio que incluye lo arquitectónico, lo social, lo político, y en especial y de forma abundante, lo cotidiano, y casi siempre o en su mayoría, en blanco y negro.

Foto: Ricardo Armas

Foto: Ricardo Jiménez

La fotografía documental y social venezolana se torna, entonces, en vehículo expresivo de la cultura urbana y suma a esta representación “la cotidianidad del transeúnte, el humor popular de los grafitis, el valor de lo anecdótico, los contrastes vivenciales de los ciudadanos, es decir, la vida social en su máxima expresión visual y discursiva” (La Idea de Ciudad a Través de la Fotografía Documental. Iglesias Sánchez, Brenda U. FERMENTUM Mérida – Venezuela – ISSN 0798-3069 – AÑO 23 – Nº 68 – SEPTIEMBRE – DICIEMBRE 2013 – 377-400).

En otras palabras, la fotografía venezolana se aproxima —y probablemente sin tener mucha conciencia de esto— a las particularidades propias de lo que se conoce como “fotografía de calle”, sobre todo porque no busca enmarcarse dentro del uso exclusivo de lo fotográfico como evidencia histórica, sino que se permite “dar cabida a una perspectiva más personal” para conectar lo documental “al sentir interior del fotógrafo” (Iglesias Sánchez, Brenda U. Op. Cit.).

Foto: Paolo Gasparini

Foto: Carlos Germán Rojas

Dejaré hasta aquí esta aproximación, que ha de ser sometida al análisis y los comentarios de los lectores, a partir de los cuales continuaré el avance sobre el tema, en las próximas entregas.

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