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Jueves, 16 de Agosto de 2018

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Nacional

“Estoy en este barco hasta el final”, promete

Ex preso político Boris Quiñones: “Le gané a la prisión y le gané a la muerte”-

Ex preso político Boris Quiñones: “Le gané a la prisión y le gané a la muerte”-
- Foto: Rafael Briceño / Contrapunto
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  • Vanessa Davies
  • Sábado, 14 de Julio de 2018 a las 11:13 a.m.

A este médico lo golpearon, lo encarcelaron, lo encerraron a más de 1.000 kilómetros de distancia de su familia. Intentó suicidarse. Sin embargo, hoy está fuera de prisión, aunque con medidas cautelares

De Boris Quiñones hay mucho por contar más allá de la etiqueta de preso político con la que pasó a la historia venezolana y, particularmente, a la biografía del Gobierno del presidente Maduro y al recuento de los cuatro meses de protestas que cambiaron la faz política venezolana.

De Quiñones hay que decir varias cosas: que nació en La Gran Sabana (en el estado Bolívar, al sur del país), es indígena pemón y estudió en Mérida (occidente). Quiñones se formó como médico para evitar y curar enfermedades y le tocó ser el médico de sus compañeros de celda en cárceles como la de El Dorado, también en el estado Bolívar. Que lo detuvieron en la sede de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (UPEL-Maracay) en julio de 2017 y que este año intentó quitarse la vida en un momento de desesperación en prisión, aunque ratifica que logró dejar atrás ese episodio.

“A pesar de todo me siento un ganador”, afirma Quiñones en conversación con Contrapunto. No puede hablar de política con los medios de comunicación, y su diálogo se centra en su experiencia en la cárcel y en su perspectiva actual. “Le gané a la prisión, les gané a los 11 meses de encierro, le gané a la muerte”, enumera.

Buena parte de su relato —que compartió en el contexto del foro sobre la tortura en Venezuela organizado por Provea y realizado este jueves 12 de julio en la Apucv— se enfoca en los detalles de su detención.

Quiñones describe que, luego de varios días de protestas y choques de los estudiantes con organismos de seguridad, funcionarios de Poliaragua allanaron la sede de la UPEL-Maracay. “Tengo una fisura en el coxis” de la golpiza que recibió, puntualiza. En la comandancia policial “nos arrodillaron, nos torturaron”.

Un día después, el 3 de julio de 2017, un tribunal militar acusó a Quiñones y a otros estudiantes de instigación a rebelión, destrucción de fortaleza e invasión de espacio de seguridad. De los 27 estudiantes llevados ante el tribunal militar, 10 fueron trasladados a la cárcel de El Dorado, a más de 1.000 kilómetros de distancia.

Aunque el juez dio la orden de que les permitieran comer, bañarse y cambiarse de ropa, recuerda, ocurrió todo lo contrario. “Nos sacaron como delincuentes”, y en un avión militar se los llevaron a Puerto Ordaz.

Tiene malos recuerdos de Poliaragua, pero reconoce que la comisión del Cicpc que los recibió en Puerto Ordaz, al igual qesue las autoridades de la prisión, los trataron con respeto.

En septiembre lo trasladaron a otro recinto carcelario (Fénix) y posteriormente a otra comisaría de Poliaragua. Un juez militar decidió otorgarles una medida cautelar, y ya “con la boleta de excarcelación en la mano”, por órdenes de arriba se las revocaron.

Quiñones refiere que los llevaron a otro tribunal, les hicieron una nueva audiencia y a cinco estudiantes deciden dejarlos tras las rejas con la imputación de nuevos cargos. “Violaron el debido proceso”, confirma. Los mudaron al Centro de Formación del Hombre Nuevo El Libertador (Fénix Libertador) en Carabobo, y allí comenzó otra historia, que incluyó la prohibición de recibir la visita de su esposa.

En marzo de este año, el médico y además preso político intentó quitarse la vida. Confiesa que entró en un estado depresivo, y asegura que no recuerda lo sucedido, pero que lo encontraron colgado de una cuerda.

De los aires de libertad volvió a gozar a partir del 14 de junio, cuando fue excarcelado por orden de Israel Paredes, juez noveno de control del Circuito Judicial Penal del estado Aragua. Debe presentarse ante el tribunal cada 30 días y no puede salir del país sin autorización.

Esta medida, en su caso, parece inútil, porque reafirma que no se irá de Venezuela. “Estoy en este barco hasta el final”, promete este médico de 43 años, a quien los meses de encierro no le apagaron la sonrisa.

http://www.contrapunto.com/noticia/suspiros-y-galletas-dulce-antojo-coloniero-103816/