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Viernes, 26 de Mayo de 2017

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Falsas noticias

Falsas noticias
- Foto: captura

La situación actual de Venezuela es excelente caldo de cultivo para la desinformación: desde hace rato la opinión impregnó la noticia. Pululan rumores, mentiras, trabajos de laboratorio, opiniones personales, a veces ingenuas, a veces con maldad

Cuando hay conflicto bélico, como en Venezuela, los mensajes con fines ideológicos, la propaganda que producen las partes enfrentadas, juegan un papel capital. Las noticias falsas, intencionalmente creadas, esas que abundan en estos días entre nosotros, son una de las armas.

Que si fulanito murió, que si el otro aflojó, que si los militares, o sectores de la oposición, o funcionarios del gobierno… todo puede ser inventado para entusiasmar a los seguidores, desmoralizar al enemigo, sembrar miedo o crear falsas expectativas, sentirse creativo, importante, vaya usted a saber.

En elecciones o en guerra, los opuestos tienen salas situacionales, laboratorios, que analizan los mensajes de la contraparte y producen los suyos, incluidos los de la “guerra sucia”. Sin duda, así funcionan el gobierno y los distintos sectores de la oposición en Venezuela. También en otros países en cualquier momento, pero cuando hay conflicto bélico, con más razón, con más ahínco.

Hoy, la vía lógica de los productos de esos laboratorios son las redes, el medio de comunicación alternativa que anhelábamos para informar de inmediato y manejarlo nosotros. Allí viaja información útil, cierta. pero también falsa. Eso lo sabemos casi todos, pero difícil contenernos ante la tentación del reenvío si lo que dice coincide o refuerza lo que pensamos y queremos. Si es así, la asumimos como cierta, así sea falsa, y la reenviamos. “Así me lo mandaron”, suele ser la excusa para no asumir responsabilidad.

En el reenvío, por lo general, priva la emoción, el morbo, la fantasía de ser poderosos al manejar información, no importa su calidad, con tal de que nos refuerce o exprese nuestros deseos. Ahora, cada uno de nosotros es comunicador, todos queremos ser dueños del “tubazo”, de la exclusividad de la noticia. Por ello, por ahora, es difícil confiar en la responsabilidad, la ética, de los ciudadanos en el manejo de la información.

Y es que hacernos sentir en las redes nos da poder: dime cuántos seguidores tienes y te diré cuánto vales, dime cuántos retuiteos te hacen o “me gusta” a lo que posteas y te diré de tu liderazgo (y de tu autoestima). De ilusiones también vivimos.

La situación actual de Venezuela es excelente caldo de cultivo para la desinformación: desde hace rato la opinión impregnó la noticia, rige la censura y autocensura en los medios clásicos, estamos a merced de los nuevos medios, redes con información polarizada; son excepcionales los portales equilibrados. Pululan rumores, mentiras, trabajos de laboratorio, opiniones personales, a veces ingenuas, a veces con maldad.

A esto se suma, la caducidad de la legislación sobre comunicaciones. Ahora, cualquiera puede decir lo que quiera por las redes, lo cual es un logro como avance libertario, pero crea un conflicto ético: ¿puede la mentira que confunde, lo inmoral que no mide consecuencias, ser admitido en nombre de la libertad? A lo mejor, sí; pero entonces tenemos que asumir que estamos en un mundo informativo al revés con un clima mental donde la emoción priva sobre la razón.

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