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Domingo, 20 de Agosto de 2017

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Arte y Cultura

"Con los santos no se juega" será inaugurada el próximo 22 de noviembre

Enay Ferrer: No nos queda otro camino que el de la resistencia

Enay Ferrer: No nos queda otro camino que el de la resistencia
En esta muestra se reúnen 26 obras, divididas en tres grandes grupos: "santos", "héroes" y "autorretratos" - Fotos: Rafael Briceño
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  • Diana Moncada
  • Sábado, 19 de Noviembre de 2016 a las 1:27 p.m.

El artista venezolano muestra su más reciente producción pictórica en la Galería Beatriz Gil, con la exposición "Con los santos no se juega", en la que confluye su trabajo crítico sobre la violencia, la política, y la "divinización del poder"

En la época decembrina del año 2011, Enay Ferrer caminaba por los pasillos del Complejo Parque Central y se cruzó con un pesebre cuyas figuras tradicionales estaban sustituidas por personajes del Gobierno nacional, incluyendo al fallecido presidente Hugo Rafael Chávez.

Muchos transeúntes pasaban delante del pesebre sin reparar en el poder de aquella imagen, que se convirtió para Ferrer en la punta del iceberg de sus procesos creativos imbuidos en la violencia que azota al país. Pero esta violencia que el artista entreveía era una violencia soterrada, una violencia simbólica, tan o más poderosa que las que evocaba con los puñales de su última muestra individual.

Este domingo 20 de noviembre, Ferrer inaugura en la Galería Beatriz Gil su más reciente producción pictórica en la que arte, política y vida operan de manera indisoluble para instrumentalizar una crítica a la violencia simbólica que ha tenido como punta de lanza la divinización de los personeros del gobierno.

En esta muestra se reúnen 26 obras, divididas en tres grandes grupos, que para nada funcionan como circuitos cerrados sino que al contrario sus fronteras están totalmente difundidas. Se trata de “Santos”, “Héroes” y “Autorretratos”, en los que lo religioso, lo político y la sátira se conjugan a través del autorretrato y la representación de la violencia.

Para Ferrer el origen de esta exposición es un profundo y honesto desahogo personal, aunado al deber moral que, para él, está inexorablemente vinculado al oficio del artista. “No podemos estar ajenos a la realidad que nos envuelve”, arguyó.

El pintor confiesa que el discurso y las motivaciones de su obra pictórica siempre han sido las mismos, solo que éstas han mutado a lo largo del tiempo en diversos formatos, técnicas y búsquedas plásticas generando múltiples lecturas sobre “el drama colectivo” del país.

Las obras de Ferrer funcionan como especie de palimpsestos que van aguardando entre capas y capas de pintura los registros de sus indagaciones y experimentaciones plásticas que van transformándose en la tela cada tanto.

“Ferrer trabaja indirectamente con la violencia no expresa sino soterrada, que el Gobierno ha hecho a través de la apropiación de los imaginarios religiosos y heroicos. Enay, de manera indirecta, produce alusiones, referencias, revelaciones de esa violencia en figuras que a primera vista no pareciesen que lo son”, explicó la investigadora María Elena Ramos, curadora de la muestra.

El autorretrato como elemento integrador

El autorretrato ha sido una constante en la obra de Ferrer. Ramos explica que éste género “es muy fuerte en su trabajo y no de una manera egocéntrica, sino con un seguimiento que por un lado genera identidad y por el otro lado expone vulnerabilidad”, explicó.


Para la curadora, el autorretrato en Ferrer es “sistemático” y “sintomático” y por lo tanto es imposible comprender su obra sin considerarlo. La muestra revela las dos formas en las que Ferrer se aproxima al género. Una, a través de la fotografía, que interviene con la pintura; y la otra, en la que Ferrer se mira al espejo, y luego se va a pintar en otra habitación “cargado de sí mismo”, con la imagen de su rostro en la mente.

“La pintura específicamente ha sido personal. Siempre he tenido la necesidad de decir los mismo, así como de entenderme y quizás soportarme. Intento conseguirle sentido a nosotros dentro de las cosas del mundo. Siempre es necesario. De alguna u otra forma cada pintura es un autorretrato, aunque no se tenga la referencia directa del rostro, tienen aspectos que tienen que ver con uno como individuo”, cuenta Ferrer.


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