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Sábado, 23 de Junio de 2018

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Opinión

Mensaje sin destino

Epicuro, los primeros cristianos y la amistad

Epicuro, los primeros cristianos y la amistad
Busto de Epicuro de Samos - Imagen tomada de www.humanidad-despierta.com

A través de la amistad es posible edificar un sistema de relaciones humanas que no gire en torno a la búsqueda del poder, sino, más bien, que posibilite y potencie la felicidad.

El fin de la vida es la felicidad y entre los caminos a través de los cuales la sabiduría se vale para alcanzarla, el más expedito y puro de todos, el valor supremo es la amistad, y el amor es el signo que habrá de distinguirlos

A diferencia de muchos pensadores griegos, Epicuro fomentó su pensamiento a través de un proselitismo no elitista. En su comunidad, abierta a todos, cerrada a ninguno, hasta los esclavos se entregaron a la filosofía en su compañía. Numerosas mujeres participaron, a las que los enemigos de Epicuro tacharon de «heteras», es decir, mujeres que se resistían a someterse a la humillante segregación en la cuna de la democracia. El entusiasmo con que las enseñanzas de Epicuro eran seguidas por sus discípulos fue decidida, constante y, en algunos casos, inquebrantable como lo puede ejemplificar el poeta latino Lucrecio. Una exaltación que permaneció incólume a lo largo de muchas generaciones de partidarios durante largos años. Entre ellas, existió una generación de epicúreos que se encontraron con comunidades cristianas en el corazón del helenismo y, aunque es cierto que hay diferencias en el tiempo y en el lugar donde nacen, se hacen partícipes de la misma cultura helénica. El cristianismo se propaga por la cuenca mediterránea, por aquellos lugares embebidos de la cultura griega y terminará adquiriendo el sentido universalista propio de esa cultura y del imperio romano, que en aquel entonces representaba la universalidad.

Ambas comunidades, tanto las epicúreas como las cristianas, al menos los cristianos primitivos, siempre fueron cautelosos y atentos con los rigores del cuidado del alma. Sin embargo, de Epicuro se fabricó una imagen que alcanzó un rechazo frenético por parte de aquellos cristianos y que avanzó en el tiempo junto a los seguidores de Cristo. La imagen de un pensador que auspiciaba la satisfacción de los más bajos placeres de la carne, las fiestas orgiásticas como celebración inaudita de la vida, que fomentaba la negación de toda providencia divina y de la inmortalidad del alma alejó a los cristianos de las comunidades epicúreas para acercarlos a los estoicos, comunidad enemiga de quien fue considerado como una especie de anticristo, en quien reflejaron todo tipo de herejías. Ahora bien, ¿existieron ciertamente convergencias entre los epicúreos y los cristianos primitivos? ¿Los pensamientos emanados en el Jardín pudieron granjear alguna influencia en los primeros seguidores de Cristo?

El epicureísmo probablemente haya sido la primera escuela filosófica misionera y debido a ello puede deberse su propagación por el universo helénico. Los discípulos de Epicuro abandonaron el Jardín o, si se quiere, hicieron del mundo su jardín a través del cual fueron transmitiendo las enseñanzas de discípulo a discípulo y esto ha hecho suponer a varios estudiosos la posibilidad de que el epicureísmo se transformara en el eslabón que vinculó en un primer momento a la filosofía griega con el cristianismo y los preparó en su vocación misionera. Ese sentido misionero de los epicúreos no fue ordenado directamente por Epicuro, pero en sus escritos está el germen de la necesidad de invitar al mundo a la felicidad, la llamada a extender su mensaje de amistad (amor) a toda la humanidad. Al igual que con los epicúreos, un cristiano puede vivir su cristianismo sin necesidad de ser un experto o un teólogo. Este carácter misionero parece ser una característica compartida en el helenismo, en especial, aquellas que fueron, de alguna manera, marginadas de la, vamos a llamarla, filosofía oficial, es decir: los cínicos, los estoicos y, claro está, los epicúreos. El helenismo sirvió de escenario cultural que imbricó muchos rasgos del epicureísmo en el mundo cristiano, como por ejemplo, la búsqueda que ambos tenían de universalidad y el reconocimiento de la igualdad en todos los seres humanos.

El cristianismo, a partir de lo formulado en las palabras de Jesús, anuncia la llegada del reino de Dios, idea que desencaja por completo con la mentalidad griega y, por supuesto, a la filosofía, inscrita más bien al pensamiento judaico. Razón por la cual se pensó que el cristianismo no era un movimiento independiente al judaísmo del cual, efectivamente, surgió. Sin embargo, los cristianos matizados por el discurso helenista de San Pablo transformaron a esta comunidad en un cuerpo de extensión universal, a través de la llamada a la salvación. En la introducción del Evangelio de San Juan a Jesús se le presenta como al Logos e Hijo de Dios, lo cual abrió las puertas para comprender al cristianismo como filosofía. A partir del Siglo II d. C., la patrística se esforzó en mostrar al cristianismo como una nueva religión comprensible para la racionalidad grecorromana. Para algunos Padres de la Iglesia como Justino, por ejemplo, los filósofos y pensadores griegos no han podido acceder más que a ciertos fragmentos del Logos, pero los cristianos están en posesión del mismo Logos encarnado: Jesucristo. En tal sentido, si filosofar es vivir conforme a la razón, entonces, los cristianos son filósofos en cuanto a que viven conforme al Logos divino.

Epicúreos y cristianos comparten así, no sólo una posición filosófica, sino que hacen de ella un modo de vivir muy semejante que parte de una convicción superior de transformarse desde el interior que los obliga, a su vez, a transformar toda su vida y que, en cierto sentido, los aleja del mundo tal y como está concebido. Ambos se organizan en comunidades dirigidas por un maestro o guía espiritual a quien veneran. Maestro que examinará las conciencias de los miembros de la comunidad que lo sigue, llevando una vida ascética renunciando a toda comodidad y riqueza material. Hemos dicho que los primeros cristianos optaron por los estoicos y que esto podría suponer un profundo desencuentro con los epicúreos, pero, al principio fueron un movimiento minoritario que adoptaba, al igual que los discípulos de Epicuro, un alejamiento de la vida social y política. Si con los estoicos marcaron distancia de los epicúreos, pues, al abrirse el cristianismo al platonismo terminaron por materializarse las frágiles diferencias. En todo caso, ambas comunidades tenían intestinas diversidades que implicaban un esfuerzo supremo para alcanzar la unidad desnudando que lo que realmente las hace tan comunes es, justamente, un propósito similar: la posibilidad de educar y conducir las almas de forma participativa como práctica social, no solamente como mecanismo posibilitador de la solidaridad, sino como instrumento para definir una comunidad en torno a una idea de la amistad. Este rasgo parece ser afín a otras comunidades como la esenia o la pitagórica, pero lo que marcaba una profunda diferencia entre estas, los epicúreos y los cristianos es que estos últimos aceptaban nuevos miembros sin ningún tipo de examen previo, fueron comunidades abiertas y bastaba con afirmarse en Epicuro o en Jesucristo para ser aceptados de inmediato.

Indaguemos en qué consistió este ideal de amistad en torno al cual pudieron girar ambas comunidades. Tanto para Epicuro como para Jesucristo, la amistad supuso una entrega profunda hacia el otro. Ambas comunidades (los cristianos a partir de las enseñanzas de San Pablo) logran distinguir entre tres tipos de amor: pasional, afectivo y sexual. Partiendo de esta distinción, resaltan laudatoriamente al amor afectivo, es decir, amor fraterno (φιλíα). El concepto de la amistad era comprendido desde dos esferas discursivas: la utilitaria y la altruista. Epicúreos y cristianos parecen haber buscado un nuevo sentido que pudiera conciliar ambas concepciones que fortaleciera el vínculo amoroso entre los seres humanos. La amistad es el único elemento capaz de armonizar cualquier teoría social puesto que, por un lado, los actos realizados buscan una respuesta en el otro, y, por el otro lado, que esa respuesta sea una afirmación solidaria que podría traducirse en el beneficio hacia ambas partes de la relación amistosa. La mirada de ambas comunidades contemplaba un mundo distanciado del egoísmo a partir de la construcción de una alteridad sublimada surgida de un mundo interior sólido y fuerte, ya que, para unos y otros, sólo allí se vive de una libertad absoluta. Rompen el vínculo entre amistad y política (Aristóteles) para ampliarlo al orden de la naturaleza, de tal manera que, ahora el concepto se transformaba en universal en el tiempo y el espacio. Epicúreos y cristianos intentan instituir una amistad perfecta que consiste en querer y procurar el bien del amigo por el amigo mismo, ya que no hay mayor prueba de amor que quien ofrece su vida por la de un amigo y, nos queda claro, el amigo son todos los seres humanos sin distinción de ningún tipo. Esta concepción de la amistad rompe desde todo punto de vista con los límites establecidos por la polis.

El fin de la vida es la felicidad y entre los caminos a través de los cuales la sabiduría se vale para alcanzarla, el más expedito y puro de todos, el valor supremo es la amistad. El amor es el signo que habrá de distinguir a ambas comunidades. El amor que se entrega por el amigo que son todos. La amistad procura un bienestar espiritual que se teje en la intimidad y en la comunicación sincera entre los miembros de la comunidad, tanto epicúreos como cristianos valoran mucho más la intimidad que emana de la amistad que los propios favores que se pueden adquirir de ella. A través de la amistad es posible edificar un sistema de relaciones humanas que no gire en torno a la búsqueda del poder, sino, más bien, que posibilite y potencie la felicidad. Ahora bien, tanto para epicúreos como para cristianos parece quedar claro que la verdadera amistad sólo puede tejerse en libertad. Toda forma de amistad surgida de la obligación social para ellos, no sólo es deshonrosa, sino síntoma de debilidad y vacilación, puesto que no proviene de la íntima convicción de los amigos.

El pensamiento de Epicuro, al menos, lo que ha sobrevivido en el tiempo, es una puerta abierta a las concepciones más diversas que van desde la consideración de que su propuesta se centra en un ateísmo desenfrenado sostenido sobre el goce del cuerpo de los placeres más mundanos hasta una sostenida defensa de una concepción religiosa supremamente pura y elevada. No sería fácil probarlo, pero podría considerarse una hipótesis estimable aseverando que Epicuro fue una de las primeras víctimas de la censura ideológica. Las motivaciones de esta condena significan, también, una de los conflictos mayores para concebir, en todos los detalles, el sentido de su mensaje. Sin embargo, pese a ese mismo trance nos permite penetrar por senderos que han estado abriéndose siempre en los márgenes del amplio camino de la tradición, aunque no siempre hayan sido recorridos. Éste sería el motivo de la marcada «marginalidad» del epicureísmo. Una filosofía, pues, «incorrecta», no asumida plenamente por los «correctos» dominios de una buena parte de la Filosofía. Es verdad que esta simplificación puede resultar injusta para algunos de los grandes innovadores filosóficos que, dentro del camino «tradicional», han aportado territorios nuevos, visiones nuevas con que alimentar nuestra vida y, por supuesto, nuestros cerebros. Pero estos filósofos han sido, al menos, conocidos.

Laus Deo. Virginique Matri. Pax et Bonum

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