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Lunes, 18 de Junio de 2018

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Opinión

El clima mental

El síndrome de Chacumbele

El síndrome de Chacumbele
- Foto: Rafael Briceño - Contrapunto/Archivo

Tirar la toalla con la opción electoral, lo que están haciendo algunos sectores de la oposición, en nuestra cultura se ve feo. A la gente le gusta competir, pelear, no rendirse de antemano

Cuenta la leyenda que Chacumbele, un tamborero cubano de principios del siglo pasado, por razones no precisadas que van desde presa de celos hasta no querer ir a la guerra, “él mismito se mató”.

El estribillo de esa canción ha servido en la política caribeña para significar un conjunto de acciones en las que uno se “echa tierra a sí mismo”, “escupe pa´rriba” , o se mete un autogol. Algo así como parece que le resultará a los radicales y al oficialismo de la oposición venezolana ante las próximas elecciones en Venezuela.

El oficialismo opositor quedó entrampado por el gobierno y por sí mismo. Le cuesta rectificar ante el peso de los acontecimientos e insiste en que su electorado no vote. Chacumbele.

Las encuestas dicen, además de lo que se ve, se siente en las calles, que con el pasar de los días aun con el poco entusiasmo, aumenta la tendencia entre los más necesitados a sí votar. Allí están quienes apoyan incondicionalmente al gobierno, los que temen perder sus beneficios y quienes votarán en contra de lo que está pasando.

El oficialismo opositor jugando a la oposición a sí mismo o al outsider. Chacumbele.

Uno de los líderes opositores trata de sacar la pata del lodazal, asoma la cabeza para hacer ver a su grupo que mientras más gente vote es posible ganar la Presidencia de la República. ¡’Na guará! En respuesta, recibe insultos y amenazas de otras partes de la oposición que tratan de destrozarlo haciéndole gran favor al gobierno. Chacumbele.

La posibilidad, cierta, si muchos votan, de ganarle al candidato del gobierno posiblemente se aborte porque otros sectores de la oposición impiden que eso suceda. Cosas veredes, Chacumbele dixit.

Para colmo, el domingo 20/5 también se elegirán los Consejos Legislativos municipales —las instancias gubernamentales más cercanas a la gente— y la oposición, como en 2005, decide dejarle todo ese espacio a los candidatos del gobierno. Chacumbele se retuerce en su tumba.

Tirar la toalla con la opción electoral, lo que están haciendo algunos sectores de la oposición, en nuestra cultura se ve feo. A la gente le gusta competir, pelear, no rendirse de antemano.

En el entretanto, el tour internacional de los líderes del oficialismo de la oposición pareciera infinito y los que están en el país se halan de los pelos entre sí o no abren la boca, que es peor. Mucha gente que le sigue, perdida, sin más norte que el individual.

El gobierno, complacido, mira desde las gradas el espectáculo de la oposición.

La esperanza del sector de la oposición que insiste en no votar está en que el gobierno se acobarde por la presión extranjera o lo venza una invasión militar. Ni lo uno, ni lo otro sería necesario con líderes locales más sabios. La situación nacional es tan calamitosa que si la mayoría vota las soluciones pudieran encontrarse entre nosotros.

El país no tiene porque debatirse entre gente que cree en pajaritos que hablan y quienes creen en pajaritos preñados.

El clima mental nacional lo recoge esta versión de Chacumbele que termina en un sonoro “¡aaaay!”. Se las dejo:

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