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Lunes, 16 de Julio de 2018

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Opinión

Cable al sur

Escupiré sobre vuestras tumbas

Escupiré sobre vuestras tumbas
Imagen tomada de ayudapenitenciaria.blogspot.com -

...en este trópico enrojecido no existe la figura del condenado, a menos que seas perseguido político.

El caso de la creciente inseguridad en Santa Elena de Uairén, como un reflejo de la realidad delictiva nacional, y la responsabilidad política sobre esta situación, es narrada en clave irónica por Ricardo Azuaje, en esta crónica desde el sur

Podría haber pasado, o estar por pasar en cualquier cárcel de Venezuela en la que un anciano pran –22, 23 años-- adoctrina a un joven discípulo, probablemente de espaldas.

--¿Sabes, pequeño Pecari tajacu –“baquirito”, es conocido el gusto de los antisociales venezolanos por el uso de apodos recordatorios de la fauna local--, que estar acusado de ser el autor intelectual de un delito no te convierte en alguien más inteligente?

--¿Usted cree, doctor? –sintiendo el resuello en la nuca–. Pues sepa que mi general dijo que en cualquier momento me pasan pa’l otro lado, porque y que sé demasiado.

Este diálogo entre procesados (en este trópico enrojecido no existe la figura del condenado, a menos que seas perseguido político), tiene fundamento en el conocido hecho de que en el ámbito legal chavista sólo se habla de autoría intelectual cuando se le pretende endilgar un crimen cualquiera a un dirigente opositor; el resto somos unos improvisados, nadie planifica los asaltos a los bancos, los asesinatos para apropiarse de fortunas ajenas, los secuestros, las estafas y arrebatones, que vendrían a ser organizados gracias a un entramado de saberes populares, algo así como redes antisociales liberadas de la creatividad pequeñoburguesa.

Y es que por estas oscuras regiones del nuevo continente sólo parece haber autores materiales: los sindicatos criminales, las mafias policiales o militares, que van desde el asalto con homicidio, o la extorsión de comerciantes y mineros, hasta la administración de rubros alimenticios, parecen actuar como verdaderos inconscientes colectivos (con el perdón de Jung), sin cabezas pensantes ni protección de otros poderes, y no estoy hablando precisamente de santería.

Aparentemente nadie ordenó la masacre de Tumeremo y la presencia de chalecos del SEBIN entre los integrantes de la banda del Topo (Desmana moschata), o que el ejército entrase en primer lugar para borrar rastros incómodos, fueron actos debidos a la espontaneidad creativa popular, los poderes creadores del pueblo.

Nadie mandó a matar al pran de Margarita, el Conejo (Oryctolagus cuniculus), o protegió durante mucho tiempo al Picure (Dasyprocta leporina, o Dasyprocta fuliginosa, depende) en sus andanzas y tropelías por Guárico, y tampoco nadie organizó el asalto con doble homicidio perpetrado contra una familia de origen sirio en Santa Elena de Uairén, el lunes 5 de septiembre a las siete de la mañana y a 100 metros de un punto de control urbano de la GNB, que sigue sirviendo sólo para martillar motorizados y camioneros.

Hubo un tiroteo en la casa, dos miembros –que a estas alturas, martes 13, podrían ser cuatro-- de la familia murieron, pero también hubo un asaltante muerto, y resultó estar vinculado a la policía estatal, hecho que generó indignación en el municipio y condujo a un cabildo abierto donde se decidió expulsar a la policía del municipio, dejando así sin protección a los comerciantes chinos, a los trocadores (aunque éstos también gozan del cuidado de la GNB) y a los vendedores de droga de los liceos y escuelas, que era para lo que servía la presencia de la PEB en Santa Elena de Uairén. Y para matraquear a los brasileños, se me olvidaba.

Hace unos años el pueblo realizó otro cabildo abierto, o asamblea de ciudadanos, que terminó con la expulsión del CICPC, pues se habían dedicado a extorsionar comerciantes, hasta que éstos se hartaron, y los hicieron salir escoltados de la Gran Sabana hacia Tumeremo tomorrow, Guasipati, y El Callao tunai (o Tonight), de donde vienen en comisión cada vez que hay un homicidio.

El viernes vi la camioneta de los “funcionarios” parada junto a la venta de empanadas de maíz pilado que queda a la salida del hospital, y poco después me enteré por un amigo que tienen al familiar sobreviviente y que se defendió matando al asaltante, detenido en su casa, donde también se están alojando algunos de estos antiguos petejotas.

No es difícil imaginarlos preguntando insistentemente al sirio (media comunidad árabe de Santa Elena es oriunda de ese país; se vinieron acá por seguridad, pero están considerando regresar a Alepo, que es menos peligrosa), dónde están los diamantes o los dólares que los otros “funcionarios” no pudieron sonsacarle; mientras otros revisan un manoseado Libro rojo de la fauna venezolana, para ver qué nombre de vertebrado en peligro le colocarán al supuesto responsable de esta infamia, tan frecuente en Venezuela que ya conmueve a muy pocos.

Y aquí retornamos a los derechos de autor, que en este caso, como el del Picure en Guárico, o el del Topo en Tumeremo, tal vez deba ser compartido con otros animales, mamíferos de otra especie que tal vez no esté en peligro, pero que sin duda puede ser extremadamente peligrosa.

En el caso de la creciente inseguridad en Santa Elena habría que iniciar la lista de autores intelectuales con los políticos locales, como el co-co-concejal que hace años invadió impunemente los terrenos asignados para la construcción de los tribunales, y por lo que hay que viajar más de 600 kilómetros cuando testificas o participas en algún proceso penal (imagina que los crímenes, reales o imaginarios, cometidos en Táchira se procesaran en Maracay. ¿Qué? ¿Eso ya lo hace el “proceso revolucionario”? No sabía), lo que hace que queden inconclusos y los delincuentes en la calle, o regresando en busca de venganza; o el alcalde, que permitió doce invasiones en igual número de años, sin que en ese lapso surgiera una nueva fuente productiva y legal de trabajo; o el SENIAT, que ha observado indiferente, o beneficiándose extraoficialmente, la proliferación de trocadores y lavadores de dinero, sin hacer el menor intento por refrenarlo, ocupado en cobrar a los comerciantes multas y “donaciones” forzadas; o el Ministerio de la Defensa, que maneja todo el sur del estado como un ejército de ocupación (de hecho, somos parte del Teatro de Operaciones Nº 5), pero no impide el movimiento de bandas delictivas, el paso de drogas y armas, el contrabando de combustibles, oro y diamante, la trata de blancas (y de negros, porque últimamente están pasando un viaje de haitianos y africanos que no parecen venir con intenciones de subir al Roraima) y el aterrizaje no autorizado de ovnis; y no por último menos culpable, la gobernación del Estado Bolívar, por su cuerpo uniformado de asesinos encubiertos, y por el verbo abundante, desinformador y sin credibilidad de tu general Rangel Gómez.

¿Y qué tiene que ver con todo esto eso de Escupiré sobre vuestras tumbas? Pues nada en principio, el título de esa novela de Boris Vian siempre me ha parecido una maravilla, pero también podría verse como una oscura expresión de lo que sienten los que nos gobiernan por el valor de nuestras vidas, o nuestras muertes.

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